Los Cundinamarca,
Chibchas del Altiplano
Manuel Sagipa Bogotá
masabogota@gmail.com
1492
El sabio Nemequene, Zipa (rey) en el sur del altiplano, había sucedido al gran Saguamanchica Rey de los Bogotaes, el mismo que usurpó el zipazgo al Rey de Guatavita y dedicado todos sus esfuerzos en la organización del estado cundinamarca. Había establecido el código de su nombre que incluía las bases para la legislación civil y política del Estado.
Grandes reformas se practican. El gobierno se dividió en ramas para su administración. Se crearon cargos como el cuasi virreinato del Rey de Suba, cuyos fallos judiciales eran inapelables. La nueva legislación prohíbe el abandono de la esposa o tegueyes (concubinas). Quienes lo hacen son penalizados, así como hay castigos por actos contra la moral, el adulterio y la homosexualidad.
La organización legislativa y política que el Zipa Nemequene ha venido dando al país, lo organiza y prospera. Hay hoy 56 tribus de pueblos cundinamarca, con más de 2'000.000 de habitantes, viven en un altiplano resguardado por los picos de los Andes a 2.600 m.s.n.m.
Es un estado incipiente, federativo y hay insubordinaciones. Dada la pluralidad de frentes en que se tiene que desempeñar militarmente, la ayuda de su sobrino y heredero, el rey Tisquesusa, Cacique de Chía, es grandemente apreciada y valorada. Ha tenido que enfrentar a los Reyes de Ubaté, Zipaquirá, Ubaque y Guatavita. El Rey de Zipaquirá, quien tiene las salinas, fuente de inmensa riqueza, persiste en sus levantamientos pero es aplastado por las tropas del Zipa.
Sus habitantes han domado la agricultura y sus técnicas con canales de riego generan excedentes de producción para la exportación. Han logrado generar varios productos intercambiables como maíz, sal y tejidos. A cambio reciben importaciones de algodón, oro y comestibles de las tierras bajas y cálidas.
No han desarrollado una escritura, desconocían la rueda, la pólvora y no habían domesticado animales para su beneficio pero a cambio han logrado importantísimos avances religiosos.
Hay muchas aldeas o más bien conglomerados. Todos tienen sus días de mercado. Los habitantes se reúnen con el fin de aprovisionar los elementos necesarios para las próximas jornadas. Es una ceremonia curiosa. En las explanadas escogidas para el mercado llegan los mercaderes temprano, escogen su ubicación, extienden esteras sobre las cuales exhiben sus productos y se dedican al comercio.
No se ven niños jugando, ni mercaderes y compradores regateando y alegando, no hay bullicio, ni gritos sino en perfecto silencio el cliente llega al puesto del cazador y le señala sus esteras para intercambio, muestra con la mano 2 dedos indicando la cantidad a negociar y señala seis patos silvestres de los que ofrece en su puesto el cazador. Este niega con la cabeza y señalando las esteras del cliente, muestra la mano con tres dedos, indicando que son tres esteras por los seis patos. En otro puesto alguien ofrece una manta de algodón por redes para pájaros. Hay puestos de yerbateros quienes ofrecen remedios para la salud, para la religión y la cocina. Están los importadores-exportadores, traen de las tierras bajas y cálidas oro, algodón, frutas y en fin todos los elementos que no se producen en el altiplano. Están los comerciantes en figuras de oro o tumbago para cumplir las ofrendas con fines religiosos. Están los puestos de los alfareros quienes ofrecen su producción de múcuras y todo tipo de vasijas para múltiples usos. Los agricultores intercambian los frutos de sus parcelas, maíz, yuca, ají, ahuyama, papa, yaji, ñame, arracacha, los cubios, ibios, frijoles, calabazas, tomates y cacao. También hay puestos de frutas con piñas, pitayas, guayabas, aguacates, curubitas, arrayanas y melones. Hay puestos con tabaco y otros con coca o hayo. Los detallistas de sal rompían con fuertes mazos de piedra las feas y ordinarias vasijas para vender al detal. Los cazadores llevan sus presas de pescados, conejos, patos, curíes, cangrejos, codornices, caracoles y gallinetas. El venado no se ve pues es únicamente para los grandes señores, los usaques y Reyes.
Nuevamente hay rebeliones. Los Reyes de Ubaque, Ubaté, Susa y Fuquene se sublevan y son derrotadas por el joven y brillante General Tisquesusa, primer Usaque o Señor del Gran Rey de Bogotá, el Zipa.
El rey Nemequene lo ha enviado a sacar a los Panches del territorio Cundinamarca que han invadido. Esto ha servido para disciplinar el ejército en las fronteras y posteriormente permitirle derrotar a los sublevados.
Con un poderoso ejército de cuarenta mil guechas (soldados), el general Tisquesusa ha unificado el reino de Nemequene. Con este gran poderío Nemequene se prepara para enfrentar al Zaque Quemuenchatocha de Hunsa, el otro poderoso rey del altiplano, cuyo reino se encuentra al norte del suyo.
La mayoría del pueblo es campesino. No están interesados en los éxitos y hazañas de sus Reyes y usaques (señores, nobles), ni en las políticas de estado. Viven muy alejados de estos asuntos al fin y al cabo cualquiera quien sea el gobernante de turno, para ellos es igual, seguirán siendo vasallos, seguirán en sus labores y apenas lograran obtener su subsistencia.
La mayoría están en la seguridad del campo donde trabajan y rara vez tienen visitas de algún funcionario estatal. Si se requiere hacer algún trabajo para los nobles o reyes, los corredores o cachas se lo harán saber en el momento debido. Son un pueblo pacifico y trabajador.
Sin embargo Nemequene a través de su legislación ha logrado que los súbditos del reino se integren más al estado y tengan una vida más justa. Es el único Rey que se ha interesado en su bienestar y ha buscado que reine la justicia. Es la primera vez que el pueblo se ha sentido integrado a un lejano estado y la mayoría de las veces en extremo opresivo. Se sienten unidos al nombre del sabio sin reconocer este mismo sentimiento para sus señores feudales.
Año 1.514
Las condiciones para enfrentar al Zaque se han dado. El objetivo es imponer el reino de los Bogotaes en todo el altiplano, acabar con la federación que mantiene el Hunsa o Zaque.
El ejército esta listo. Se viene preparando hace mucho tiempo. Nuevamente las fuerzas de los dos colosos se enfrentan en los límites de ambos reinos, Chocontá.
La batalla es cruenta. Ambos soberanos animan sus hombres a la lucha más feroz. Nemequene permanece en el frente ordenando ataques y contra ataques. Quemenchatocha se defiende y ataca haciendo retroceder los avances bogotaes. La batalla parece entrar en un estado del cual no habrá ganador. Nemequene insiste y por fin se vislumbra una ventaja bogotae sobre los hombres de Hunsa. La ventaja se va haciendo notoria, es cuestión de tiempo para que los hunsa tengan que hacer su retirada.
Uno de los calpixques (capitanes) de Quemuenchatocha distingue fácilmente al Zipa, quien ataviado esplendorosamente en su uniforme de comandante, se encuentra siempre en el frente de batalla. El Capitán apunta con su quesque (lanza dardos), un dardo venenoso contra el líder enemigo. Sorprendentemente su disparo es certero, exacto. El Zipa cae, herido en el pecho. Sus hombres, los bogotaes se desconciertan, lo alzan, lo colocan en su litera de oro y corren del campo para salvarlo. El retiro del ejército bogotae no implica la victoria del pueblo Hunsa, ni la derrota de los seguidores del Zipa.
Todos los esfuerzos hechos en pos de salvar al rey son en vano y el sabio Nemequene muere. El gran Popón, Xeque (sacerdote) de Ubaque ha empleado a fondo todos sus conocimientos médicos y no ha podido impedir el fallecimiento del sabio. Hay luto en el reino del Zipa.
Su sobrino y heredero, Tisquesusa ha encomendado el mando del ejército a su hermano Saquecipa y se ha retirado del gobierno en Bogotá para asistir al entierro de su tío. Deberá viajar a Guatavita donde será consagrado Zipa tan pronto se acaben las ceremonias fúnebres.
La celebración del entierro del Zipa es impresionante. Las multitudes acongojadas se aglomeran llorando la ida de quien les ha favorecido durante tantos años. Solo esperan que Tisquesusa, el sucesor, mantenga su política de trabajar y ayudar al pueblo.
El entierro se lleva acabo y 40 esclavos han abierto una inmensa fosa donde serán colocados los restos mortales del más grande adalid de los Bogotaes.
Su cadáver embalsamado por los xeques, ha sido rellenado con múltiples tesoros, así como su cuerpo ha sido recubierto con finísimas láminas de oro. Copiosas viandas, cantidades de múcuras con chicha, una gran provisión de hayo, un inmenso poporo de oro y los mejores trajes del Gran Señor han sido colocados en un riguroso orden dentro del sepulcro. Estará acompañado de todo su servicio y mujeres.
Su esposa y tegueyes (concubinas), esclavos y sirvientes han recibido una precisa dosis de borrachero, una planta embriagadora y tranquilizante para que puedan soportar apaciblemente su paso al otro mundo. Ceremoniosamente van bajando engalanados en sus mejores vestimentas y riguroso orden de jerarquía a su última morada, al lado del Rey fallecido, en su tumba.
Por ahora el Zaque se ha logrado mantener. Su poder y autoridad siguen intactas. Su derrota en la batalla de Chocontá era inminente, pero el certero golpe de su capitán le ha salvado su reino, ahora deberá enfrentar al nuevo Zipa, el Rey Tisquesusa.
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