Colombia, 16 de Abril de 2014
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Don Jose Maria Arango Carvajal y Cordoba Don Jose Maria Arango Carvajal y Cordoba

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Ruy Díaz de Vivar

Ruy o Rodrigo Díaz de Vivar es la máxima expresión de la caballería y su época. Su valor, gallardía, rectitud y lealtad son inigualables. Tras su muerte se convirtió en una verdadera leyenda. Ni el mismo habría podido imaginar la trascendencia  de su vida, tema obligado dRuy Díaz de Vivare juglares y trovadores quienes cantan sus épicas aventuras durante siglos, rodean la figura del hombre y lo convierten en leyenda. El Canto del Mío Cid trata de Rodrigo y su vida según los juglares trovadores, pero su biografía esta en la Historia Roderici y el Carmen Campidoctoris.

Rodrigo nace entre 1043 y 1048 en Vivar, un pueblito castellano fronterizo con Navarra. El cercano pequeño poblado de Ubierna ya era de aquel reino y probablemente hablaran vasco o este estuviese muy difundido. Cuando Fernando I de Castilla derrota a los navarros en Atapuerca (1054) empieza el descenso del navarro. Para entonces Rodrigo Díaz es apenas un niño, vio a su padre, Don Diego Laínez como victorioso caballero sobresalir al recuperar de Navarra para Castilla el Castillo de Ubierna, a unos pocos kilómetros de su pueblo, luego alzarse con el Urbel, y por ultimo venciendo para siempre a sus adversarios en batalla. 

Según la leyenda, se cuenta que Rodrigo derrotó y apresó cinco reyes moros, en Vivar y ante su madre los liberó. Fray Prudencio de Sandoval añade a la leyenda, cuando afirma que después de examinar viejos documentos (seguramente refiere a un manuscrito del siglo XIV conocido como "de las Mocedades de Rodrigo"), concluye que, Rodrigo se casó en primeras nupcias con Jimena Gómez, y luego con Jimena Díaz; con la primera a raíz de un encuentro con el Conde Don Gómez de Gormaz, en la cual le mató, y que la hija del Conde muerto, ante el Rey Fernando rogó que para resarcir aquella muerte, se debería casar con "el matador". Siendo esta petición de la ofendida aceptada tanto por el rey, como por el mismo Cid y por lo tanto habría sido el propio Obispo de Palencia quien habría bendecido la unión. Todo entra dentro de lo que se cuenta, lo posible y la leyenda.

Huérfano de padre a los quince años, al parecer por las influencias de su madre, durante cinco fue levantado en la corte de Fernando I, siendo amigo del Infante Sancho, varios años mayor y que después seria conocido como "El Fuerte". Rodrigo recibe una educación formal en derecho que le traerá muchas ventajas.

Desde antes que el Infante Sancho asuma la corona de Castilla, le arma caballero en Zamora hacia 1060 en la Iglesia de los Caballeros. En 1063 le acompañó en la defensa de el Taifa de Sevilla, Moctadir, batiéndose con Ramiro I de Aragón en Graus, donde fallece el primer Rey de Aragón.

Al recibir Sancho la corona de Castilla, lo nombra Alférez Real, Jefe de las tropas reales. De allí en adelante lo encontramos guerreando en Zaragoza, Coimbra y Zamora. Escalando posiciones llega a ser "Príncipe de la hueste". A los veintidós años fue Campidoctor" o Campeador, venciendo en Pazuengos. Su ardor y capacidad de combate lo llevan a vencer a Jimeno Garcés, resolviendo un litigio fronterizo con Navarra y dando así fin a la Guerra de los Tres Sanchos.

Sancho deseoso de recuperar el imperio de su padre, va tras las herencias de sus hermanos, Alfonso quien tiene León, García tiene Galicia, Urraca recibió Zamora y Elvira tiene Toro.

Rodrigo se destaca en las victorias castellanas de Llanada (1068) y Golpejera (1072) donde Alfonso cae prisionero. Así Sancho es coronado Rey de León y Galicia el 7 de octubre. La toma de Toro es fácil. Con Galicia, León y Toro, Sancho y Rodrigo se dirigen a Zamora en busca de Urraca. La nobleza leonesa rechazó a Sancho, se sublevó y buscó a la Infanta en Zamora. Sancho II, con la ayuda de Díaz de Vivar, sitió la ciudad y la Historia Roderici dice de Rodrigo:

"casualmente Rodrigo Díaz luchó él solo con quince caballeros contrarios, siete de los cuales vestían loriga (cota de malla). Uno resultó muerto, dos heridos y caídos en tierra y todos los demás puestos en fuga."

Pero viene Bellido Dolfos y asesina al Rey.

Según el Cantar del Mío Cid, adolorido por la muerte de su amigo y Rey, Don Sancho, Ruy en calidad de Alférez Real, comete el error de obligar al Alfonso VI, jurar que no tuvo ninguna participación en el crimen antes de posesionarse como Rey en Santa Gadea de Burgos. Este hecho seguramente influenciara en la futuras relaciones entre los dos. Según la Historia Roderici este evento nunca sucedió. Lo cierto es que entre Alfonso VI y Ruy hay unas relaciones aceptables aunque no tan cercanas. Alfonso lo destituye del cargo de Alférez Real para nombrar a García Ordóñez, un caballero de mayor confianza. La verdad es que aunque Ruy no tomara el juramento en Santa Gadea, había luchado y derrotado a Alfonso, de allí la prevención de este último hacia él.

El CidAhora sirviendo a Alfonso, el rey decide casarlo con Jimena Díaz de Oviedo, su "sobrina", nieta de la Infanta Jimena de Asturias, lo que eleva notablemente la categoría social de Rodrigo. Para entonces Rodrigo también ha hecho fortuna y es Señor o sea dueño de Señorío. Según su carta de arras matrimoniales conservada en el archivo catedralicio de Burgos, entrega a su esposa el 50% de su patrimonio, que para entonces consistía en la nada despreciable cifra de unas 80 villas. Tras su matrimonio sale para Asturias donde se valora su preparación jurídica ya que actuando como juez resuelve varios procesos.

Entre 1075 y 1079 permanece en Castilla y nacen sus tres hijos, dos mujeres y un varón. En 1079 es enviado por Alfonso a cobrar los parias de los reyes Taifas de Sevilla y Córdoba. Estando en Sevilla, al-Mut'amid, el Emir, es atacado por su enemigo Abd Allah, Rey de Granada apoyado por el Alférez Real de Alfonso VI, García Ordóñez, Fortun Sánchez, García, Lope Sánchez y Diego Pérez, todos con sus respectivas mesnadas.

Deseando evitar una confrontación, Ruy o Rodrigo envía una comunicaron rogando se retiren ya que él se encuentra en una misión oficial de Rey.

Rodrigo aun muy novato en tramas palaciegas desconocía las políticas que hacia los Taifas manejaba Alfonso y al parecer, este fomentaba las revueltas entre ellos con el fin de debilitarlos, mantenerlos disminuidos y desunidos. En 1081, los moros se lanzaron contra Gormaz. Rodrigo no se hizo esperar y los derrotó recuperando Gormaz  y campeando en tierras toledanas obtuvo un gran botín y miles de prisioneros. Lo que Díaz de Vivar no sabia es que Alfonso se encontraba en Toledo apoyando a al-Qadir, líder de una facción favorable a Castilla. La entrada de Rodrigo había puesto en peligro al Rey y había luchado contra los aliados de al-Qadir. El Rey monto en ira regia y ordenó el destierro para Ruy en 1081. Al salir exiliado, Rodrigo se preocupa por su familia, dejándola en Cardeña y parte: 

Mio Cid Roy Diaz por Burgos entrove, En sue compaña sessaenta pendones; exien lo ver mugieres e varones, burgeses e burgesas por las siniestras sone. De las sus bocas todos dizian una razone: "Dios, que buen vassallo, si oviese buen señore!"

No se va solo pues con el va su mesnada, otros trescientos caballeros castellanos. Ofrece sus servicios y su ejército a los Condes mellizos de Barcelona, Ramón Berenguer II y hermano Berenguer Ramón II. Al parecer no se pudieron poner de acuerdo, desiste de su intención y Díaz de Vivar se pone al servicio del Rey de Zaragoza. Este lo recibe alborozado sabiendo que los parias que ha cancelado durante años a Castilla son cifras muy superiores al costo del Campeador.

Ese año cuando inicia su relación con al-Mu'tamid, debe ayudarle contra su hermano al-Fagit quien aliado con Sancho Ramírez de Aragón y Berenguer Ramón II, se niega servirle como le corresponde. Ruy los derrota en la Batalla de Almenar, capturando al Conde Berenguer. En Zaragoza los moros le reciben alborozados al grito de "sidi" y es de aquí en adelante que se denominara "El Cid".Ruy Díaz de Vivar

En 1082, el Cid en un acto de extrema nobleza y lealtad, rescata en el Castillo de Rueda al Rey Alfonso, demostrando su lealtad incondicional hacia el soberano. Alfonso reconsidera el destierro de Ruy y le pide que regrese a Castilla pero no le ofrece condiciones lo suficientemente atractivas por lo cual continua al servicio de Zaragoza pero esta vez con plena gracia real.

Al-Mu'tamid le ordena castigar las tierras de Aragón. El Cid entonces ataca durante una semana obteniendo amplios botines. Sancho, el Rey, no se atreve a desafiarlo. En 1084 nuevamente al-Fagit se siente amenazado por el Cid y aliado con Ramiro Sánchez vuelven a atacarle. Según la leyenda, las tropas de los aliados acampan en cercanías a las del Cid. Los Reyes piden se retire y contesta el Cid:

"Si el Rey, mi Señor quiere pasar en paz por aquí, y le ayudare con mucho gusto, no solo a el, sino a todos sus hombres; además, si lo tiene a bien, le daré cien de mis caballeros, que le sirvan y le acompañen en su camino.

Nuevamente son derrotados, quedando varios nobles prisioneros por quienes pide rescate (lo usual en esa época). La toma de Toledo en 1086 por Alfonso VI, despierta grandes temores en los andalusíes quienes piden ayuda al fanático Yusef Ben Tashfin, Jefe de los curtidos y audaces guerreros almorávides:

El ha venido pidiéndonos pulpitos, minaretes, mihrabs y mezquitas para levantar en ellas cruces y que sean regidos por sus monjes. Dios os ha concedido un reino en premio a vuestra Guerra Santa y a la defensa de sus derechos, por vuestra labor y ahora contáis con muchos soldados de Dios que, luchando, ganaran en vida el paraíso.

Yusef Ben Tasfin en 1086 desembarca en Algeciras con sus ejércitos de fervientes y sectarios musulmanes y encuentra unas hermosas y fértiles tierras, un relajamiento en el islamismo de los Taifas, la división entre ellos y la tolerancia con judíos y cristianos. Todo inaceptable para su rígida condición de estricto observador del sagrado libro, Mudawana. Tantas condiciones favorables, lo llevan en ambicionar el territorio para si. 

El 23 de octubre de 1086 los almorávides derrotan en la sangrienta batalla de Sagradas al Rey Alfonso VI. Los Taifas apoyados por Yusef Ben Tashfin se levantan y niegan el pago de los parias, lo que evidencia el debilitamiento de Castilla. Nuevamente la lealtad incondicional del Cid se manifiesta en auxilio de su Rey. La derrota de Sagradas viene acompañada de la providencia. El intolerante Yusef Ben Tashfin debe regresar de inmediato al África.

Esta derrota lleva a Alfonso el encomendar la defensa de la zona levantina a nuestro héroe. Entre 1087 y 1089, hizo tributarios para Castilla, los moros taifas de Albarracin y Alpuente e impidió que la ciudad de Valencia, gobernada por el Rey al-Qadir, aliado castellano, cayera en manos de al-Mu'tamid y del Conde de Barcelona, Berenguer Ramón II. Su cercanía con el Rey de Castilla crece y es recompensada con nuevos señoríos y la posesión de las tierras moras que conquiste.

En 1089 el Castillo de Aledo alberga las tropas del caballero García Jiménez quien hace entradas en Sevilla. Al-Mu'tamid nuevamente se dirige a Yusef Ben Tashfin quien regresa de Africa y con los ejercitos de Sevilla, Granada, Malaga, Almeria y Murcia sitia el Castillo de Aledo. Garcia Jiménez pide ayuda a Castilla donde Alfonso sale de inmediato en su defensa. El Rey pide al Cid que una sus fuerzas con las de el para enfrentar entre los dos, esta nueva amenaza de los moros. 

El Cid y Alfonso empiezan a jugar al gato y raton. El Cid sale para Jativa y el Rey le dice que esta en Toledo. El Cid se va a esperar al Rey en Onteniente y el Rey lo espera en Villena. El Cid se va para Felin y se entera que el Rey ya salio para Veillena hacia Aledo. Cuando por fin se encuentran, el Rey ya ha levantado el sitio y nuevamente estalla en ira regia acusando esta vez, al Cid, de traición.

Ordena su destierro con el agravante de confiscar todos sus bienes y arrojar a su familia, mujer e hijos, en mazmorras. El Cid debe suplicar por ellos y el Rey cede pero los extraña de Castilla unidos al exilio decretado contra el. Las condiciones de este segundo exilio ofenden profunda y dolorosamente a Ruy. Con gran resentimiento, mesnada y huestes, se va de Castilla.

Tras una vida de luchar por otros, decide que lo hará para si mismo. A partir del segundo destierro campea por la zona levantina, área que conoce y en la que es muy conocido. Obliga a los Taifas le paguen a él sus parias y se convierte en la figura mas poderosa y popular de su época. Pronto se hace fuerte y Levante es suyo. 

El intolerante Yusef Ben Tashfin nuevamente aparece. Se toma Granada tras lo cual concentra sus esfuerzos en la Sevilla de al-Mu'tamid. En 1091, Alfonso VI sale en su apoyo. Los castellanos, le aconsejan apoyar al Rey. Antes de partir de Valencia, Rodrigo llama a Ben al-Faray para su gobierno quien es apoyado por un destacamento de sus mejores hombres. Así Rodrigo se une a Alfonso y vuelve a estar en gracia real. Pero ya la relación es mucho más fría y no como antes. 

Al acampar, las huestes de Ruy lo hacen delante de Alfonso, quien asume que el Cid esta jactando, presumiendo. No le gusta la nueva actitud de su antiguo vasallo. El almorávide no les enfrenta, así Alfonso y el Cid se dirigen a Toledo. En Ubeda, el Rey ordena la detención de Rodrigo y la reprocha su actitud. Esto ocasiona su fuga hacia Valencia.

Yusef Ben Tashfin se toma Sevilla en septiembre y prepara su avance hacia Levante. El Cid prepara su defensa y se fortifica en el Castillo de Peña Cadiella, sin embargo Yusef no se siente lo suficientemente fuerte para enfrentarle. Así Ruy no tiene motivo para temerle y acomete la tarea diplomática de lograr un tratado entre el Rey de Aragón y el Zaragoza.

Alfonso decide ir por Levante y solicita alianza con Aragón y Barcelona. Ambos tienen acordado pacto de no agresión con el Cid, así que no se atreven a romperlo, pero sí campean con Alfonso sin incursionar en los territorios de Ruy. Alfonso entra en Valencia y exige un gigantesco tributo. El asedio hace fuertes a los almorávides quienes de inmediato piden ayuda a Ben Yehhaf de Murcia, uno de los generales de Yusef Ben Tashfin. 

Esta reacción de Alfonso sobre Valencia lleva al Cid en atacar Castilla. Sale de Zaragoza y saquea todo lo que encuentra en su camino. Entró por Calahorra y Nájara y ocupa Alberite y Logroño. Solo aparece su antiguo enemigo, García Ordóñez en Alfaro, pero tampoco es capaz de enfrentar las huestes del Cid. Alfonso conciente de que no hay quien desafíe a su antiguo vasallo y viendo los estragos que ésta causando sin encontrar resistencia, opta nuevamente por revocar el destierro y devolverle sus bienes incautados. Otra vez le pide a Díaz de Vivar que regrese a Castilla, pero el daño ya esta hecho. 

Su protegido de Valencia, al Qadir muere asesinado al caer la ciudad en manos del almorávide Ben Yehhaf. El Cid no se va para Castilla, por el contrario en 1093 retorna a Valencia, la ciudad fuerte de su Señorío en Levante. Se encuentra a los almorávides que se dirigen Lérida y Zaragoza y los detiene en Yubella. Al sitiarla exige la expulsión de los almorávides, pero estando en cercanías Ben Yehhaf, con sus huestes, estos se sienten respaldados y se niegan a desocupar. Son veinte meses de asedio lo que se necesitan para que la ciudad se rinda incondicionalmente y por fin entra en ella victorioso Rodrigo. 

Tras sitiar Valencia en 1092 por fin en 1094, el Cid entra triunfante y se convierte en Señor. Otorgó a la ciudad un estatuto de justicia, restauró el cristianismo y al mismo tiempo renovó la mezquita de los musulmanes, emitió moneda, e hizo una corte de tipo oriental con poetas árabes y cristianos, además de los mas eminentes en leyes. Envió un regalo a su Rey, Alfonso, e hizo que Jimena, su mujer y sus hijas, viajaran de Cardeña hasta Valencia para reunirse con él, donde se radicarán.

Aún habría de combatir en numerosas batallas. Ese año enfrentó al almorávide Mamad, sobrino de Yusuf Ben Tashfin, el cual se presentó a las puertas de Valencia, dicen con 150000 caballeros, dato seguramente exagerado, pero la verdad es que sí era un ejercito lo suficientemente grande para que Rodrigo pidiese ayuda a Alfonso y a Pedro I, Rey de Aragón.

Sin embargo, según parece, esta solicitud fue una táctica para hacer creer a los almorávides de la debilidad de la fuerza militar en Valencia. El Cid sacó de la ciudad la mitad del ejército que furtivamente se colocó a espaldas de los almorávides quienes atacan el desguarnecido campamento. Al mismo tiempo el resto del ejercito sale de la ciudad y enfrenta a Mamad. Los moros viéndose atacados por los dos lados creyeron que había llegado la ayuda de Alfonso y Pedro. Suponiéndose superados pierden el valor y huyen. Tan grande fue la victoria, como grande fue el botín.

En Valencia año de 1099 muere el Cid Campeador, al parecer de unas fiebres. Su fama fue tan grande, según la leyenda, bastaba sacar sus armas al frente del ejército para que los enemigos huyeran despavoridos.

 
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