Saliendo al amanecer se debía lograr la cima para efectuar el ataque. Se estimaba que el cerro 180 permanecía ocupado de día por un pelotón de fusileros reforzado con dos ametralladoras punto 50 y dos morteros de 60 mm.
A las 6:25 el primero pelotón informa haber alcanzado la distancia de asalto y el Comando ordena a los dos pelotones continuar. Dos minutos más tarde el primer pelotón hace contacto con el enemigo, y el Comando ordena iniciar los fuegos de apoyo. Tres minutos después, el segundo pelotón informa que está recibiendo fuego. La posibilidad de sorprender al enemigo se había perdido.
El comandante del batallón manejó oportuna y adecuadamente la acción. Se respondió con celeridad los pedidos de fuego y el tercer pelotón se desplazó con rapidez en apoyo del escuadrón de asalto, pero la resistencia china en el cerro 180 superó los estimativos optimistas que hicieron al respecto. Las casamatas, que se suponían destruidas o al menos debilitadas por los fuegos de ablandamiento efectuados tres días atrás, estaban sólidas y había una excelente defensa. El apoyo de artillería enemigos en los cerros vecinos indicaron un plan efectivo de defensas, de manera que la capacidad de combate colombiano se vio menguado por las cuantiosas bajas.
Con todo se combatió ardorosamente. Se estima que las bajas enemigas debido al combate cuerpo a cuerpo y al intenso apoyo que recibieron del batallón y de las puestas por el regimiento y división, superaron con mucho a las sufridas por la unidad colombiana.
Hacia las 7:00 horas se vio el movimiento de refuerzos chinos desde los cerros vecinos y de inmediato Ruiz Novoa ordenó se abriera fuego de apoyo pedido por el primer escalón. La artillería china unió sus fuegos a los morteros, tornando la situación dificilísima, por lo cual el comando del batallón ordenó el repliegue mediante las previamente acordadas bengalas luminosas, insistiendo en la evacuación de heridos y muertos, una verdadera proeza bajo el fuego enemigo. El tercer pelotón, con sus efectivos todavía completos, se dedicó a esa labor y bien pronto comenzó a sentir bajas pese a lo cual prosiguió su tarea con sentido heroico.
Al atardecer en un silencio enigmático pasada la tensión angustiosa las agrupaciones regresan a sus posiciones traspasando la línea ocupada por las tropas americanas quienes miran con admiración a cada uno de los soldados colombianos a los que aplauden a pesar de trasportar los heridos en camillas.
Contabilizadas las bajas, una vez llegados varios rezagados al puesto de reunión de heridos de antemano, fue de 11 muertos, 43 heridos y 10 desaparecidos que se supuso habrían caído prisioneros. Aunque la misión de capturar prisioneros y documentos no pudo cumplirse y el porcentaje de hombres y armamento perdido en la acción fue muy alto, el batallón cumplió la tarea impuesta. Comunicaciones interceptadas al mando enemigo confirmaron la realización del asalto y el combate cuerpo a cuerpo, pero la cantidad de bajas sufridas por los pelotones de asalto no permitió la toma y el conservar el objetivo. Una nueva incursión no podría hacerse con menos de un batallón atacando varios frentes simultáneamente. Había fallado la inteligencia del Regimiento. Grave error cometió el Mando del 31.º, que pagó su precio con la sangre de las tropas colombianas.
El Colombia, a pesar de las pérdidas sufridas en el sangriento ataque al cerro 180, fue comprometido dos días después en el frente de batalla, relevando al 1.º Batallón del Regimiento. No se le permitió al Batallón Colombia asimilar el golpe sufrido en Bárbula.
El sector que le correspondió defender a la unidad colombiana era uno de los más difíciles del frente. En un peligroso sector de tres kilómetros que incluía el cerro Old Baldy o Viejo Calvo, llamado así pues en un principio había tenido un zona boscosa en su cima, pero la aviación, artillería y morteros estadounidenses la había bombardeado hasta aplanarla totalmente. Desde 1951 había sido el escenario de varias batallas anteriores. Había sido ocupada por los estadounidenses y luego recuperada por los chinos en muchas oportunidades. Por un costado de Baldy venía una carretera que comunicaba directamente con Seúl. De allí la importancia estratégica del cerro. Había que cuidarlo para evitar que la carretera quedara en manos del enemigo.
En esta nueva posición, dos compañías, la A en la posición Dale y la B en el cerro Old Baldy, ocuparon el frente en ese orden de oeste a este, y la C un poco más atrás en medio de las dos. La ya menguada Compañía de Reemplazos cubrió las bajas de los días anteriores, con lo cual quedó liquidada. Así la totalidad del batallón se encontraba en el frente sin retaguardia.
Alfredo Forero Parra: Terminada la entrega y firmada el acta final en la cual asumía la responsabilidad, pregunté al Sargento puertorriqueño quien me entrega la posición, por el tiempo de permanencia de las tropas que salían y la situación reinante, a lo cual me contestó: "Teniente, nosotros llevamos cinco días de estar en esta posición, otro tanto permanecieron las tropas a las cuales relevamos". Y agregó: Esta posición es un verdadero cementerio puesto que un centenar de veces ha sido tomada y combatida por el enemigo, así como recuperada otro tanto por los nuestros. No más de ocho días dura una tropa en este frente ya que es continuamente castigado por el intenso fuego enemigo que causa innumerables bajas en personal y material, sembrando desconcierto, desmoralización y agotamiento".
La frágil defensa de este sobre extendido frente y las debilitadas casamatas y trincheras debido al largo invierno y constante fuego enemigo, llevó al coronel Ruiz a requerir del regimiento una reserva que diera capacidad defensiva a las compañías colombianas, todos desplegadas sin capacidad de contraatacar, obteniendo le fuera asignada una compañía de fusileros del Batallón de Reserva estadounidense.
Desde su llegada, El Colombia recibió sin tregua fuego de cañón, mortero y ametralladora. A partir del día 20 comenzó un martilleo incesante de artillería sobre las posiciones del Regimiento 31.º. El Colombia en Old Baldy, el Segundo Batallón se encuentra a su izquierda y, el Tercer Batallón está en el cerro Pork Chop, lo que coloca a los colombianos en medio de los dos batallones estadounidenses. Un ataque de artillería de esta naturaleza solo denota que se está ablandando el terreno para facilitar un ataque. Comunicaciones interceptadas y la llegada de desertores chinos confirman el ataque. La noticia es inmediatamente transmitida al escéptico coronel Kern.
El día 21, cinco cadáveres fueron descubiertos en el cerro 180. 4 colombianos y un estadounidense. Estos fueron expuestos en forma desafiante por los chinos buscando que El Colombia cayera en la trampa de recuperarlos. El comando del Batallón temerariamente decidió hacerlo, lo que causó el asombro en las autoridades superiores, hasta el punto en que el coronel Kern, comandante del Regimiento, acudió a presenciar el rescate, que culminó con el paso de las líneas por un equipo de voluntarios de la Compañía C, integrado por los más aptos, entre quienes figuraban zapadores expertos en remoción de minas y trampas explosivas en consideración a que los cuerpos podrían estar minados. Las proezas de la patrulla de rescate son inigualables. El soldado Alejandro Martínez Roa, ascendió hasta la cumbre del cerro 180, desactivó una mina china bajo el cadáver de su compañero, descendió con su lamentable carga, escapó bajo el fuego enemigo cuando fue divisado, y regresó al aciago cerro con el cabo Limas para sacar otros cuerpos unido a una patrulla colombiana que había logrado infiltrarse.
Antes de las tres de la tarde se había cumplido la misión bajo el intenso fuego enemigo y condiciones peligrosísimas. Esta hazaña mereció la Estrella de Plata, concedida en el lugar del combate, al cabo 1o. Pedro Limas Medina, comandante de la patrulla, y a los soldados Gerardo Quilindo, César Quiñones, Alejandro Fialla Cubillos y Alejandro Martínez Roa. El coronel Ruiz Novoa le dijo al soldado Martínez Roa: "Que hazaña han hecho ustedes. Que demostración de valor, de precisión y coraje. La patria sabe que en ustedes está muy alto el pendón nacional."
El día 22, el ablandamiento de la posición en Old Baldy fue intenso. Más de 2000 granadas y morteros cayeron sobre las posiciones colombianas.
El día 23 de marzo en vista que la Compañía B llevaba 11 días en la posición más difícil y de mayor castigo sin haber sido relevada, decidió el coronel Kern ordenar la rotación de la Compañía C por la B. La Compañía C había conducido el reciente ataque al cerro 180 y apenas había logrado reorganizarse. De inmediato objetó la orden el coronel Ruiz Novoa quien esperaba un ataque y no consideraba prudente ese tipo de maniobra, además de no contar con una unidad de reemplazos, queriendo a todas luces evitar enviar la "C" a otro infierno tan poco tiempo después de Bárbula. Kern se sostuvo en la orden emitida y el coronel Ruiz no tuvo más remedio que obedecer. Se ordenó el relevo de la Compañía B por la C. Este comenzó hacía las tres de la tarde, pero el fuego enemigo impedía su avance y nuevamente la Compañía C empieza a sufrir bajas dificultando llegar al destino. La Compañía B que llevaba tantos días bajo fuego estaba lógicamente desmoralizada y desmotivada. No es fácil vivir la experiencia de tantos días bajo fuego de artillería, sufriendo bajas sin que se repongan los hombres perdidos y sin saber hasta cuando se darán las ordenes de relevo. Para ellos, la orden llegó como una bendición de Dios.
Alfredo Forero: Ese día nuestras posiciones se encontraban seriamente ablandadas por el fuego enemigo de artillería y morteros. En nuestra posición del segundo pelotón de fusileros de la Compañía B nos encontrábamos defendiendo el cerro de Old Baldy. Pasado el medio día, se me ordenó alistar el pelotón porque al caer la noche seríamos relevados por la Compañía C que se encontraba a nuestro lado.
Todos, desde nuestros puestos de combate, esperábamos ansiosos el relevo pero nada que llegaban para reemplazarnos. Hacia la cinco de la tarde decidí hablar con el comandante estadounidense de los tanques quienes nos apoyaban con su poder de fuego. Convencido de que se nos avecinaba un ataque logré que nos facilitara una ametralladora .30 para emplazarla en mi posición y así mejorar su defensa. Todo se alistó, incluso el lanzallamas que teníamos asignado.
A las 8:30 PM el puesto avanzado de la Compañía A al mando del subteniente Álvaro Perdomo, que se encontraba en el puesto Dale, en medio de un batallón estadounidense en el cerro Pork Chop y la Compañía B de El Colombia, que estaba a nuestro lado, sufrió un violento ataque. A pesar de su tenaz resistencia no pudo mantener la posición. Desde Old Baldy, tanto la Compañía B y C apoyamos con fuego de ametralladoras y de tanques que estaban en nuestras posiciones. Batimos las armas automáticas y fusiles sin retroceso con que se apoyaban las tropas chinas.
Cuarenta minutos después del ataque a Dale, se desencadenó intenso fuego de artillería y morteros pesados sobre Old Baldy. La tierra se estremecía como en un terremoto y un continuo relampaguear seguido de ensordecedoras explosiones cubría toda la posición de nuestra Compañía, la B. Las fugaces siluetas de los hombres, las armas y las debilitadas fortificaciones, parecían espectros entre los estallidos del enemigo. Gritos de angustia y quejas de agonía se mezclaban al tableteo del fuego propio y enemigo. El combate arreciaba a cada instante. A corta distancia se oía disparar los morteros de 60 y 82 mm. del enemigo. Las comunicaciones se fueron perdiendo. No respondían los apuntadores de las piezas ni los comandantes de escuadra. De repente me comunicaron la muerte de mi reemplazante de pelotón el Sargento Azael Osorio Salazar; luego la del comandante de la tercera escuadra, cabo primero José Narváez Moncayo, que próximo a morir gritaba que lo levantaran de los pies para aliviar su padecimiento pues había sido seccionado por la cintura y nada podía hacerse por él. La muerte del cabo primero Ernesto González Varela, comandante de la segunda escuadra, donde había instalado mi puesto de combate fue atroz. Estábamos casi en contacto de codos. Disparaba él su ametralladora sobre una avalancha de chinos que se nos vino encima cuando un proyectil de bazuca lo impactó decapitándolo, quedando la cabeza colgada de la espalda. Creía vivir una pesadilla o película de horror hasta que nuevas explosiones sobre mi casamata me hizo regresar a la realidad. Di aliento a mis hombres y continué en comunicación con las ametralladoras y di instrucciones para que un cabo tomara el lanzallamas, para dispararlo cuando apareciera el enemigo.
A los pocos minutos llegaron al casamata dos soldados gritando, "¡Los chinos, los chinos!". Efectivamente, los chinos se abalanzaron sobre nuestra posición dando aullidos estridentes, disparando ráfagas de subametralladora y lanzando granadas.
El ataque no prosperó. Fueron detenidos en las alambradas quedando estas llenas de cadáveres enemigos.
Una nueva oleada de chinos atacó de nuevo, rompiendo la defensa y llegando a nuestras trincheras. Ahí comenzó a llegar el relevo. Desconocían los puestos de amunicionamiento, la distribución de los casamatas y sus sectores de defensa.
El Coronel Ruiz tenía razón, el ataque era inminente. El relevo en que insistió el Coronel Kern, comandante del Regimiento había dejado en muy malas condiciones las dos compañías involucradas. Ahora los colombianos estaban pagando en precio. La Compañía C había sido duramente golpeada en Bárbula y sus hombres aún estaban bajo sus efectos y sin poder llegar totalmente a ocupar sus puestos en Baldy.
Un regimiento chino perfectamente sincronizado había lanzado el ataque sobre Dale. Mientras se distraía el mando del Regimiento con el ataque anterior que tocaba el batallón estadounidense contiguo a la compañía colombiana, otro regimiento chino avanzó en medio de la oscuridad hacia Old Baldy y se situó en posiciones de asalto mientras caía una lluvia espantosa de artillería enemiga. El incesante bombardeo de ese y días anteriores habían logrado con creces sus objetivos de ablandamiento, destruyendo buena parte de las alambradas y minas, dejando sin defensas las trincheras al ataque directo. Toda la noche se combatió fieramente en medio de la confusión causada por la oscuridad y por la presencia de elementos de dos compañías colombianas en Old Baldy pues el relevo al no concluir mitad de la C continuaba en el frente con mitad de la B. La situación de la defensa no podía ser más débil. Un batallón completo atacando y dos compañías adicionales reforzándolo era una fuerza demasiado grande contra las tres compañías de El Colombia.

El coronel Ruiz avisó su intención de utilizar la compañía de reserva estadounidense que le había sido asignada para contraatacar y proteger a las tropas comprometidas en el combate. El oficial de enlace norteamericano palideció ante la solicitud. Con voz trémula declaró que ya la reserva se había empleado para contener la penetración china en el cerro Pork Chop en defensa del tercer batallón estadounidense. Con el se había recuperado el cerro y ayudado a los estadounidenses. No había mediado aviso ni advertencia previa al coronel Ruiz.
El Colombia, pues quedaba reducido a sus propios medios, nuestra unidad carecía de reserva para contraatacar. La Compañía A, que hubo de replegarse ante la ferocidad del ataque que precedió al de Old Baldy, se hallaba empeñada en recuperar la parte penetrada por los chinos con sus propias fuerzas. La B y la C, a mitad del relevo, en tal confusión que nada podían hacer.
A pesar de la adversidad se estuvo a punto de quebrar la fuerza del asalto, como se comprobó por una angustiada comunicación interceptada por inteligencia de la División, en la que el comandante del batallón de asalto chino afirmaba imposible tomar la altura 266 (Old Baldy). La respuesta del mando chino fue implacable: tomar la altura o sufrir las consecuencias. Momentos después se anunció el envió de refuerzos.
Los esfuerzos en la defensa de la posición se agotaban al aumentar drásticamente el numero de asaltantes y disminuir por las bajas el de los defensores. El olor a pólvora y sangre impregnó el aire. Aquello se convirtió en un infierno. Sin embargo, los colombianos combatieron con su reconocida intrepidez. Los asaltantes, prevalidos de su enorme superioridad numérica, tuvieron que conquistar la posición trinchera por trinchera, reducto por reducto, en feroz combate cuerpo a cuerpo.
Sobre la medianoche, convencidos los dos bandos que el contrario se había quedado con el cerro empezaron a golpear con la dureza de sus artillerías. Ambos ejércitos a pesar de tener sus tropas en medio, descargaron lluvias de proyectiles sobre los hombres que trenzados en lucha cuerpo a cuerpo trataban de mantener sus posiciones. Las bajas de fuego amigo y enemigo se dieron por igual.
Desde la medianoche solo un pelotón había logrado llegar a West View y ayudó a contener parte del ataque. Allí los colombianos esperaron los refuerzos para retomar la posición perdida. Estos lógicamente nunca llegaron.
Alfredo Forero: Hacía las 4:30 AM solo quedaban seis hombres, con la munición agotada y acosados por el enemigo del segundo pelotón de fusileros de la Compañía B. Mediante fuego y movimiento nos abrimos paso hacia el camino de los tanques, perdiendo tres hombres más por la artillería que no descansaba.
Desde antes de la media noche, los tanques que estaban en el valle se retiraron, dejando libre esta entrada al enemigo. Un camión con nuestras municiones se detuvo a la entrada de la posición en la carretera del valle. En el venían el oficial de zapadores Teniente Leonidas Parra y el de transmisiones Teniente Miguel Ospina, una bruma intensa cubría el amanecer y esporádicamente se escuchaban disparos y gritos.
Ospina llegaba con ordenes de tratar de restablecer las comunicaciones con el Comando del Batallón, pero ante la cruda realidad de Old Baldy ya no había nada que hacer.
Hacia las 8:00 AM llegó un pelotón estadounidense al que los colombianos pidieron apoyo de fuego para retomar el cerro perdido, pero sin atender la solicitud se retiró después de hacer un reconocimiento de la situación. De no haber mediado la resistencia heroica de nuestras tropas en Old Baldy, la fuerza china habría podido romper la Línea Principal de Resistencia de la 7.º División y entrar hacía lo profundo del territorio aliado con gravísimas consecuencias, ya que por la carretera podría llevar tropas y blindados enemigos directamente a Seúl.
En este momento el comando de la División ordena convertir en tierra de nadie el cerro. Y comienza el más temible bombardeo sobre Old Baldy. El Batallón Colombia no había podido recuperar sus hombres rezagados, heridos o muertos. Todos quedaron a merced de la aviación norteamericana, inclemente en su accionar.
Lamentablemente en esta oportunidad todo estaba en contra de El Colombia. No fueron sus hombres. Fueron los errores y la apabullante superioridad numérica de la fuerzas chinas asaltantes quienes causaron la perdida definitiva del cerro. De nuestros hombres habían quedado 95 muertos, 97 heridos y 30 desaparecidos. Más del 20% del batallón había caído.
El 24 de marzo, al día siguiente del trágico combate, el Batallón Colombia fue relevado para su reorganización. Las bajas acumuladas de Bárbula y Old Baldy, más las sufridas durante la permanencia del batallón en la línea de fuego, obligaron a concentrar los restos de las tres compañías en dos, incluido el nuevo grupo de relevos recién llegado de Colombia y que se encontraba en periodo de entrenamiento intensivo.
El 26, el temple de la unidad colombiana fue puesta a prueba una vez más, al ordenar el coronel Kern su reingreso a la línea de fuego. Medida incomprensible para el batallón que dos días antes había pasado por semejante prueba. No hubo queja ni protesta. Se ejecutó la mal meditada orden con estoico sentimiento del deber que a buen seguro el comandante del regimiento no acertó en valorar.
Las elevadas bajas de Old Baldy y la actitud del comandante del regimie nto deterioraron las relaciones con el comando del batallón. Kern sostenía que el podía disponer y mover la compañía de reserva estadounidense asignada al El Colombia cuando lo necesitase. Ruiz Novoa le señaló que el mandó estadounidense había aceptaba que el ataque principal había sido contra el cerro 266 u Old Baldy y no contra el Pork Chop, que Kern se había equivocado al hacer rotar las compañías durante el inicio del ataque y luego al haber dejado solo el batallón a su suerte sin la compañía de reserva y no haberle consultado, ni coordinado, ni siquiera avisado al comandante colombiano.
El siguiente es el articulo escrito en la revista Time el 6 de abril de 1953 en referencia a Old Baldy. Practicamente acreditan toda la acción a las tropas estadounidenses ya que el Batallón Colombia se encuentra adscrito a uno de sus Regimientos en una de sus Divisiones.
Baldy & Bunker
Monday, Apr. 06, 1953
An ugly, bare-hill mass with a flattened top, Old
Baldy juts out awkwardly in front of the Eighth Army's stabilized, heavily
fortified MLR (main line of resistance), a few miles west of Chorwon on the
western front. U.S. troops captured Old Baldy last May. Since then it has
changed hands more than once, but—up to last week—it was held by units of the
U.S. 7th Division, with South Americans of the Colombia battalion attached.
Baldy had some value as an observation point, but it was vulnerable to
Communist attack on three sides. Mostly it had prestige value: it was what some
officers cynically call a "political hill."
Early last week, just after dark, the Chinese Reds
laid a painful artillery-and-mortar barrage on Baldy, whose bunkers and
trenches had been softened by insistent spring rains. Under enemy fire, most of
the weakened shelters collapsed. One outpost was overrun, then recaptured by
U.S. reinforcements in the middle of the night. The main Red attack, however,
was aimed at Baldy's summit by a reinforced Chinese regiment of 3,000 to 3,500
men, advancing in waves through a curtain of their own fire. The 7th Division
units on the crest could not stand.
Wounded to the Rear. Next day, with socked-in weather
preventing air support, the Americans pulled back from most of the hill and
were launching futile counter attacks from exposed positions, while U.S. tanks
worked around the ridges trying to cut off enemy reinforcements. And on the
following day, the U.S. forces abandoned the hill entirely to give the air and
artillery a chance. Air Force jets and Marine Corsairs swarmed over Baldy by
day, B-26s at night. Still the Chinese held on. Some of the green U.S.
replacements going up to the front vomited when they passed the first loads of
dead and wounded coming back.
The assault on Old Baldy, the heaviest and bloodiest
of 1953, came just a few days before the Chinese made a surprise offer to
settle the "one question alone" which prevents a Korean truce (see
NATIONAL AFFAIRS). Thus, the Red right hand had struck while the left hand held
out an olive branch. This familiar pattern of pugnacity mixed with conciliation
undoubtedly had its place in the world strategy of the Kremlin's new
management; within the Korean frame of reference, its meaning seemed fairly clear.
The military attacks said, in effect: "Don't think, just because we are
offering peace, that we are weak or frightened—you see, we are still able and
willing to fight."
Three days after the fight for Baldy started, the
Chinese attacked Bunker Hill, some five miles east of Panmunjom. again with a
reinforced regiment. Bunker was held by units of the glory-laden U.S. 1st
Marine Division. The leathernecks had small forces on two knobs called Vegas
and Reno—perhaps a platoon on each-and these units were simply overrun and
wiped out. One radio message came through from a caved-in and sealed bunker:
"Only seven of us are left alive—the rest have suffocated."
The Marines recaptured Vegas, lost it again; then,
after five grueling counterattacks against "bucketfuls" of enemy
grenades and heavy fire from the Red mortars and artillery, got back on top.
But at week's end Reno was still in Communist hands.
Sluggish Movements. Aside from their losses, no one
was concerned about the Marines; they could take care of themselves. No one
feared a Communist breakthrough anywhere. In Tokyo, Mark Clark said he was not
distressed about the loss of Old Baldy. either. But there was quite visible
distress in the 7th Division, resulting from tactical confusion and confused
statements about what the troops were doing. The division commander, Major
General Arthur Trudeau, was publicly rebuked by I Corps' Commander Paul
Kendall.
Instead of pulling smartly back to the MLR, to save
casualties until they were in shape for a successful counterattack, too many of
the 7th's units had tried to stand their ground, throwing in cooks and KPs and
yelling for reinforcements. The long sitdown had made the Eighth Army sluggish.
The battalion and company commanders were not prepared for quick emergency
movement of their equipment and command posts. No corps or division command
post had been moved for tactical reasons in nearly two years. Sluggishness
could be seen in the movement of field pieces up to the front and in the
handling of transport on the muddy roads.
The Communists lost many hundreds, perhaps thousands,
of men, for a gain of almost nothing. The U.N. losses, though not as high as
correspondents feared at first, were substantial.
A raíz de las enormes bajas sufridas por El Colombia, salió hacia Corea el Teniente General Régulo Gaitán Patiño de la cúpula militar colombiana. En el Comando Supremo de las Naciones Unidas, el coronel Ruiz Novoa expresó francamente su reparo a la actuación del coronel Kern. Así el general Arthur Trudeau, comandante de la 7.º División reasignó El Colombia al Regimiento 17.º y la unidad continuó con los "Búfalos" hasta el final de la guerra.
Los militares colombianos dejaron muy en alto el nombre del país ante sus pares de todas las Fuerzas de las Naciones Unidas.Los siguientes recibieron el reconocimiento del gobierno de los Estados Unidos quien les otorgo las condecoraciones Estrella de Plata y Estrella de Bronce "V" al valor y por servicios meritorios a los siguientes miembros del Batallón Colombia:
Estrella de Plata Teniente Coronel Jaime Polanía Puyo
Teniente Pedro Caicedo Yacup
Subteniente Rafael Serrano Gómez
Subteniente Mario Bernal A.
Sargento Segundo Alvaro Pio Trujillo
Cabo Primero Salomón Cardona Giraldo
Cabo Primero Nolasco Espinel Mejía
Cabo Primero Pedro A. Limas Medina
Cabo Segundo Jesús Campos M.
Soldado Rodrigo Arango Quintero
Soldado José Eduardo García S
Soldado Jorge Tulio Ruiz
Soldado Antonio Barrera G.
Soldado César Quiñones
Soldado Helí Rey
Soldado Alejandro Fialla Cubillos
Soldado Alejandro Martínez Roa
Soldado Gerardo Antonio Quilindo
Estrella de Bronce Teniente Coronel Alberto Ruiz Novoa
Mayor Luís Etilio Leyva (dos veces)
Mayor Carlos Pedrosa Toro
Mayor Luís Barrera Mutis
Capitán Alvaro Valencia Tovar
Capitán Jorge Jiménez F.
Capitán Vesto Pablo Taylor R.
Teniente Jorhe Mendez G.
Teniente Manuel G. Vega O.
Subteniente Francisco Caicedo Montua
Subteniente Bernardo Lema Henao
Sargento Segundo Agustín López
Cabo Primero Luís M. Delgado
Cabo Segundo Enrique Cardona Pérez
Cabo Segundo Baudilio Ospina Muñoz
Cabo Segundo Ulises Farfan
Cabo Segundo Tomás Sánchez G.
Soldado Víctor Manuel Hernández
Soldado Gilberto Uribe B.
Soldado Juan Gómez R.
Soldado Teófilo Gutíerrez R.
Soldado Leonardo Hernández B.
Soldado Miguel Angel Piamba
Soldado Pedro Serna
Soldado José Ovidio Agudelo M.
Soldado Luís Antonio Arcila
Soldado Isaías Barbosa Bejarano
Soldado David Calderón Muñoz
Soldado Mario César Cera Suárez
Soldado Moisés Criollo G.
Soldado Gerardo Valbuena Cuéllar
Al final de la Guerra las estadisticas de la participación colombiana no dejan dudas: 130 hombres muertos en combate, 448 hombres heridos en combate, 69 hombres desaparecidos en combate, 28 hombres prisoneros y canjeados, 2 hombres caídos prisoneros y en poder del enemigo
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