Colombia, 23 de Mayo de 2013
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1200 Años de Historia Version impresa 1200 Años de Historia Version impresa

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Mahecha y los dirigentes de la huelgaPara el caso colombiano de 1928, Mahecha había logrado con sus compañeros, Pedro M. del Río, Bernardino Guerrero, Nicanor Serrano y Erasmo Coronel, un pliego de peticiones de nueve puntos que al parecer se ajustaba bastante a la escasa legislación nacional. Aparentemente buscaba que en el pliego de condiciones se diera cumplimiento a la ley colombiana sobre seguros colectivos y obligatorios, accidentes de trabajo e higiene habitacional. Además exigían un aumento salarial del 50 por ciento. Pedían acabar los comisariatos, pago semanal, contratación colectiva, semana laboral de seis días con dominicales remunerados y mayor inversión en salud. La United Fruit Company se negó y se basó en la Ley 69. Así el 13 de noviembre los trabajadores entran en huelga. La vinculación de los dirigentes sindicales Mahecha y demás al Partido Socialista Revolucionario da la voz de alerta entre los conservadores.

No es claro pero si muy probable que Raúl Eduardo Mahecha Caycedo y los dirigentes de la huelga, hubiese estado acompañado por agitadores profesionales quienes se encargaron de enrarecer el ambiente llegando a presentarse algunos desordenes menores y algunos destrozos en propiedad privada.

La prensa conservadora informa sobre "un frente bolchevique se está formando en la zona bananera". La United Fruit Company lógicamente mira hacia Bogotá y se queja ante el alto gobierno. Aterrado,  el Presidente Abadía cree estar afrontando una conspiración comunista, consulta con su igualmente asustado Ministro de Guerra, Ignacio Rengifo y determinan que a la luz de la recién sancionada ley Heroica, el derecho a la huelga estaba prohibido, por lo tanto era ilegal, así que Gral Carlos Cortés Vargasdeclararon turbado el orden público. Desde los pulpitos, la iglesia arremete contra los comunistas a quienes consideran peores que el diablo y apoya las medidas del gobierno.

El General Carlos Cortés Vargas era el Jefe de Estado Mayor de la 2da. División con sede en Barranquilla, el Ministro Rengifo lo nombró Comandante Militar del Magdalena Cienaga en 1928el mismo 13 de noviembre. Recibió el mando sobre un par de batallones asistido por el Teniente Coronel Efraín Díaz y el Capitán Luis Carlos Fernández quien al mando de uno de los batallones fue destacado en Ciénaga.  

Desde su llegada Cortés Vargas trató de dialogar e interceder con las partes en conflicto y calmar los ánimos. Logró que la empresa aceptara lo concerniente a eliminar los vales y el pago semanal, lo demás la United Fruit Company lo rechazó arguyendo que bajo la ley heroica, era ilegal. Se dificultó en extremo cualquier arreglo ya que los dirigentes de la huelga exigían la aceptación de todo el pliego bajo la consigna de "todo o nada", entonces las negativas a ceder, tanto de la United Fruit Company y de los trabajadores, radicalizaron la situación. Los huelguistas llamaron a mítines permanentes y creció la tensión.Titulares de la Prensa en Barranquilla

Al no avanzar los diálogos y llegar diciembre los ánimos estaban muy caldeados y el gobierno nombró a Cortes, Jefe Civil y Militar de la Zona Bananera con el fin de darle mayores poderes para controlar la "agitación comunista" que estaba manipulando a los trabajadores. Los huelguistas inmovilizaron trenes, sabotearon las líneas telegráficas, saquearon almacenes de víveres, quemaron el comisariato y algunas edificaciones de la compañía. Al parecer hubo amenazas contra los funcionarios estadounidenses en Aracataca y Sevilla. Se declaró el estado de sitio en la región.

Tropas de Cortés aguardandoCortés concentró sus tropas en Ciénaga y Fundación y expidió el 5 de diciembre en las horas de la noche, el Decreto No. 1 que ordenaba la disolución de toda reunión superior a tres personas, disparar si fuese necesario y prohibir el transito de personas después del toque de retreta.  Los huelguistas se concentraron en Ciénaga y ante el rumor que el gobernador iría a negociar con ellos, salieron a esperarlo en la estación del tren pero nunca llego. El que llegó fue Cortés con el Coronel Díaz y la tropa después de medianoche. Formó frente a los huelguistas entre quienes se encontraban mujeres y niños, leyó el decreto No. 1. 

El siguiente relato es tomado de 100 Años de Soledad y corresponde a la mágica imaginación del nobel de literatura:

Leído el decreto, en medio de una ensordecedora rechifla de protesta, un capitán sustituyó al teniente en el techo de la estación, y con la bocina de gramófono hizo señas de que quería hablar. La muchedumbre volvió a guardar silencio.

-Señoras y señores-dijo el capitán con una voz baja, lenta, un poco cansada-, tienen cinco minutos para retirarse.

La rechifla y los gritos redoblados ahogaron el toque de clarín que anuncio el principio del plazo. Nadie se movió.

-Han pasado cinco minutos dijo- el capitán en el mismo tono-.Un minuto mas y se hará fuego.

-iCabrones! -gritó un manifestante-. Les regalamos el minuto que falta. Al final de su grito ocurrió algo que no le produjo espanto, sino una especie de alucinación. El capitán dio la orden de fuego.

Gabriel García Márquez

100 Años de Soledad

Destrozos en la oficina de AgriculturaHubo una desbandada que salió hacia Santa Marta arrasando todo a su paso, vías férreas, puentes, edificaciones, postes de luz, teléfono y telegrafía.   

El resultado fue el Decreto No. 4 declarando "cuadrilla de malhechores a los revoltosos, incendiarios y asesinos de la Zona Bananera", con la orden de perseguir  y aprisionar a los dirigentes, cabecillas, azuzadores, cómplices, auxiliadores y encubridores para juzgarlos, a la vez que autorizaba usar las armas contra delincuentes "in fraganti".

En Sevilla el Capitán Luna también hubo de abrir fuego contra los huelguistasDestrozos en las viviendas de los ingenieros de UFC ocasionando 29 muertos y varios heridos. En Aracataca hubo dos heridos y en Candelita hubo dos muertos. Los incendios y saqueos azotaron Riofrio, Latal, Guajira, Orihueca, Florida, Ecuador, Gabriela, Motagua, Casca y Miami.

Los dirigentes huyen, mueren Guerrero y Coronel así como Bernardo Castrillón. Luego de la huelga, el ejército le destruye a Mahecha su imprenta volante y demás muebles; el líder fue sindicado como reo de alta traición y al ser perseguido por las autoridades tuvo que huir por Aracataca, Fundación, Pivijay, Giraldo y Cartagena, de donde partió clandestinamente a Panamá. De allí pasó a Venezuela, viajó luego a México y en octubre con la autorización directa de José Stalin, se desplazó a Moscú, donde vivió hasta fines de 1930, cuando decidió regresar a Colombia.

Con los hechos del seis de diciembre terminó la huelga. El General  Cortés fue felicitado personalmente por el Presidente Abadía al haber sofocado tamaño amenaza comunista en la zona bananera.

Titulares de la Prensa en BarranquillaEl parte oficial de Cortés ante el senado fue de 9 muertos en Ciénaga, cifra que hasta hoy se debate. En su defensa arguyó su deber de preservar la autoridad en situación de alteración del orden público y su firme conocimiento de la presencia de un buque estadounidense en aguas colombianas cuya intención era desembarcar tropas con el fin de defender los intereses de la United Fruit Company, lo cual fue confirmado por el mismo Embajador quien aclaró que no estaba presente para desembarcar tropas sino con el fin de evacuar ciudadanos estadounidenses, si la evacuación fuera necesaria.

La copia del telegrama que se encuentra a la derecha fue enviado el 6 de diciembre de 1928 por el Consul de los Estados Unidos en Santa Marta al Departamento de Estado en los Estados Unidos y dice:Telegrama oficial del consul estadounidense al Departamento de Estado

URGENTE 5 AM Diciembre 6

Anoche fue declarado el Estado de Sitio en la Zona Bananera y Provincia de Santa Marta. Hubo demostraciones contra el gobierno, las cuales fueron dispersadas por unas pocas tropas. Los sentimientos en contra del gobierno por parte del proletariado y las tropas es muy alto y está en duda que podamos depender del gobierno colombiano para protección. Puedo respetuosamente sugerir, que mi solicitud para un buque de guerra estadounidense, colocado en las cercanías, sea otorgada y que éste esté pendiente de mi llamado y que la estación inalabrica de la United Fruit utilice las siglas UJ pues estamos sin comunicación telegrafica y no existe otro medio de comunicación con Santa Marta. Se ha admitido que el caracter de la huelga ha cambiado y que los disturbios son una manifestación de tendencia subversiva.

A pesar de la explicación dada por el Embajador estadounidense en Colombia sobre la presencia de un buque de la US Navy en nuestras aguas, nosotros los colombianos (recordar Panama en 1903) y los latinoamericanos en general (recordar México, Nicaragua, Guatemala, Chile etc.), sabemos con seguridad y por experiencia, que una nave de estas caracteristicas y de esa bandera, no llega a nuestros territorios con fines pacificos.

El Embajador estadounidense envió el siguiente telegrama al Secretario de Estado en 5 de diciembre así:

"He seguido la huelga frutera en Santa Marta por medio del representante de la United Fruit Company aquí. También por medio del Canciller que me dijo el sábado que el gobierno enviaría tropas adicionales y arrestarían todos los lideres huelguistas a quienes transportarían a la prisión en Cartagena; que el gobierno daría protección adecuada a los intereses americanos involucrados."

El 7 de diciembre envió el siguiente:

"La situación en las afueras de Santa Marta, indudablemente es muy seria: en las afueras hay revuelta; los militares quienes tienen ordenes de no ahorrar munición, ya han dado de baja unos cincuenta huelguistas. El gobierno habla de una ofensiva general contra los huelguistas tan pronto como las tropas embarcadas arriben la semana entrante."

El día 29 de diciembre envió el siguiente:

Tengo el honor de reportar que el consejero legal de la United Fruit Company aquí en Bogotá afirmó ayer que el número total de huelguistas muertos por las autoridades militares colombianas durante los recientes disturbios alcanzó entre quinientos y seiscientos; mientras las tropas no sufrieron bajas.

Sin embargo el 16 de enero  de 1929 envió el siguiente:

Tengo el honor de reportar que el representante en Bogotá de la United Fruit Company me dijo ayer que el número total de huelguistas muertos por los militares colombianos excede los mil.

La prensa liberal, ante la imposibilidad de dar cifras exactas sobre los muertos, pues las informaciones eran muy confusas, sí aclaró que las tropas habían abierto fuego Dr. Jorge Eliécer Gaitánsobre trabajadores, mujeres y niños inermes, desarmados y pacíficos. El liberalismo cuyos nuevos representantes se consideran los adalides de trabajador, toman el asunto en sus manos y se nombra a un joven representante desconocido hasta entonces para que se efectúe la más exhaustiva investigación. El joven llamado Jorge Eliécer Gaitán Ayala recorre la zona bananera y cargado con una investigación impresionante abre un debate en el parlamento el 2, 3, 4, 5 y 6 de septiembre de 1929 donde demuestra tamaño injusticia cometida por el estado al ordenar acribillar a por lo menos trescientas personas (se desconocen las fuentes de Gaitán para esta afirmación); cómo los tentáculos corruptos de la United Fruit Company manejaban a su antojo todo el departamento del Magdalena; que los trabajadores no habían cometido ningún delito; y que los destrozos los había hecho el ejército.

El joven Gaitán leyó el testimonio del párroco de Aracataca:

"Es cierto, y lo supe porque así me lo manifestó el señor Víctor Pineda Barros, exAbadía y Cortés comparan resultados de caza alcalde de este Distrito, que la policía había recibido orden del jefe civil y militar para ultimar a los individuos que se encontraban en la cárcel de ésta población con motivo de la huelga, tan pronto como los huelguistas se presentaran aquí. Parece que ésta orden la dio el jefe civil y militar de la plaza cerca de la cárcel, pues algunos presos se impusieron de ella. Yo, temiendo que en realidad de verdad los huelguistas se presentaran aquí, ignorando el peligro en que pondrían a los infelices presos, o que, también los mismos militares fingieran un asalto, para tener un pretexto que justificara su crimen, traté de evitar ese derramamiento de sangre inocente, haciendo lo que pudiera. Por lo tanto me limité a salir repetidas veces a la cárcel cada vez que se oían las descargas cerradas que hacían las avanzadas, pues a cada una de ellas me parecía que ya se estaba llevando a cabo la inicua orden. Al día siguiente hablé con el jefe civil y militar acerca de lo que me habían informado, el cual me lo confirmó diciendo que era orden del Ministerio de Guerra y que si el caso llegaba se cumpliría. Yo le manifesté con alguna entereza que me opondría a ese asesinato a un a costa de mi vida.

"Es cierto que en varias ocasiones y en diversas formas llamé la atención sobre ciertos abusos contra la moral y la caridad cristiana que se perpetraban, no sólo aquí en Aracataca, sino también en los otros pueblos de mi parroquia: aquí los militares se creyeron autorizados para todo y por el hecho de estar trastornado el orden público, creyeron que ese trastorno afectaba hasta la ley de Dios. Así lo dije públicamente. Los infelices presos a quienes se mantenía encerrados sin darles manera de defenderse, se les obligaba a trabajar aun los días festivos y eso sin acordarse de que esos pobres no habían comido en muchos días. Los dineros públicos fueron destinados a obras que no se habían de concluir y otros destinados a cabarets; el dinero se les sacaba a los particulares en forma de multas o reduciendo a la cárcel por las deudas al fisco.

Es cierto que un día, a fines de noviembre, trabé conocimiento con un señor Girón, quien me fue presentado en el ferrocarril al salir de Santa marta. Viajé con él y en el camino me hizo saber que él había trabajado por los obreros, pero que ahora pensaba apartarse de esas actividades y trabajar en un cine y que al efecto había tomado en arrendamiento el de los señores Di Domenico; que esperaba marchar de acuerdo conmigo, pues trataba de hacer una labor moralizadora, que era lo único bueno que podía ofrecerle hoy a los obreros. Al llegar aquí fue preso y preso estaba cuando los acontecimientos de Ciénaga y Sevilla. De aquí lo llevaron a Ciénaga para juzgarlo. Yo le presté pequeños servicios y le prometí declarar a su favor cuando el caso llegare. Así quise hacerlo. Fui a Ciénaga el día de su juzgamiento, pero no se admitió mi declaración por considerarse oficiosa, y además, como me dijo el capitán Garavito, no debía meterme en eso porque podía salir complicado como huelguista.

La cárcel donde estaban los cuarenta presos aquí en esta población, es una pieza pequeña, baja, sin techo, sin ninguna ventilación. Allí se mantenía a los infelices presos, a muchos sin comer ni en qué dormir, y teniendo que hacer sus operaciones naturales allí mismo.

La población del Retén fue víctima de muchas injusticias, hijas de enemistades personales de los empleados de la United Fruit con los vecinos.

Estos individuos era los señores Camilo M. Barreneche y un señor Fajardo, que sin saber por qué causa que lo justificara, tenían en su poder sendas listas de los individuos a quienes se debiera apresar, encarcelar y juzgar. Muchos de los que figuraban en esa lista fueron acusados como huelguistas no siéndolo en realidad. Por ejemplo: el señor José A. Meneses posee su finca inmediata a los predios de la United; varias veces han querido comprarla pero el por motivos particulares no ha querido hacerlo. Por este motivo Camilo Barreneche, que se vanagloria en declararse hijo de la compañía frutera, lo denunció como huelguista. Lo mismo aconteció con Marco Tulio Delgado, Justo Zuleta, José María Galvis y otros cuyos nombres no recuerdo.

Habiendo sabido que en el Retén habían quedado muchos heridos, solicité de los militares un vehículo para llevarles los auxilios espirituales a los que quisieran. No se me facilitó y aun se me dijo por el capitán Garavito: 'Que no fuera a confesar a esos sinvergüenzas, que los dejara morir sin confesión, que lo merecían'.

Averigüé la verdad sobre el número de los muertos que hubiera habido en el Retén, para registrar sus nombres en el libro de defunciones de la parroquia. Sólo se me informó de uno y de varios heridos; pero después persona muy autorizada en la diócesis me dijo que él mismo había visto la comunicación oficial en que se decía al Ministro de Guerra que el número de muertos pasaba de sesenta en el Retén.

Francisco C. Angarita

Presbítero

Termina el representante Gaitán haciendo referencia a la alocución presidencial así:

Hecho un guiñapo"Ya habéis oído leer la alocución del señor Presidente de la República. Habéis oído cómo allí se dice, hablando de los obreros, que ellos perpetraron 'verdaderos delitos de traición y felonía, porque a trueque de herir al adversario político, no vacilan en atravesar con su puñal envenenado el corazón amante de la Patria'. Decidle, señores, al taciturno Presidente de la República que aplique estas palabras no a los obreros, que fueron las víctimas, sino que las aplique a los militares, a los cuáles él les ha hecho el más inconcebible elogio. Que el señor Presidente de la República se levante sobre la tumba de los sacrificados para escupir su hiel y su veneno, cuando por simples sentimientos de humanidad tales vocablos le estaban vedados ante la majestad de la muerte y del dolor, es cosa que causa ironía y que muestra las lacras de la mentida justicia humana. Y que no hable el Presidente de la República de hechos políticos, aquí donde sólo hubo por parte de los militares pecados contra los artículos del Código penal. Y en esa alocución misma habéis leído el elogio férvido, el elogio ilimitado que el señor presidente hace a quienes sólo merecen el dicterio de los hombres que tienen en estima los sentimientos esenciales de la bondad".

A partir de ahora Jorge Eliécer Gaitán es una nueva figura reconocida dentro del liberalismo.

100 Años de Soledad recordó a los colombianos de la masacre de la bananeras y en Gabosu obra Gabo afirma de 3000 muertos. Que sea el propio García Márquez quien diga de dónde sacó la cifra: "Las bananeras es tal vez el recuerdo más antiguo que tengo... Fue una leyenda, llegó a ser tan legendario que cuando escribí Cien Años de Soledad pedí que me hicieran investigaciones de cómo fue todo y con el verdadero número de muertos, porque se hablaba de una masacre, de una masacre apocalíptica. No quedó muy claro nada, pero el número de muertos debió ser bastante reducido... y para mí fue un problema porque cuando me encontré que no era realmente una matanza espectacular en un libro donde todo era tan descomunal como en Cien Años de Soledad... donde quería llenar un ferrocarril completo de muertos, no podía ajustarme a la realidad histórica... decir que todo aquello sucedió para tres o siete, o diecisiete muertos... no alcanzaba a llenar... ni un vagón. Entonces decidí que fueran tres mil los muertos porque era más o menos lo que entraba dentro de las proporciones del libro que estaba escribiendo...".

El General Carlos Cortés Vargas fue relevado el 15 de marzo de 1929. Escribió un libro Los Sucesos de las Bananerosdando cuenta de los hechos del cual fue responsable en la zona bananera y el cual fue publicado ese mismo año. Fue nombrado Director de la Policía ante lo cual el 8 de junio de 1929 los estudiantes habían iniciado un movimiento cívico contra la corrupción del gobierno y en protesta por la masacre de las bananeras y por su nombramiento. La manifestación terminó con la muerte de un estudiante de la Universidad Nacional, Gonzalo Bravo Páez, lo que puso en jaque al gobierno. Estos hechos y el impacto social de la crisis deterioró la legitimidad conservadora y facilitó su derrota en las próximas elecciones. 

Allí no terminó su carrera militar. Cortés Vargas fue nombrado Jefe del Estado Mayor de la Tercera División en Cali y luego Director General de la Aviación hasta 1930. Se retiró por voluntad propia. En 1932 con ocasión de la Guerra con el Perú, el Presidente Enrique Olaya Herrera lo llamó de nuevo al servicio activo para comandar la segunda expedición abordo del recién adquirido buque "Cúcuta". Alcanzó la posición de Jefe del Estado Mayor General y solicitó su retiro definitivo del servicio activo. Falleció en Francia en un accidente automovilístico en 1953 cuando se dirigía a París.

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Ver También: United Fruit Vs. Guatemala

 
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