Colombia, 23 de Mayo de 2013
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Guerra en Corea

 Armada República de Colombia

Armada República de Colombia

ARC Almirante PadillaEl Ministro de Guerra del saliente Presidente Mariano Ospina Pérez, Roberto Urdaneta, el 28 de julio de 1950 ofreció formalmente el aporte de una fragata de la Armada de Colombia, la "Almirante Padilla", para unirse a las fuerzas de las Naciones Unidas combatiendo en la península coreana.

Ese año fueron voluntarios, el Capitán Julio César Reyes Canal y los tenientes de la Armada Jaime Parra Ramírez, Oscar Herrera Rebolledo, José Alfonso Díaz Osorio, Néstor Ospina Melo y otros 180 hombres para tripular la ARC Almirante Padilla, en la guerra coreana.

Debido al estado de la fragata fue necesario llevarla hasta los astilleros en San Diego para someterla a una intensa reparación de modo que cumpliera cabalmente sus propósitos durante la guerra, zarpando el 1 de noviembre de 1950. 

ARC Almirante Padilla ceremonia de despedidaCuando la fragata Almirante Padilla hizo presencia en aguas japonesas, comandaba la VII Flota el vicealmirante H. M. Martin a bordo del Mar de Filipinas, y la Fuerza de Tarea 95 el contralmirante estadounidense Allan E. Smith. Aparece el nombre del buque colombiano en la Organización de la Fuerza de Tarea 95, el 1 de mayo de 1951, cuando la Almirante Padilla se encontraba navegando rumbo a Yokosuka, antigua base naval japonesa en poder de los Estados Unidos, para trasladarse a Sasebo, a donde llegó el día 7 e hizo su entrada formal en el grupo de tarea. Ya en la base naval de Sasebo, fue asignado al Grupo de Tarea 95.1 bajo el mando del contralmirante inglés Moncrieff, quien se hallaba en su buque insignia Kenya.

Julio César Reyes Canal: Cuando se terminaba de consolidar el Grupo con sus cinco Elementos. Comando, Portaviones, Bloqueo-Apoyo, Escolta y Barreminas, en sus estaciones de partida, recibió la fragata colombiana la siguiente señal del comandante del Elemento de Tarea 95.13, a las 20:30 horas del martes 15 de mayo:

"Zarpe en compañía de USS Grendale a las 160215 K para escoltar a los barreminas. Mantenga posición 30º a 3.000 yardas en la amura de babor de la formación hacia el punto Lucky".

En cumplimiento de esta señal la fragata zarpó a las 02:15 del miércoles 16 de mayo en completo oscurecimiento, ejerciendo permanente vigilancia de superficie y antisubmarina hasta las 09:00 horas, cuando se recibió orden de proceder independientemente hasta el punto Lucky, donde se hizo contacto visual con las fragatas Glendale y Everett con las cuales se estableció una patrulla protectora de la gran formación del Grupo en sectores diferentes, hasta llegar a 5.000 yardas de lo costa.

Temprano el viernes 26 se navegó en contacto visual con la Glendale hasta las inmediaciones del punto B-2 de la ruta Cigarrette y se fondeó a las 09:28 horas en latitud 38º 76.7' N y longitud 124º 47.5' Este. Habíamos, pues, rebasado ligeramente el famoso Paralelo que dividió la península y la nación coreana al término de la II Guerra Mundial. Hacia las 09:48 horas el crucero Ceylon y el destroyer HMS Sinoux que se encontraban 2.000 yardas adelante, abrieron fuego sobre la costa.

Ansiosos en la Padilla por entrar en acción, el segundó comandante, teniente Jaime Parra, sugirió que pidiéramos permiso para probar la batería, el que nos fue concedido al igual que al Glendale, sobre blancos asignados para nosotros por coordenadas a 7.200 y 12.000 yardas costa adentro. Así, a las 12:20 horas del viernes 18 de mayo de 1951, la pieza No. 2 de la ARC Almirante Padilla hizo los primeros l6 disparos de armas colombianas sobre el continente asiático. Fue emocionante para nosotros y memorable para la historia naval de nuestra patria.

En el extremo Sur de nuestro sector asignado, divisé dos buquecitos de madera en construcción. Observándolas por los binóculos, advertí su indefensión e incapacidad de añadir poder alguno a la abatida armada de Norcorea, en tanto asegurarían la subsistencia de algunos empobrecidos pescadores y sus familias, por lo cual ordené al oficial artillero que no disparara sobre ellos. Son instantes de la guerra en los que el subfondo humano bajo la recia coraza del combatiente, aflora en compasión y ternura. Mientras tanto las lanchas de desembarco rebasaron en su veloz aproximación a tierra la línea de los barreminas, momento señalada en la orden de operaciones para suspender el fuego. Fue como si la flota enmudeciera para contemplar el asalto y ulterior avance de los infantes de marina de su majestad por entre las llamas y escombros de Yon chondo-Sokia-ni.

De pronto, el amplificador de sonido en el puente quebró el silencio con una orden clara y fuerte: "Hartford, Hartford este es Small boy. Destruya mina en playa, marcación ciento sesenta grados. Over"

Hartford nuestro indicativo de combate. La orden provenía de la Amethist, buque controlador del tiro y nuestro vecino a la izquierda. A través de los binóculos divisé una pequeña esfera que sobreaguaba de la marea en retirada. Misión casi imposible para cañones de 3" de esa época, contra aquella bola de 50 centímetros de diámetro situada a kilómetro y medio. Lo mismo debió de pensar el jefe de artillería, Teniente Alfonso Díaz Osorio, según se advertía en su expresión de escepticismo. Por ello procedió con calma a obtener del telémetro y el radar los datos para abrir el fuego. Mucha calma, pensé. Seguro el comandante de la Amethist pensó lo mismo, porque sin aviso previo abrió el fuego con una salva de sus dos torres dobles de proa de calibre 4.7" que cayó en el agua, 100 metros corta.

En la Padilla se escuchó por fin la orden: ¡Dos, disparar! Impacto perfecto en distancia pero dos metros a la izquierda. La demora en abrir el fuego comenzaba a pagar dividendos. El Marinero Primero Pedro Tenjo, comandante de la pieza No. 1, desesperado al ver el éxito de otro cañón, salió de la casamata y a gritos, después de sonora interjección exclamó:

iRepita que estoy sobre el blanco! A lo mejor había leído a César Contó:

No hay trance alguno de la amarga vida en que no siente con primor un ajo, Por eso el que hable castellano, siempre dice ¡carajo!

Tenjo acababa de cometer un error que resultaría providencial: cargar su pieza con un proyectil trazador para combate nocturno. El comandante del buque, que escuchó su ajo y su reclamo, ignorando la doctrina que impedía interrumpir el horquillaje iniciado con éxito por la pieza No. 2, ordenó al Teniente Díaz que permitiera disparar a Tenjo, en su angustia por quedar fuera de la fiesta.

Diez segundos después se escuchó la orden; "Uno, disparar" Lo granada mágica partió seguida de una vaporosa serpentina de plata, uniendo la boca de fuego con el objetivo y permitiendo que toda la flota siguiera la trayectoria del proyectil equivocado. La esfera se partió en dos. Una mitad saltó hacía delante, levantando una columna de agua, la otra se elevó hacia atrás, cayendo sobre la playa.

La tripulación, sobre cubierta, había seguido la arremolinada trayectoria con expectación y ansiedad. Al producirse el impacto estalló en algarabía y el ingeniero jefe, Capitán Rodríguez, quien con salvavidas y casco formaba parte del clamor en medio de saltos y agitar de brazos, subió al puente para decirme con voz jadeante:

- ¡Esto es increíble, mi capitán!

- Si, chief, le respondí, aquí han sucedido ahora varias cosas increíbles.

Luego tomando el radioteléfono, con voz pausada, cumplí el ritual innecesario ante la evidencia de lo acaecido:

- Small Boy, Small Boy. Este es Hartford. Misión cumplida. Fuera.

-Hartford, este es Small Boy. Recibido. Fuera. Nada más...

Al abandonar la ensenada hacia los nueve y medía de la noche, recibimos a bordo tres mensajes por destellos. El primero de la Amethist decía:

- Le informo que he pasado la siguiente señal al comandante de a operación:

"Una mina varada en la playa fue destruido por el Almirante Padilla con tres disparos de tres pulgadas."

El segundo, del comandante del Elemento de Tarea, Capitán Williamson:

- Muy bien.

El tercero, del comandante del Grupo de Tarea, contralmirante Scott Moncrieft:

- Buen tiro.

En mi fuero interno bendije al Capitán Dahlke, comandante del astillero de Long Beach donde se adelantaron las reparaciones y modernización de la Almirante Padilla antes de partir para el Teatro de Guerra. Fue el abanderado del cambio total de la artillería del buque, sin el cual la misión descrita no habría sido posible. Un apunte suyo de fino humor, describe lo que era el deplorable estado del armamento del navío: "Con estos cañones, usted hasta podría pegarle a un buque amigo".

Me abstuve de informar a la prensa y al mando superior en Colombia sobre lo actuado, que en ese momento se reducía para mí en un acto normal del servicio, exitoso sin duda, pero nada más. Sin embargo, por otros canales, la noticia dio lo vuelta al mundo. Al atracar el 23 de mayo en Sasebo al costado de la USS Everett, hallé recortes de un diario de Los Ángeles describiendo el hecho y poco después se recibió una nota del Capitán de navío Rubén Piedrahita Arango, Director de la Armada.

"Por distintos caminos han llegado magníficas informaciones sobre la fragata en el desempeño de su actual misión. Por un periódico de San Francisco y por una información del Teniente Shirmer de la Misión Naval (...) supe del buen desempeño del buque en artillería lo cual me llenó de mucha complacencia pues siempre he creído que la artillería naval es la sal del servicio".

Dentro de la dimensión gigantesca de una guerra, un episodio como el de la Operación Ashcan puede parecer diminuto. Sin embargo para la fragata Almirante Padilla significó el comienzo de su trayectoria marcial. De allí emergió con una especie de aura de vudú antillano que nunca la abandonó en el cumplimiento de sus misiones en el Lejano Oriente. Fue como si el espectáculo de soberbia artillera que ofreció la fragata a los 2000 marinos y once buques de cuatro nacionalidades, trascendiera mucho más allá del Grupo de Tarea 95.1 con fama y prestigio perdurables. Para lo tripulación de la Almirante Padilla significó una enorme toma de confianza y fe en sí misma. Quizá para el comando del Escuadrón de Fragatas significó la idea de que nosotros podíamos cumplir cualquier tipo de tareas que se nos asignaran, a juzgar por la actividad incesante y variada a que estuvimos sometidos en los meses siguientes.

Luego de cumplir una misión que podría denominarse "diplomática", pues consistió en escoltar junto con una fragata neozelandesa al portaviones inglés HMS Unicorn para asistir a una ceremonia en el cementerio de las Naciones Unidas en Pusan, la fragata quedó bajo mando norteamericano y recibió una misión de envergadura:

"que la mantuvo en el mar 27 días consecutivos, navegó 5.182 millas, disparó 686 salvas de 3 pulgadas, efectuó un atraque por radar dentro de una densa neblina con visibilidad cero al petrolero USN Caliente gracias al radarista marinero primero Humberto Jiménez, se efectuaron maniobras de toma de combustible, munición, vituallas, traspaso de personal y de correo, cumpliendo todas las órdenes y encargos recibidos, sin novedad alguna."

 En vista del temprano relevo y subsecuente partida para su patria, el Comando de la VII Flota extendió sus sinceros agradecimientos por una tarea bien cumplida, al ARC Almirante Padilla, sus oficiales y tripulación. Con elevado espíritu e iniciativa han navegado su buque con pericia y coraje ejemplares: La fragata de la Armada colombiana ha cumplido una labor en la Fuerza de Tarea 95 muy superior a la de la mayoría de las fragatas de los Estados Unidos y en mayor medida que las de Corea del Sur y Tailandia hasta la fecha. Gran parte del crédito lo merece su comandante".

El relevo de la fragata colombiana se efectuo en febrero de 1952. Fue reemplazada por el USS Bisbee adquirido en Corea al gobierno estadounidense por Colombia. Convertido en el ARC Capitán Tono al mando del Capitán Hernando Berón Victoria continuó las labores del "Almirante Padilla". 

En 1953 la ARC Capitán Tono fue reemplazada por la ARC Almirante Brión al mando del Capitán de Corbeta Carlos Prieto Silva. En abril de 1954 nuevamente regresa el ARC Capitán Tono al mando del Capitán Jorge Toro Suárez. En Marzo de 1955 fue reemplazada por el ARC Almirante Padilla que nuevamente surcaba los mares coreanos al mando del Capitán Darío Ferrero González hasta octubre de ese año.

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