
Juan Roa Sierra, bogotano, bautizado en la iglesia de Egipto, católico fanático, pintor de profesión y el menor de seis hermanos quienes vivieron largos años en el Barrio Ricaurte y últimamente residía en la calle 17s No.16-52; de sus hermanos se sabe que Eduardo es taxista del Taxi Roxi, Luís es el chofer de la Legación Alemana y Gabriel trabajó en La Leona y sufre trastornos mentales razón por la cual se encuentra recluido en la Clínica Siquiátrica de Sibaté.88 Según un informe del agregado militar de la Legación Americana, Roa Sierra tiene un resentimiento contra "los Gaitán" pues es hijo bastardo de Eliécer Gaitán Otalora (padre de Jorge Eliécer) quien tras fuertes disputas, recientemente ha llegado a un arreglo económico con la madre de Roa, arreglo que éste no encuentra satisfactorio.89 (el anterior es concepto exclusivo del informe) Así que permanece pacientemente parado, esperando, desde las once AM cerca de la puerta del Edificio Agustín Nieto.
Gloria Gaitán: "ese día Plinio Mendoza estaba con papá en la oficina. Plinio le pidió al grupo que acompañaba a papá que los dejaran avanzar solos, pues tenía que decirle algo en privado. Lo cogió fuertemente del brazo y lo llevó así hasta la calle. Seguidamente se escucharon tres disparos que a quemarropa, impactaron en el cuerpo de Gaitán, éste cayó hacia atrás y luego se escuchó un cuarto disparo que el asesino hacía al grupo como para cubrir la retirada."87

Plinio Apuleyo Mendoza: "Oí en aquel preciso instante los tres disparos. Desde una ventana del Monteblanco que daba a la carrera séptima vi al caballero de abrigo oscuro que había quedado tendido en el andén. Bajé corriendo las escaleras, gané la calle y al llegar al lugar donde se encontraba quedé de rodillas a su lado. Era Gaitán. El único signo de vida que le quedaba en el rostro, congelado en un gesto amargo e irremediable, era un leve temblor de las pestañas. Minutos antes, había empezado a cruzar la calle con mi padre, que lo llevaba del brazo diciéndole "Tengo que hablarte de una pendejada", cuando delante de él, pequeño y pálido, apareció Roa Sierra."90
Gloria Gaitán: "Papá yacía solo en el suelo, Plinio había desaparecido. Después declaró que a papá le dispararon de frente y que, al verlo caer de espaldas, salió a buscar un taxi para llevarlo a una clínica. A papá le dispararon por la espalda, pues, aún cuando el asesino estaba de frente, papá, al verlo, dio la vuelta intentando entrar nuevamente al edificio Agustín Nieto."87
Tras los disparos del sicario a la una y cinco de la tarde, momentos que coinciden con la transmisión de los radioperiódicos meridianos, éstos comenzaron a divulgar la noticia. Quizás el noticiero de mayor sintonía por aquel entonces era uno llamado "Ultimas Noticias", dirigido por Rómulo Guzmán y cuyas oficinas estaban a una cuadra del lugar de los hechos, carrera séptima entre calles 16 y 17. A instantes de ocurrido el crimen, ese noticiero informó con gran escándalo que el doctor Gaitán "había sido asesinado por un agente de la policía", y a poco impartió las primeras consignas de asalto a las ferreterías y la toma de radiodifusoras. La Policía en cuanto escuchó por radio del asesinato de Gaitán, inmediatamente se pasó a la revolución, dejando uniformes y puestos, muchos recluyéndose en las Divisiones de Policía a las cuales pertenecían con el fin de recibir órdenes. Los más exaltados simplemente engrosaron las turbas cuyo objetivo era la toma de Palacio y el asesinato de Ospina Pérez.
El Dragoneante Jiménez y el Sargento Gálvis González de la Policía llegaron inmediatamente. Con los amigos de Gaitán, Gálvis ayudó a subirlo al taxi y llevarlo a la Clínica Central. El Dragoneante Jiménez procedió de inmediato a capturar al asesino, quien solo atinó a decir "no me mate, no me mate", y se cubrió la cabeza con las manos. Los emboladores fueron los primeros en gritar: ¡mataron al doctor Gaitán, mataron al doctor Gaitán!-.
Entonces la incertidumbre aplastó pavorosamente la cotidianidad bogotana.
Joaquín Estrada: "terminamos apresuradamente nuestro almuerzo en Temel, ya que mi compañero debe tomar el vuelo para Medellín. En la puerta a la una y diez minutos de la tarde, el doctor Alberto Duran Laserna, director de la Radio Nacional, transfigurado bajo el impacto de una viva impresión, nos dice: Acaban de asesinar al doctor Gaitán en la puerta del edificio de su oficina, y estoy llamando a Palacio".91
Plinio Apuleyo: "al subir a un tranvía que acababa de detenerse frente a la Iglesia de San Francisco, algunos pasajeros, al percibir gritos y tumultos en la carrera séptima, nos preguntaron que estaba sucediendo. -Acaban de matar a Gaitán", les dije. Entonces el tranviario, al oírme, frenó el tranvía con un brusco giro de manivela. Se apeó, tiró su gorra al suelo y la pateó con furia. -Hasta aquí llegamos. Esta vaina no se mueve, bramó. Media hora después, aquel tranvía era una antorcha ardiendo frente de la iglesia. Todos los tranvías ardían. Todos se acabaron para siempre aquella tarde.90
Joaquín Estrada: "Me resisto a creerlo. Sigo para el Ministerio de Educación. Al cruzar la Carrera Séptima, no observo movimiento ninguno irregular. Todo aún tranquilo, la calle soleada, las gentes en su actitud normal. Sólo hacia el sitio de los sucesos miro un grupo de curiosos, como tantos que se forman en nuestras calles a raíz de un accidente de tránsito". Sigo al Ministerio. En la puerta el periodista Jaime Soto, demacrado, lívido, me confirma la cruel noticia. "Que vergonzosa infamia", le contesto. Subo aprisa al Ministerio en busca de un teléfono directo a Palacio, Pero la puerta está cerrada y el ascensor no funciona. Salgo al anden, donde me confirma la noticia Víctor Aragón, pálido pero sereno. En este instante, las gentes, en grupos presurosos, comienzan a desprenderse sobre el sitio del asesinato, pues las radios ya difundieron el hecho. El ambiente se caldea por segundos. Un transeúnte grita: "A matar godos, todos a matar godos!".
Despacho el carro oficial para evitar la identificación de la placa y salgo acompañado del doctor Jorge Luís Arango para la casa, a pie. Los grupos que bajan, van en actitud colérica, corren pidiendo a gritos la cabeza de Laureano Gómez, la de Montalvo y la mía. Llego a la casa, me armo, ordeno a la familia que cambie de residencia y parto para Palacio. No hay vehículos. Pasa un jeep de la Policía y ordeno: "Estrada Monsalve, Ministro de Educación, lléveme a Palacio". El Teniente de la Policía y el agente que lo conduce van llorando de cólera y de angustia. Bajando por la calle diez y siete, tratan de conducirme por el centro de la ciudad, donde ya el vocerío es tremendo.

Oigo al paso, a todo volumen, las emisoras llamando a la revuelta, pidiendo el gobierno y disponiendo el ataque a Palacio. Pero cerca de El Liberal ordeno tomar la Carrera Cuarta; el carro retrocede y llego a Palacio, por la puerta de la Carrera Séptima. Van siendo las dos de la tarde.91
En la Clínica Central fue intervenido el doctor Gaitán por el Dr. Cruz y ayudado por los médicos Yezid Trebert, Luís F. Nougues, Raúl Bernett, Agustín Arango, Carlos M. Chaparro y Alfonso Bonilla Naar. A pesar de todos los esfuerzos a la una y cincuenta y cinco minutos de la tarde dejó de existir.
Gloria Gaitán: No había pasado una hora cuando sonó el teléfono. Mamá, impactada como estaba por el sueño de la víspera, supuso lo peor. Cuando en la Clínica Central se vio obligada a aceptar una realidad que ella, a pesar de las premoniciones, no quería creer, le pidió al médico Pedro Eliseo Cruz que embalsamara a papá, pues desde ya concibió la idea de no dejar enterrar el cuerpo de su marido hasta que no cayera el gobierno de Mariano Ospina Pérez, a quien mi padre le había dirigido dos meses antes la Oración por la Paz señalándole: "...os pedimos que ejerzáis vuestro mandato, el mismo que os ha dado el pueblo para devolver al país la tranquilidad pública. ¡Todo depende ahora de vos! Quienes anegan en sangre el territorio de la patria, cesarían en su ciega perfidia".87
Mientras tanto el dragoneante Jiménez trató de proteger al prisionero llevándole al interior de la Droguería Granada, pero el esfuerzo fue inútil ya que el populacho estaba encima y un lustrabotas le asestó el primer golpe con su caja de embolar, posteriormente el resto de la gente la emprendió a puntapiés, lo sacaron del local y continuaron golpeándole; para cuando llegó a la esquina -en la Calle Catorce- estaba prácticamente desnudo y moribundo.
A esa misma hora habían llegado a la Clínica Central los jefes liberales Darío Echandía y Carlos Lleras Restrepo, Salazar Ferro, Arango Tavera, Esquerra Posada, Germán Zea Hernández, Plinio Mendoza Neira, Alfonso Araujo, Herrera Anzoátegui más otros dirigentes del partido, la muchedumbre pedía un jefe, se nombró a Echandía, quien trató de calmarla. La junta de jefes liberales llegó al Nuevo Teatro, situado entre Calles Doce y Trece con la Carrera Séptima, allí se designó una comisión encabezada por Alfonso Araujo para que pidiera una audiencia con el Presidente; mientras tanto el resto se dirigió hacia las instalaciones del periódico El Tiempo, ubicadas para esa época en la Carrera Séptima con Calle Trece. Convencidos de que sacarían provecho de la situación y que el poder está próximo para el Partido Liberal deleitados se frotan las manos y envían el siguiente telegrama al doctor Eduardo Santos (el designado liberal para un presidente conservador) en Nueva York :
"Bogotá, abril 9 de 1948. -Eduardo Santos. Nueva York.
-Ante gigantesco movimiento háse desencadenado país asesinato doctor Gaitán parece casi segura separación poder Presidente Ospina. Creemos indispensable su inmediata presencia fin asuma constitucionalmente Gobierno para evitar mayores descalabros infortunio República. "Echandía, Lleras Restrepo, Salazar Ferro, Araujo, Mendoza Neira, Zea Hernández, Herrera Anzoátegui, Arango Tavera, Esguerra Posada"91
Ricardo Bayona: "Mi primera orden, despachada por un oficial en un jeep, fue la de impedir que el escuadrón de caballería que estaba en la Feria Exposición Agropecuaria se fuera para su cuartel en Usaquén y que en cambio, a la mayor brevedad posible, se dirigiera al patio del ministerio de guerra en San Diego. La orden fue cumplida y eso fue motivo de alivio. Primero, porque el ministerio apenas tenía normalmente unos pocos soldados, no para su protección sino para prestar unos servicios de los que normalmente se prestan en las oficinas oficiales. No recuerdo de dónde, pero lo cierto fue que destinamos primero que todo, unos soldados para la protección del señor General Marshall. Lo normal, lo reglamentario, lo legal hasta ese 9 de abril, era que en caso de tumultos, de desordenes, asonadas, la Policía era la encargada de restablecer el orden y si dicha Policía era insuficiente para restablecerlo, entonces se apelaba al Ejército para que le ayudara en su misión; en vista de ello y viendo y sintiendo lo que estaba ocurriendo, logré al fin comunicarme con el encargado de la Dirección de la Policía, Coronel Virgilio Barco Céspedes y al explicarle lo que ocurría me dijo: dentro de breves momentos saldrá la Policía a develar los actos que se están presentando y todos van a ver que es la Policía."85
2 PM
Una vez terminada la inauguración de la Feria Exposición Agropecuaria, el Presidente y la Primera Dama se dirigen a Palacio.
Mariano Ospina Pérez: "Cuando el coche presidencial que subía por la Calle Octava hacia la Carrera Séptima terció a la derecha para tomar la puerta de entrada a Palacio, un taxi rojo quiso lanzársenos violentamente, pero la salida precipitada del pequeño pelotón de soldados que acudía a presentar armas, al oír la señal de mi llegada, parece que atemorizó al chofer del taxi, el cual frenó violentamente su carro evitándose así el choque contra el nuestro."
"La primera persona que encontré en el patio principal al descender del carro y quien me abrió precipitadamente este, fue el General Rafael Sánchez Amaya, Director General del Ejército, quien con el rostro demudado y severo me dijo:
-Excelencia, acaban de asesinar al doctor Gaitán.
-Eso es imposible, General- fue mi espontánea respuesta.
-No hay la menor duda, puede su Excelencia confirmarlo con el doctor Laureano Gómez quien se encuentra en este momento al teléfono de la Casa Militar- Me acerque a la bocina receptora y el doctor Gómez me confirmó alarmado, que el doctor Gaitán acababa de recibir tres balazos mortales, aunque parecía que no había muerto todavía y agregó que la situación era sumamente grave."
Deploro profundamente lo ocurrido y como primera medida -le repondí-, considero que hay que reunir el Consejo de Ministros para declarar turbado el orden público y decretar el estado de sitio a fin de poder hacer frente a los acontecimientos. Subo enseguida a mi despacho -agregue- y allí me pondré al frente de la situación mientras llegan los Ministros para tomar las medidas que las circunstancias requieran. Cuando se acercó el Jefe de la Casa Militar, Mayor Iván Berrío, me dijo, -Señor Presidente, ya están atacando a Palacio. Las turbas arrastran el cadáver de un hombre desnudo que dicen ser el asesino del doctor Gaitán y pretenden forzar la entrada de la Carrera Séptima. Han roto ya casi todas las vidrieras de enfrente, espero ordenes-.92
Iván Berrío: En estos momentos se desprendía sobre Palacio la turba. La multitud con garrotes, armas blancas y armas de fuego de corto alcance, vigas arrancadas de algún andamio cercano, con piedras y ladrillos, invadió la cuadra, trayendo a rastras el cadáver del asesino. Gritan pidiendo la cabeza del Presidente. Lluvias de piedra y ladrillo no dejan un cristal sano. Con las vigas en ariete golpean las puertas y las violentan en acción de cuña por entre las rejas, alcanzando a romper los cerrojos de una. Si insisten cinco minutos hubieran podido invadir a Palacio. Al iniciarse el ataque sólo estaba en Palacio la Guardia Permanente: veintinueve hombres al mando del Teniente Orejuela. Pero de los veintinueve, sólo menos de veinte podían entrar en acción, pues los otros tenían que estar como centinelas en distintos sitios de Palacio. El resto del Batallón Guardia Presidencial estaba en su cuartel cercano, y los oficiales casados se encontraban dispersos por la ciudad, almorzando en sus casas, pero llegaron al momento.93
Mariano Ospina:"Hay que proceder enérgicamente, -le respondí al Mayor Berrío-, pero los soldados solo deben disparar cuando se les haga fuego por parte de los atacantes. Este empezó casi inmediatamente y el primer disparo sobre nuestros centinelas de la Carrera Séptima lo hizo uno de los agentes de policía que estaba frente a Palacio. Este agente intentó penetrar al edificio y fue muerto en el pasadizo de entrada." Al llegar al segundo piso, se me informó que el Ministro de Guerra doctor Fabio Lozano, me llamaba al teléfono de la sala privada y acudí a comunicarme con él. Me estaba informando de lo ocurrido y convenía con el Ministro algunas medidas inmediatas como la ocupación de las radiodifusoras que se habían sumado a la revuelta.92
Gloria Gaitán: "Mamá se dirigió a la a la embajada de Venezuela, siempre a pie, para hablar con el presidente de la Delegación de Venezuela, Rómulo Betancur y pedirle ayuda para un golpe contra Ospina ya que, generales como el general De León, que la había visitado en la clínica, le habían manifestado que un grupo importante del Ejército y la Policía de Bogotá en pleno, estaban decididos a marchar hacia Palacio para derrocar al gobierno, pero requerían de Venezuela como retaguardia y fuente de armamento. Betancur se mostró hosco y renuente. Con un -váyase señora para su casa, que yo también tengo una hija, despidió a mi madre, quien regresó a la Clínica Central a esperar la madrugada del 10 de abril para ir a buscar en qué transportar el cuerpo de mi padre hasta nuestra casa. Encontró un zorrero muerto al pie de su caballo y lo tomó. Envuelto en sábanas ensangrentadas y papel periódico, mamá y Pedro Eliseo Cruz solos, pues nadie más se había quedado en la clínica, sacaron el cuerpo de mi padre ya embalsamado por el basurero de la clínica; el edificio había sido rodeado por el ejército para impedir la salida del cadáver desde el momento mismo en que mi madre manifestó su deseo de velarlo en su casa, esperando hasta que cayera Ospina. Atravesaron la ciudad tirando del caballo, pasando por encima de multitud de cadáveres y esquivando las balas. Una vez en nuestra casa, mi madre sacó el comunicado que dio inicio a una larga velación que buscaba la caída del régimen."87
Mientras las turbas invadían la cuadra, el Batallón Guardia Presidencial recibía en su cuartel municiones y órdenes.93
Joaquín Estrada: "Mi primera observación de fondo es la insuficiencia de las fuerzas de defensa para poder resistir la segunda acometida, ya armada y organizada. Subo al salón presidencial donde creo encontrar un hormiguero de militares y civiles, sólo hallo la soledad casi completa. Al pie de su escritorio, el Presidente, doña Bertha de Ospina, el doctor Azula Barrea y doña Cecilia Piñeros Corpas. En los salones vecinos estaban doña Belén Arbeláez López, doña Ángela Hernández, doña Lala Guzmán y don Francisco José Roa. Los militares de Palacio no están allí porque han volado a sus puestos: el Mayor Iván Berrío está en las guarniciones; el Capitán Germán Uribe se encuentra en el Batallón Guardia Presidencial atendiendo con el Capitán Alejandro Londoño los preparativos de la defensa, conviniendo el plan y amunicionando la tropa; el Teniente Carvajal, Edecán de la Aviación, está en el mismo Batallón alistándose para el servicio. Pronto llega el Coronel Carlos E. León, Comandante del Batallón, comprueba el plan elaborado, lo refuerza y lanza la tropa a la acción, permaneciendo al frente de ella con decisión y técnica ejemplares.91
Mariano Ospina: "hacia el Palacio de Nariño iba el ataque total. Era esta la meta, el objetivo principal, la máxima preocupación de los amotinados, ya que tomada esa posición y asesinado el Primer Mandatario, la república quedaba en manos de los revolucionarios." Los incendios y saqueos en otros lugares formaban parte del plan contra Palacio y buscaban producir terror y el desconcierto y hacerse a toda clase de armas para cumplir sus propósitos, y dispersar las pocas fuerzas militares que se mantenían leales.
"A Palacio, a Palacio", clamaban las radiodifusoras a la vez que ordenaban asaltar de paso las ferreterías y daban instrucciones para fabricar el cocktail Molotov, el cual empezó a funcionar terriblemente desde los primeros momentos, lo que prueba que había una amplia preparación y organización al respecto. Se impartieron, pues, la órdenes para defender el edificio palmo a palmo. Todos inclusive mi esposa y mi cuñada y las valientes señoritas de la secretaría, se alistaron para a hacer uso de las distintas armas disponibles y yo manifesté que ocuparía el escritorio presidencial porque deseaba, si el instante supremo había de llegar, morir en el sitio habitual de mis actividades presidenciales.92
Iván Berrío: Progresivamente se pudo poner en acción toda la defensa: doscientos diez hombres. Dos secciones al mando de los hermanos oficiales Jaime y Silvio Carvajal irrumpieron por la esquina sur de la Carrera Séptima, y, fusil en mano, cobrando terreno a palmos de a dos metros, sin disparar un tiro, fueron haciendo replegar la multitud, hasta despejar el frente de Palacio. Al mismo tiempo, una compañía tomaba el control del frente de Palacio por la Carrera Octava, al mando del Capitán Alfonso Meneses, a quien acompañaba el Capitán Germán Uribe, de la Casa Militar. Ya al mando de todos sus oficiales, apostados en las calles, con un valor y una disciplina increíbles, el batallón se dispuso a esperar el segundo ataque que venía en forma más organizada y mejor armado. La situación fue tan grave que basta pensar que apenas eran doscientos diez hombres, contra una multitud armada de diez mil que atacaban por las ocho bocacalles de los cuatro costados. En Bogotá solo había unos ochocientos hombres para defender toda la ciudad.93
Ricardo Bayona: por el teléfono directo de los cuerpos de tropa, me solicitaba urgentemente el Comandante del Batallón Guardia, Coronel Carlos E. León, refuerzos y al enterarme de la grave situación en que se encontraba, me ratificó que él y su batallón y sus oficiales y su tropa resistirían hasta morir en sus puestos, pero insistía que como la chusma atacante era tan numerosa, necesitaba refuerzos. "Le advierto -le dije al Coronel León- que la Policía si no ha salido, ya está por salir a cooperar en el restablecimiento del orden, según me acaba de informar su director". "Mi General -me contestó el Coronel León- la división de policía cercana a Palacio no solo no está ayudando sino que está contra nosotros".85
Mientras las radiodifusoras soliviantaban al pueblo, en las oficinas del radio periódico "Ultimas Noticias" se conformaba una "junta revolucionaria" y se designaba un "Comité Ejecutivo de la Junta Central Revolucionaria" que se integró con las siguientes personas: Presidente: Gerardo Molina. Vicepresidente: Adán Arriaga Andrade. Vocales: Jorge Zalamea Borda y Rómulo Guzmán. Acto seguido, el Comité Ejecutivo anunció que provisionalmente se hacía cargo del gobierno de la nación, y procedió a designar, mediante decreto, "el Comando de Oficiales Revolucionarios de la Policía Nacional, bajo cuyas órdenes habrían de ponerse a discreción todas las fuerzas de policía de la Capital.
El Comité Revolucionario fijó su centro de operaciones en la V División de policía (carrera 5 calle 30), y de inmediato se puso en contacto con las otras divisiones con el objeto de concentrar en esta División y en la X al personal sublevado y a civiles revoltosos. En la V División desempeñaba el cargo de "Jefe Revolucionario" Adán Arriaga Andrade (ex ministro de trabajo), y con el mantuvieron permanente contacto telefónico las personas que se encontraban en "El Tiempo" y los jefes liberales que fueron a Palacio a conferenciar con el Presidente Ospina. La policía armó a 2000 ciudadanos para tumbar a Ospina.
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