Colombia, 20 de Abril de 2014
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Las Elecciones Presidenciales de 1960

Sin embargo las elecciones presidenciales de 1960 en Estados Unidos presentaron como novedad la transmisión de debates políticos televisivos entre los dos candidatos, Richard M. Nixon y John F. Kennedy. El primer debate el 26 de septiembre estuvo centrado en los asuntos domésticos estadounidenses. El segundo el 7 de octubre, tan álgido fue, que se continuó el 13 de octubre y el 21 de octubre durante el debate final, los candidatos se concentraron en las relaciones con la Cuba recién conquistada por los rebeldes de Fidel Castro. Kennedy, desconociendo los planes gubernamentales, fustigó al Presidente Eisenhower de no hacer lo suficiente contra Castro. En cambio Nixon conocedor a fondo de los hechos, debía mantener silencio ante la posibilidad de implicar al gobierno de intervencionismo en una nación extranjera.

El Presidente Eisenhower brinda un sincero apoyo a Nixon. Decía a sus amigos: "haré cualquier cosa para evitar entregar mi silla a Kennedy." En realidad solo entró a la campaña en la recta final y más bien le hizo daño a su candidato. Cuando periodistas le pidieron, al final de una conferencia de prensa, el que nombrara  una de las ideas políticas que Nixon le hubiese aportado, bromeó: "Si me das una  semana, alguna se me ocurrirá". La campaña de Kennedy utilizó esta cita en uno de sus anuncios publicitarios.

Por primera vez los electores pudieron apreciar a sus candidatos compitiendo por  cargos de elección popular. Los setenta millones de televidentes quedaron embrujados por el carisma y la fluidez oratoria del joven Senador Kennedy, muy bien parecido, luciendo un bronceado californiano, sus sólidos argumentos de poner en marcha la nación de nuevo para superar a los soviéticos logró equilibrar la balanza electoral y efectivamente ese noviembre ganó las elecciones por un estrechísimo margen, aunque hubo claras acusaciones de fraude electoral.

En el fondo Kennedy consideraba que la política de Eisenhower hacia Cuba había sido errónea. "En lugar de ayudar a Cuba alcanzar su muy necesario progreso económico, se había utilizado la influencia del gobierno para avanzar en los intereses y aumentar las utilidades de las compañías privadas estadounidenses que dominaban la economía de la isla y había dado altura y apoyo a una de las dictaduras más sangrientas y represivas en la historia de Latinoamérica. Mientras permitimos que Batista nos colocara de lado de la tiranía, nada hicimos para convencer al pueblo de Cuba y Latinoamérica que queríamos estar de lado de la libertad."

¿Que se podía hacer con Castro en este momento? Respondió JFK: "Nada podemos hacer sino por medio de la OEA y la mayoría de los miembros de la OEA no quieren hacer nada. Nuestra mayor esperanza para impedir la influencia castrista es ayudando las democracias genuinas en el resto del continente."

El padre de John F. Kennedy, Joseph Patrick Kennedy era un inescrupuloso millonario cuya fortuna se había logrado mediante el contrabando de licores en la era de la prohibición, antes del crash de 1929 hábilmente había invertido en finca raíz y de allí en adelante utilizando información privilegiada, amasó una inmensa fortuna en la bolsa de valores. Colaboró extensamente en la campaña presidencial de 1932, su colaboración fue recompensada por Roosevelt en la SEC, la comisión de vigilancia de la Comisión de Valores. Roosevelt de inmediato recibió críticas por haber colocado a un "bandido" en semejante posición. Su respuesta, "se requiere un bandido para capturar a otro", con lo terminó la discusión.

Para 1950 Joe Kennedy era considerado uno de los 15 hombres más ricos de los Estados Unidos. Su desaforada ambición lo llevó a creer que podría alcanzar la presidencia de su país. Con este fin financiaba al partido demócrata del cual era miembro. Había logrado que el Presidente Franklin D. Roosevelt lo nombrara embajador ante la corte del Rey Jorge VI de Inglaterra meses previos a la Segunda Guerra Mundial. Al desatarse la guerra, Kennedy huyó de Londres para resguardarse en la campiña inglesa recibiendo toda suerte de críticas por su evidente cobardía. Pronto Kennedy se enfrentó con Winston Churchill para quien la política de apaciguamiento que llevaba el Primer Ministro Neville Chamberlain con respecto al líder de la Alemania Nazi, Adolfo Hitler, era inadmisible. Kennedy un admirador de Hitler y un firme creyente en la capacidad de Alemania para derrotar a los aliados, se vinculó a la cuestionada política de Chamberlain. En una visita efectuada a los Estados Unidos en 1940, hizo el desafortunado comentario a un miembro del Boston Daily Globe de considerar que la democracia había terminado en el Reino Unido y posiblemente en los Estados Unidos. El comentario se convirtió en titulares de prensa con lo cual arruinó su propia carrera política y tuvo que renunciar a su posición de embajador.

De regreso a su país se dedicó a sentar las bases de alcanzar la presidencia para uno de sus hijos. Utilizaría su fortuna y todas las conexiones políticas, sociales y financieras que había logrado durante su vida para conseguir su acometido. Fue así como John, su segundo hijo, se inició en política tras finalizar la guerra. Al llegar los comicios de 1960 a pesar de estar al frente de todas las estrategias electorales de John, Joe Kennedy hábilmente mantuvo un discreto lugar para no empañar con su mala fama, la imagen heroica, juvenil y progresista de su hijo. Los republicanos jocosamente sacaron el jingle, "Jack (John) y Bob manejan el show, mientras Ted se encarga de esconder a Joe."

Dentro de los muchos contactos que buscó Joe Kennedy para las elecciones presidenciales estuvo Sam Giancana, el capo mafioso de Chicago. Joe le ofreció el apoyo de la Casa Blanca a cambio de que su hijo John ganara las elecciones en Illinois.

Para noviembre, mes de las elecciones presidenciales, el cuerpo de expedicionarios en Guatemala cobraba vida propia. La escogencia de los miembros de la brigada se había hecho bajo un criterio netamente favorable a la CIA, los verdaderos dueños del proyecto. Se había escogido hombres cuyas necesidades requerían de la escasa ayuda proporcionada por la Agencia. Es decir, se escogió personal dócil, maleable y sobre todo manejable, siempre al gusto de la Agencia. La chequera de Bender imponía las condiciones. Al no tener capacidad de convocatoria sobre las masas en la isla poco podrían lograr influir en un levantamiento de la población y difícilmente, alcanzarían un apoyo a los invasores. Los pocos exiliados con esta capacidad eran mucho menos manejables, mucho más independientes y radicales. No se dejarían manipular por la CIA y menos por el desagradable Bender.

Los hombres reclutados en Trax estaban convencidos, por las mentirosas afirmaciones de algunos militares estadounidenses, que ellos eran apenas el 10% del total de las fuerzas contrarrevolucionarios y habrían varios desembarcos similares y simultáneos. Básicamente se les había convencido que ellos eran la adelantada para 10 mil tropas estadounidenses que les pisarían los talones al ingresar a Cuba. Así el grupo de expedicionarios y el mismo Frente estaban seguros del triunfo pues esa clase de respaldo de los Estados Unidos, lo aseguraba. Las nuevas tácticas y armas que les entregaba la CIA los llenaban de esperanza y deseos de combate. Ya no era posible regresar al concepto de una guerra de guerrillas y mucho menos permitirían se cancelara la misión.

El 8 de noviembre de 1960 se llevaron a cabo las elecciones presidenciales en los Estados Unidos. El mafioso de Los Ángeles, Mickey Cohen asegura que las elecciones fueron "robadas" en Chicago. A última hora los escrutinios del condado de Cook, dominado por la mafia, llevaron a John a la presidencia. Habían sido las elecciones más reñidas de la historia. 49.5% para Kennedy y 49.3% para Nixon. Mucho le debía John F. Kennedy al Outfit (mafia) de Chicago. Así que las acusaciones de fraude sí tenían mucho fundamento.

El 18 de noviembre en Palm Beach, Florida, el Presidente electo John F. Kennedy recibió una copia del operativo organizado por Richard Bissell, de manos del director Allen Dulles. La magnitud del operativo sorprendió al recién elegido. Para que a Kennedy no le quedara ninguna duda, el Presidente Eisenhower le dijo, "es política de este gobierno asistir al máximo las fuerzas guerrilleras anticastristas. En este momento estamos ayudando a entrenar fuerzas anticastristas en Guatemala. Recomiendo este esfuerzo se continúe y acelere". Lo que aparentemente no sabía Eisenhower era que la CIA había determinado que las fuerzas anticastristas serian de guerra convencional y no fuerzas guerrilleras.

Ese mismo noviembre, la prensa de los Estados Unidos comenzó a divulgar los "rumores de la invasión". Se basaban en los artículos periodísticos del mes anterior en "La Hora" y rumores que corrían por la comunidad cubana de Miami. Artículos en el Hispanic American Report y The Nation escritos por Ronald Hilton de la Universidad de Stanford llamaron la atención de lectores estadounidenses. En diciembre la prensa en general comentaba sobre los extraños sucesos de Guatemala.

Mientras el Presidente Eisenhower prepara maletas para dejar la Casa Blanca, John las prepara para mudarse a ella y el Vicepresidente se alistaba para regresar a su estado natal, California, los preparativos contra Cuba continuaban.

Finalizaba así la era Eisenhower y con ella la Doctrina Eisenhower proclamada en enero de 1957 tras la  Crisis del Canal del Suez. Estados Unidos se convirtió en el protector de la mayoría de los intereses occidentales en el Oriente Medio. Destacando la amenaza soviética, la Doctrina Eisenhower, anunciaba la asistencia económica y/o militar de Estados Unidos si una nación se ve amenazada por la agresión de cualquier país controlado por el comunismo internacional, en cuyo caso los EE.UU. estarían "dispuestos a utilizar sus fuerzas armadas". También anuncia el compromiso de las fuerzas de EE.UU. "para asegurar y proteger la integridad territorial e independencia política de tales naciones solicitantes."

Este era el caso del 15 de julio de 1958, cuando había enviado algo menos de 15.000 soldados al Líbano, sin fines de combate como parte de la Operación Blue Bat con el fin de estabilizar el gobierno pro-occidental libanes. Ike quiso brindar apoyo a las fuerzas coloniales francesas en Vietnam que estaban luchando contra insurrección de Ho Chi Ming por la independencia, pero el General Matthew Ridgway le disuadió cuando le presentó la estimación del despliegue militar requerido.

En la medida que la guerra fría se profundizaba, el Secretario de Estado de Eisenhower, John Foster Dulles, trató de aislar a la Unión Soviética mediante la construcción de las alianzas regionales en su contra y una agresiva campaña de la CIA dirigida por su hermano, Allen Welsh Dulles.

Para finales de 1960, en Cuba, la prensa de oposición había sido clausurada y todas las estaciones de radio y televisión se encontraban bajo el control estatal.

Fidel esperando una inminente invasión, exigió la reducción del personal de la embajada estadounidense a tan solo 11 funcionarios. Los demás debían dejar la isla en 48 horas. Buscaba disminuir la capacidad de espionaje de la sede diplomática.

Durante el desfile del 1 de enero de 1961 en la Habana, las Fuerzas Armadas Revolucionarias exhibieron gran cantidad de armamento y equipos militares de fabricación checa y soviética. Estas continuarían creciendo en los siguientes años hasta convertirse en una eficaz fuerza y para América Latina, segunda en poderío tras Brasil.

Ofendidos por las exigencias del gobierno cubano contra su personal en la embajada, el 3 de enero de 1961, apenas 17 días antes de la posesión del nuevo mandatario, el Presidente Eisenhower rompe relaciones diplomáticas con Cuba.

Según Arthur Schlesinger quien hizo un recorrido por Latinoamérica para el recién establecido régimen de Kennedy, la perversión de la revolución cubana era evidente para los líderes de la izquierda democrática en América Latina como Betancourt, Figueres y Haya de la Torre. No así para los intelectuales de izquierda de América del Norte y Europa. Los latinoamericanos consideraban que existía una clara traición al subyugarse la revolución al bloque comunista.

El cambio de gobierno generó un vacío de autoridad sobre el programa de Operación Zapata. Eisenhower ya entregaba a la nueva administración el manejo del gobierno y JFK ocupado en buscar los candidatos ideales para ocupar mil doscientas posiciones de su nueva administración. Esto permitió mayor libertad a los operativos de campo de la CIA y siendo que la fuerza de combatientes en Guatemala aun era demasiada pequeña para el nuevo plan de la central de inteligencia estadounidense, el reclutamiento se convirtió en prioridad y se presionó a George H.W. Bush y Félix Rodríguez en Miami, para incrementar el número de combatientes.

El 10 de enero, 10 días antes de la posesión del nuevo presidente, el New York Times da la noticia en primera página bajo los titulares, "Estado Unidos ayuda a entrenar fuerza anticastrista en base secreta guatemalteca". La revista Time afirmaba sobre la generosa financiación al Frente Revolucionario Democrático en contraste con la ayuda negada a Manuel Ray y su MRP. Incluso afirmaba la revista que, "Mr. B. el agente de la CIA a cargo, había sugerido repetidamente que el MRP debía recibir ayuda del Frente." A pesar de estar el plan al descubierto, el gobierno de Eisenhower se hizo el desentendido y el operativo continuó.

El 17 de enero de 1961, Eisenhower, pronunció su alocución final y ésta fue televisada a la nación desde la Oficina Oval. En su discurso de despedida, Eisenhower planteó la cuestión de la Guerra Fría y el papel de las fuerzas armadas de los Estados Unidos. Describió la Guerra Fría, diciendo: "nos enfrentamos a una ideología hostil de alcance mundial, atea en carácter, implacable en su propósito e insidiosa en sus métodos ..." y serenamente advirtió de los peligros que encarnaba el inmenso complejo militar industrial si este alcanzaba una influencia injustificada y terminó diciendo: "Sólo una ciudadanía alerta e informada puede obligar el engranaje adecuado de la enorme maquinaria militar industrial con nuestros métodos y objetivos pacíficos, de modo que la seguridad y la libertad puedan prosperar juntos."

El Presidente John Fitzgerald Kennedy

El 20 de enero de 1961 se posesiona el nuevo Presidente de los Estados Unidos. El nuevo ocupante de la Casa Blanca llegaba con una hermosa pieza oratoria para su primera alocución presidencial que si bien estaba plagada de referencias a la guerra fría que heredaba, pregonaba una nueva relación con América Latina y la solemne promesa de defender del intervencionismo soviético el continente americano. Ofrecía su inquebrantable voluntad de situar a USA en la cúspide de la carrera espacial y armamentista. En uno de sus apartes afirmó: "….a ese medio mundo de personas en chozas y villas luchando romper los lazos de la miseria, prometemos nuestros mayores esfuerzos durante el tiempo que sea requerido, para ayudarles a que se ayuden a sí mismos, no porque los comunistas lo están haciendo o porque busquemos sus votos, pero porque es lo correcto. Si una sociedad libre no puede ayudar los muchos pobres, no podrá salvar los pocos que son ricos." Y en referencia a Latinoamérica afirmó: "A nuestras hermanas repúblicas al sur de la nuestras fronteras hacemos un juramento especial: convertir nuestras buenas palabras en buenas obras en una nueva alianza para el progreso con el fin de asistir hombres libres y gobiernos libres en sacudirse de las cadenas de la pobreza……."

Eisenhower sería recordado por el inmenso contraste entre los dos jefes de estado, el saliente y el entrante. El Presidente de mayor edad, entregaba el cargo más alto de su país, al mandatario elegido más joven de la historia. Sería seriamente criticado a finales de la década de los años sesenta y setenta y duramente cuestionado a pesar de sus órdenes para el uso del ejército, algo sin precedentes, para resolver una situación de segregación racial en un colegio de Little Rock. Las críticas se sustentaban en el haber negado mayor apoyo al movimiento de los Derechos Civiles en la medida que deseaban los activistas. Sin embargo no hay duda que fue el verdadero comienzo al reconocimiento de los derechos civiles en los Estados Unidos. También fue duramente cuestionado por el manejo del incidente en 1960 de avión U-2 espía derribado sobre la URSS, además se le culpaba del rezago en la carrera espacial y sobre todo en la carrera armamentista, ambas con la Unión Soviética. Según sus críticos otro lunar de su presidencia fue la infame cacería de brujas del macartismo al que no se opuso y recibió violentas censuras por no defender al General George Marshall de los inclementes e infundados ataques de Joseph McCarthy. En privado deploraba las tácticas y acusaciones del macartismo pero en público nunca se pronunció.

Así el joven Presidente John Kennedy hereda un cuerpo de exiliados cubanos entrenando bajo instructores estadounidenses en Guatemala, un comité de políticos cubanos bajo control estadounidense en la Florida, un plan para utilizar los exiliados en una invasión a su patria, quienes además deben instalar el comité político en suelo cubano como gobierno provisional de Cuba libre. La mayor preocupación de JFK era la posibilidad de que se acusara a su gobierno de intervencionismo.

El Comandante de las Fuerzas Armadas (Chairman of the Joint Chiefs of Staff), General Lyman Lemnitzer en una reunión el 28 de enero de 1961, ocho días tras la posesión de Kennedy, habló en contra de la invasión en virtud a que él consideraba que las fuerzas de Castro ya eran demasiado fuertes. El mismo Secretario (ministro) de Defensa Robert McNamara estima que todas las medidas encubiertas contra Castro incluyendo propaganda, sabotaje, acciones políticas y la invasión no producirán "el acordado anhelo nacional de derrocar a Castro".

No fue una decisión fácil. Había muchos en contra y muchos a favor. Hubo un permanente lobbying por parte de los altos directivos de la CIA con su director Allen Dulles a la cabeza y el subdirector, General Charles Cabell, así como también militares de alto rango. El argumento central era muy convincente. Se le preguntó a Kennedy si estaba dispuesto en apoyar, como lo habían hecho los republicanos, el permitir y asistir a estos exiliados liberar su propia isla de una dictadura o si mas bien estaba interesado en cancelar un excelente proyecto, bien planeado además de estructurado, al dispersar un impaciente ejército que llevaba un año de entrenamientos severos bajo condiciones deplorables, y quienes rencorosamente le acusarían de traicionar sus esfuerzos en alcanzar una democracia mientras permitía a Cuba subvertir el hemisferio. "¿Les dirá usted a este grupo de magníficos jóvenes, quienes no han pedido más que la oportunidad de restaurar un gobierno libre en su patria…. dispuestos en arriesgar sus vidas… que no recibirán simpatía, ni apoyo, ni asistencia de los Estados Unidos?"

Así mismo sus más cercanos asesores, Arthur Schlesinger, McGeorge Bundy, sus ministros de Estado, Dean Rusk, Defensa, Robert McNamara y el Comandante de las Fuerzas Militares estaban seriamente en contra. Es importante anotar que este era un operativo clandestino o encubierto por lo tanto estaba en manos de la CIA, la central de inteligencia de los Estados Unidos, no era un operativo militar de las Fuerzas Armadas estadounidenses. No les correspondía por ser encubierto.

Las cosas en Trax tampoco iban bien. La nueva política de reclutamiento permitió el ingreso de todo tipo de exiliados, incluidos militares batistianos los cuales eran literalmente odiados por quienes habían luchado contra ellos en la revolución. Los consejeros estadounidenses consideraban las disputas como simples querellas políticas y no ocultaban su preferencia por personal con antecedentes militares, sin importarles su procedencia. Un motín estalló al ser nombrado comandante de la Brigada 2506, José Pérez San Román, conocido como Pepe San Román. Pepe había estudiado en la Universidad de la Habana y había graduado de la Academia Militar alcanzando el grado de capitán del ejército. Tenía estudios en cursos militares en Fort Bevoir y Fort Benning además de ser profesor de la Academia Militar. En Miami planeaban una campaña contra Fidel con diez más ex militares cubanos, todos graduados de la Academia Militar. El 2 de junio de 1960 había hecho exámenes físicos y sicológicos cerca de Fort Myers en la Florida para la CIA. El 22 de junio llegó a Fort Gulick en Panamá para recibir entrenamiento paramilitar y el 22 de agosto había llegado a "La Helvecia" como instructor de armamento y demolición.

El nombramiento de Pepe desató la renuncia de la mitad de los exiliados quienes amenazaran con dejar el campamento. Uno de los consejeros estadounidenses les increpó diciendo, "yo soy el jefe aquí y el Comandante de la Brigada sigue siendo Pepe San Román." Sin embargo unos cien expedicionarios rehusaron aceptar la orden y exigieron ver y hablar con los directivos del Frente. Al prometérseles la visita de los directivos del Frente, la mayoría regresaron a sus labores pero los pocos que aun se negaban en aceptar al "batistiano" como comandante, fueron detenidos bajo condiciones en extremo duras. Con el fin de calmar a los exiliados llegaron tres de los miembros del Frente, Artime, uno de los comandantes militares de la Brigada con Varona y Maceo. El Frente logró controlar los ánimos y nuevamente la CIA tenía pleno control sobre la Brigada. Mientras tanto en la Casa Blanca se pensaba que todo iba bien y existía gran armonía con el grupo de Guatemala.

En Washington la CIA decidió escoger a Trinidad como punto de desembarco. Este tenía las ventajas de un puerto, había un aeropuerto y la playa facilitaba su defensa. Estaba situada lo suficientemente lejos del cuerpo principal del ejercito de Castro, además tenía acceso sencillo y cercano a las montañas de Escabray. Se proponía un desembarco anfibio, fuerte y concentrado, al amanecer. Sería apoyado por tropas de paracaidistas arrojados sobre las colinas tras la población, además de ataques aéreos simultáneos contra la Fuerza Aérea Revolucionaria. A la cabeza de playa, se llevaría por vía aérea un gobierno provisional y si los invasores lograban sostenerse 2 semanas, este gobierno provisional seria reconocido por los Estados Unidos como el gobierno legitimo de Cuba. Una vez reconocido, el nuevo gobierno cubano podría solicitar ayuda y apoyo del gobierno estadounidense. Ayuda que sería logística y no militar. La continua expansión del perímetro de cabeza de playa por las fuerzas de desembarco seria semejante a la conquista de Anzio en 1944 y tomaría más tiempo pero no se requeriría de la sublevación de la población isleña para la victoria final. En la medida que los expedicionarios fortalecían sus posiciones en conjunto con el dominio aéreo de la Fuerza Aérea de Liberación, otras naciones Latinoamericanas reconocerían el nuevo gobierno y esto forzaría la reducción del apoyo civil a Castro, con lo que el gobierno colapsaría. En caso de cualquier eventualidad y la invasión fracasara, las Montañas de Escabray estaban muy cerca y hacia allá podrían huir los exiliados para desaparecer.

El plan claramente dejaba al azar los sucesos posteriores al desembarco, si el plan de desembarco era exitoso. Se creía en la probabilidad de un levantamiento masivo de la población en apoyo al nuevo gobierno provisional, pero si no sucedía tendría que existir un apoyo militar externo. En la CIA consideraban poco probable que el gobierno estadounidense, tras embarcarse en el operativo, se arriesgara concluir esa aventura con un desastroso fracaso. Sin embargo la perentoria orden presidencial, desde Eisenhower, no se modificaba. Se debía impedir la participación de tropas y ciudadanos estadounidenses.

En febrero una comisión enviada a Guatemala por la Jefatura de Estado Mayor produjo un reporte los primeros días de marzo en que consideran indispensable la colaboración de la resistencia cubana para el éxito de la operación. Consideraban imposible para una fuerza de mil quinientos hombres muy bien equipados y entrenados, derrotar una fuerza de doscientos mil militares y milicianos cubanos.

A principios de marzo llegó a Washington Roberto Alejos, el hacendado guatemalteco que había prestado su tierra para la base estadounidense. Llevaba una carta del Presidente Ydígoras para el Presidente Kennedy. El gobernante guatemalteco le afirmaba a JFK que las bases se habían convertido en un asunto que empezaba a avergonzar su gobierno por la enorme controversia política que generaban. Necesitaba, por lo tanto, garantías que estas serian desalojadas a finales de abril.

En las reuniones sobre el tema cubano, la CIA continuaba dando razones validas para proseguir con el operativo, insistiendo en que debía ser ahora o nunca por tres razones muy simples. La primera afirmaba Dulles, la brigada estaba plenamente entrenada, lista para el combate y difícil de contener. En la segunda evocaba la urgente necesidad que tenia Guatemala de cerrar las bases de entrenamiento clandestinas. La tercera, el creciente poderío militar que lentamente adquirían las Fuerzas Armadas Cubanas apoyadas por la Unión Soviética. Pilotos militares cubanos eran entrenados en Checoslovaquia para operar aviones de combate MIG y pronto estarían de regreso en la isla. Ya habían llegado embaladas, grandes cantidades de aeronaves por lo que solo había tiempo hasta la primavera de 1961 para un operativo en el cual los mismos cubanos podrían derrocar el gobierno de Fidel. Dulles le habría dicho a Kennedy, "Me pare aquí, frente al escritorio de Ike (Eisenhower), y le asegure mi certeza del éxito de nuestro operativo guatemalteco (el derrocamiento de Arbenz en 1954) y señor Presidente (JFK), las perspectivas para este plan son incluso mejores que aquellos."

El 11 de marzo, Kennedy hizo ir a la Casa Blanca al Director de la CIA Allen Dulles y su jefe operativo Richard Bissell. Se reunieron en la sala del gabinete con el Secretario de Estado, el Secretario de Defensa, tres de los Jefes del Estado Mayor, el Asistente de la Secretaría de Estado para Asuntos Interamericanos, el presidente de la junta de la Fuerza de Tarea Latinoamericana y el Asistente Especial del Presidente, Arthur Schlesinger.

Dulles y Bissell contagiados por el ambiente escéptico del nuevo gobierno pasaron de fríos analistas presentando las probabilidades de un proyecto, en abogados de una causa en la cual llevaban meses trabajando. Esta posición permitió que aceptaran cambios en los planes iníciales con el fin de no ver terminado su obra. Lo que finalmente la mantuvo viva fue el problema que traería la cancelación con los expedicionarios. No era posible desbandarlos sin el descredito de haberse acobardado a última hora y dejar al descubierto detalles íntimos de los operativos encubiertos de la central de inteligencia estadounidense. La Brigada de Asalto 2506 pasó de ser una posible alternativa en ser una necesidad, una obligación.

JFK llevaba apenas cincuenta días al frente del gobierno. No tenía "feeling" sobre las opiniones de los "expertos" en temas que le eran totalmente nuevos. ¿Cómo podría contradecir la opinión de Dulles quien llevaba al frente de la inteligencia estadounidense desde 1953? El Director de la CIA insistía en que el descredito de Washington, desalentando a todos los oponentes castristas de Latinoamérica, alentaría a los fidelistas contra gobiernos democráticos. La cancelación podría conllevar revoluciones pro castristas por todo el Caribe. Tras estos sólidos argumentos se acordó que lo más fácil era dejarlos ir donde ellos querían llegar……….. a Cuba.

Ingenuamente JFK creyó que la mano del Tío Sam se podía ocultar y preguntó cuál sería la posibilidad de permitir el operativo pero reduciendo al máximo el riesgo político. La respuesta era hacer del Frente Revolucionario Democrático más democrático o crear una nueva organización con estas características. En seguida Bissell continuó proponiendo el operativo en Trinidad, pero JFK consideró que la participación de los Estados Unidos quedaba demasiado expuesta y exigió a Bissell un nuevo punto de desembarco. El no quería comenzar la invasión con bombardeos aéreos, "es demasiado espectacular, se parece al Día D. Tienen que reducir el nivel de ruido a todo esto" les exigió el Presidente. A Kennedy le interesaba que todo el asunto pareciera fraguado y ejecutado en su totalidad por la comunidad cubana exiliada en Miami. Continuaba con la ingenuidad de poder negar con toda la credibilidad del caso, la mano del Tío Sam. "Entre más pequeño el riesgo político, mayor el riesgo militar y viceversa, el problema está en lograr un equilibrio," habría dicho Kennedy.

Dulles y Bissell quedaron fríos. Con Eisenhower todo el operativo se basaba en el poderío militar estadounidense, Kennedy en cambio buscaba ocultar la mano del Tío Sam en los asuntos internos de Cuba.

Dulles y Bissell sabían que el ruido era esencial para el éxito del operativo. Si la Fuerza Aérea estadounidense no defendía a la Brigada desde el aire y si no había buques de la Armada cargados con tropas estadounidenses para apoyar a los combatientes exiliados, todo el operativo probablemente fracasaría. La presencia militar estadounidense era primordial para el levantamiento de los cubanos desencantados con el gobierno de Castro. Ninguno de los dos advirtió al Presidente de las posibles consecuencias y tampoco le mencionaron algo que Kennedy no sabía. Castro tenía cerca de 200.000 tropas y milicias con los cuales no tendría ningún problema para someter a la Brigada de mil trescientos o cuatrocientos combatientes exiliados.

Después escribiría Bissell, "en retrospectiva es difícil creer que el Presidente y sus asesores creyeran que los planes para una complicada operación militar a gran escala y que llevaba más de un año en progreso podría ser rediseñada en cuatro días y aún ser altamente factible el éxito. Es igualmente increíble que nosotros en la agencia acordáramos, tan dócilmente en hacerlo.

El 14 de marzo Bissell sugirió dos puntos para el desembarco y la Bahía de Cochinos. Los Jefes del Estado Mayor aceptaron que la Bahía de Cochinos era la mejor locación de las tres pero también aclararon que aun mejor era Trinidad. Cochinos estaba en la pantanosa área de Zapata y ofrecía una pista aérea aceptable sobre la playa desde la cual se podrían desplegar bombardeos y operativos aéreos. Una vez establecida una cabeza de playa en la bahía se llevaría al gobierno provisional impuesto por la CIA el cual estaría en armas. El gobierno estadounidense inmediatamente le reconocería como el gobierno legitimo cubano. El nuevo gobierno formalmente solicitaría apoyo logístico que sería atendido por los Estados Unidos.

Dulles y Bissell explicaban que tras misiones de bombardeo sobre el área de la Bahía de Cochinos, los exiliados cubanos reclutados para la ocasión, llegarían a las playas. La CIA esperaba que la invasión levantara una insurrección de los cubanos anticastristas para deponer a Fidel. También estaba la necesidad de destruir la aviación militar cubana. Los informes de inteligencia señalaban que si bien algunas de las aeronaves estaban en tierra por falta de repuestos, sí había unidades aéreas que podrían atacar a los invasores. Para disipar cualquier duda, el agente de la CIA terminaba, "ni tropas enemigas, ni tanques o camiones podrán alcanzar la brigada, los mantendremos protegidos (con protección aérea) como con una sombrilla que cubrirá toda la operación contra cualquier avión de combate que Castro aún pueda tener con capacidad operativa."

El desagradable Frank Bender buscó a Manuel Ray y, siguiendo las órdenes presidenciales, exigió al Frente unirse con el MRP. Esto trajo enfrentamientos pero la presión de la CIA obligó a los más conservadores del Frente, en acceder. Un operativo de la CIA diferente a Bender los reunió 18 de marzo en el hotel Skyways de Miami y les informó que los dos grupos debían unirse o la CIA cancelaria toda la operación. Presionados, todos aceptaron pues el respaldo estadounidense a la operación garantizaba el éxito y todos deseaban asegurarse una posición en la Cuba pos-Castro. Ahora debían elegir un presidente provisional para la isla. Ray recibió una lista con seis nombres de los miembros del Frente y escogió el de Miró Cardona, el ex Primer Ministro del ex Presidente Urrutia.

El 22 de marzo Manuel Antonio de Varona en nombre del Frente Democrático y Manuel Ray por el Movimiento Revolucionario del Pueblo firmaron un acuerdo otorgando poderes a Miró Cardona para conformar el Consejo Revolucionario Cubano. El documento daba prioridad máxima al grupo de resistencia dentro de la isla, prohibía la admisión al cuerpo de combatientes, personal que hubiesen detentado alguna posición de responsabilidad con la dictadura criminal de Batista y exigía lealtad y sumisión al CRC de parte del cuerpo de combatientes. Frank Bender le exigió a Miro ratificar a Manuel Francisco Artime como comandante de la Brigada 2506, exigencia que debió cumplir Miró. Al enterarse Varona y Ray, los dos protestaron, pero Miró se disculpó diciendo que era el deseo de los estadounidenses y ellos, los estadounidenses harían exitosa la invasión.

El 29 de marzo el influyente Senador William Fulbright, Presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores entregó a Kennedy un memorando en el cual afirmaba "incluso dar apoyo encubierto a esta actividad es la misma hipocresía y cinismo por lo cual los Estados Unidos está constantemente denunciando a la Unión Soviética en las Naciones Unidas. Este asunto no será olvidado por el resto del mundo ni tampoco en nuestras conciencias." La oposición al operativo se endurecía.

El 31 de marzo el Subsecretario (Viceministro) de Estado, Chester A. Bowles envió un memorando de tres páginas a su jefe el Secretario Dean Rusk en el cual argumentaba enérgicamente contra la invasión sustentando impedimentos legales y morales. Decía Bowles, "Al apoyar este operativo estaremos deliberadamente violando las obligaciones fundamentales que asumimos con la Carta de Bogotá cuando se estableció la Organización de Estados Americanos."

Ese mismo día Howard Handleman de U.S. News and World Report le afirmó a Schlesinger, tras 10 días en la Florida, "los exiliados están diciendo a todos, que los Estados Unidos les reconocerán tan pronto desembarquen en la isla. En seguida recibirán amplias provisiones, armas y material de intendencia."

En una reunión, el 4 de abril, según cuenta Arthur Schlesinger en su libro 1000 días, sostenida en una pequeña sala de conferencias del Departamento de Estado contigua a las oficinas de Dean Rusk, el senador Fulbright se opuso verbalmente al plan. Dijo, "el operativo está desproporcionado con respecto a la amenaza. Comprometerá nuestra posición moral ante el mundo y hará imposible para nosotros el protestar por las violaciones a los tratados que cometan los comunistas."

Gilbert Harrison del New Republic aceptó no publicar un artículo de Karl Meyer que radiografiaba con exactitud las actividades de la CIA entre la comunidad de refugiados. El New York Times recibió un artículo de Tad Szulc describiendo el esfuerzo para reclutar voluntarios de la Brigada 2506 y afirmando la inminencia del desembarco en Cuba. También fue silenciado por solicitud del gobierno.

Al Presidente Kennedy se le insistió en que el uso de la brigada de asalto de exiliados harían posible el derrocamiento del gobierno cubano sin que existiera una agresión directa de los Estados Unidos y sin parecer al resto del mundo que los Estados Unidos violaba sus principios de no intervencionismo, y todo seria sin riesgo de involucrarse y muy baja la posibilidad de fallar.

Faltando algo más de una semana para el operativo, Kennedy recibió del General Lemnitzer y del Almirante Burke, en representación del Estado Mayor y el asentimiento de los secretarios (ministros) Rusk y McNamara, el Presidente le dio luz verde al operativo.

John Kennedy no veía a Castro como una amenaza directa para los Estados Unidos, pero tampoco tenía motivos para proteger a Castro de sus propios conciudadanos quienes consideraban que su revolución se había vendido a los soviéticos.

Bahía de Cochinos o la Invasión de Playa Girón

El 10 de abril la Brigada de Asalto fue formada en Retalhuleu en la costa guatemalteca donde los ingenieros estadounidenses habían arreglado el aeropuerto especialmente para la misión, los 1511 cubanos de la Brigada 2506 fueron transportados hacia Puerto Cabezas en Nicaragua donde el gobierno del dictador Luis Somoza Debayle autorizó el uso de la pista aérea y los muelles para el operativo aéreo y marítimo contra Cuba.

El 12 de abril, el joven Presidente Kennedy dijo en rueda de prensa: "..bajo ningunas circunstancias habrá una intervención en Cuba por parte de las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos y este gobierno hará todo lo que pueda, y creo que cumplirá con sus responsabilidades, para asegurar que no hayan estadounidenses involucrados en acciones dentro de Cuba….. el asunto básico en Cuba no es entre los Estados Unidos y Cuba; es entre los mismos cubanos. Y yo me propongo adherir a ese principio….la actitud de esta administración es entendida y compartida por los exiliados de Cuba en este país."

El 13 de abril Radio Moscú emitió un comunicado afirmando "una invasión a Cuba orquestada por la CIA y compuesta por criminales a sueldo se efectuará antes de una semana". A pesar de conocer del comunicado radial en el cual era claro que los soviéticos estaban al tanto de la invasión, la CIA no le informó al Presidente.

El 14 de abril 6 buques zarparon del puerto nicaragüense de Puerto Cabezas despedidos por el mismo dictador Luís Somoza, quien pedía a los soldados embarcados le trajeran de regreso como trofeo, las barbas de Fidel.

Muchos de los exiliados cubanos creían firmemente que serían la primera ola de combatientes por la libertad de su patria. Estaban convencidos de que mientras ellos desembarcaban en las playas, serían apoyados y reguarnecidos por pilotos de la Fuerza Aérea de Los Estados Unidos y que mientras ellos avanzaban dentro de la isla, los "marines estadounidenses" prácticamente les pisarían los talones siguiéndoles en la invasión.

El gobierno cubano se preparó para enfrentar la invasión. Fidel Castro dirigía la dirección central desde La Habana. En el esquema general, se dividió la isla en tres, colocando Raúl Castro al mando de las fuerzas en el oriente, al Che Guevara a cargo en el oeste, y el comandante Juan Almeida a cargo del centro (como jefe del Ejército Central en Santa Clara).

El gobierno cubano había tomado medidas preventivas, las pocas unidades aéreas de combate que aún poseía fueron dispersadas y desplegadas. En su lugar se situaron unidades obsoletas o en tierra por falta de repuestos que efectivamente engañaron a los pilotos estadounidenses de la CIA. La Fuerza Aérea Cubana logró equipar por lo menos 4 aviones T-33, 4 Sea Furies y 5 o 6 B-26. Todos armados con ametralladoras, bombas y cohetes para combate aire-aire y ataques a buques, personal y equipos terrestres. La CIA había sido incapaz de descubrir la verdadera capacidad aérea cubana.

El 14 de abril apenas 3 días antes de la invasión, el Presidente Kennedy llamó a Bissell y le preguntó cuántos aviones utilizaría para destruir o incapacitar la Fuerza Aérea Revolucionaria. Bissell le respondió que se planeaba utilizar 16 unidades B-26. "Pues yo no lo quiero de ese tamaño, lo quiero mínimo" respondió Kennedy. Así Bissell redujo el número de aeronaves a 8.

Durante la noche del 14 al 15 de abril, en un ejercicio de diversión, estaba prevista una invasión de 164 exiliados cubanos al mando de Higinio Niño Díaz, cerca de Baracoa, provincia de Oriente. Su nave había zarpado de Key West bajo bandera costarricense. Varios destructores de la Armada estadounidense estaban estacionados en alta mar, cerca de la Bahía de Guantánamo para dar la apariencia de una inminente flota de invasión. Los barcos de reconocimiento detectaron  actividades de las milicias cubanas a lo largo de la costa lo cual impidió el desembarco del grupo de Niño Díaz. Como resultado de esas actividades, al amanecer, un vuelo de reconocimiento sobre la zona de Baracoa fue lanzado desde Santiago de Cuba. Se trataba de un avión T-33 de las FAR, piloteado por el Teniente Orestes Acosta, el cual se estrelló en el mar.

El sábado 15 de abril se puso en marcha el operativo "Operación Puma", con el fin de destruir la aviación cubana como preparativo para el desembarco de la Brigada. Los 8 bombarderos B-26B estadounidenses divididos en tres grupos atacaron simultáneamente tres pistas aéreas cubanas. Los B-26 habían sido preparados por la CIA para la Brigada 2506 y tenían las insignias y bandera de las FAR del gobierno cubano. Cada uno tenía bombas, misiles y ametralladoras. Venían de Puerto Cabezas en Nicaragua piloteados por exiliados. Bombardearon los aeropuertos militares de Ciudad Libertad (antiguamente Campo Colombia) y San Antonio de los Baños en cercanías a la Habana y el Antonio Maceo de Santiago de Cuba. Según reportó la CIA, el resultado fue de 5 aviones destruidos: un Sea Fury, dos B-26 y dos aviones de transporte.

Tal como había calculado Fidel, los aviones destruidos eran aquellos que no habían logrado reparar para poner en funcionamiento, los mismos que habían colocado como señuelos. Quedaron intactos sus aviones T-33 y otros caza Sea Fury. Estos eran superiores en velocidad a los B-26. La CIA no había logrado destruir la aviación de Castro con lo que la invasión comenzaba muy mal.

Uno de los pilotos exiliados de la FAL, Mario Zúñiga, aterrizó en Miami como si hubiese defeccionado de las FAR, solicitando asilo político. El tramado se había dispuesto con el fin de acusar de los ataques aéreos a pilotos militares cubanos desertores.

Ese día a las 10:30am Raúl Roa, Ministro de Relaciones Exteriores cubano acusó a los Estados Unidos de efectuar ataques aéreos contra Cuba y esa misma tarde solicitó una moción al comité político de la Asamblea General de las Naciones Unidas. Adlai Stevenson, embajador estadounidense en ese organismo afirmaba que las fuerzas armadas de su país por ningún motivo intervendrían en Cuba y que los Estados Unidos harían todo lo posible en su poder para asegurar que ningún ciudadano de esa nación participara en acciones contra Cuba. También afirmaba que habían sido aviadores desertores en aviones cubanos los responsables de los ataques. Para ello se basó en la fotografía periodística de Mario Zúñiga frente a su B-26 con los colores de la aviación cubana en el aeropuerto de Miami.

La misma prensa estadounidense pudo comprobar que el avión de Zúñiga no era el modelo adquirido por el ex dictador Fulgencio Batista en Inglaterra con lo que se evidenció plenamente la participación estadounidense y se cayó todo el escudo de desinformación que había colocado la CIA. Un apenado Stevenson posteriormente reconocería que había sido engañado por la Agencia, tanto él como su jefe, el Secretario de Estado Dean Rusk.

En Cuba los ataques aéreos dieron el primer campanazo para la tan esperada invasión estadounidense, Efigenio Ameijeiras frente a la policía nacional arrestó sospechosos antirrevolucionarios los cuales fueron detenidos en el teatro Blanquita, la fosa de la Fortaleza de la Cabaña, el Castillo del Príncipe y en el estadio de beisbol en Matanzas. Los pocos focos de resistencia fueron controlados rápidamente. Los servicios secretos de la Gran Bretaña le habían entregado informes advirtiendo a la CIA que en Cuba no había gran oposición al gobierno de Fidel.

En medio de una atmósfera política cargada de tensión, amenazas, posiciones encontradas y confusión, el Secretario de Estado Dean Rusk aconsejó al Presidente de "echarse para atrás" pues más ataques aéreos inclinarían la opinión mundial en contra de los Estados Unidos, ya el daño estaba hecho y la participación estadounidense estaba al descubierto. La pesadilla del intervencionismo se le había hecho realidad a Kennedy.

Hacia las 9:30pm el Asistente Especial del Presidente Kennedy, McGeorge Bundy llamó al General Charles P. Cabell, subdirector de la CIA para informarle que los bombardeos que debía llevarse acabo en las horas de la madrugada por parte de la Fuerza Aérea estadounidense no debían efectuarse hasta tanto no se desarrollasen desde la pista en la cabeza de playa en la Bahía de Cochinos. Así fue como nunca llegó el tan necesitado apoyo aéreo que serviría de "sombrilla" para proteger la Brigada de Asalto.

El 16 de abril Fidel se dispone enterrar a sus muertos y pronuncia un discurso ante miles de ciudadanos que le aclamaban. Les pregunto: "¿están de acuerdo con la Reforma Urbana? Si, si clamó el pueblo, con los milicianos al frente levantando sus fusiles en señal de asentimiento. ¿Están de acuerdo con la reforma de la enseñanza? Y nuevamente el pueblo clama si, si…….. ¿están de acuerdo con le reforma educativa? Si, si…….. continua clamando el pueblo, ¿están de acuerdo con la reforma de la salud?" Con un Si, si, si incesante claman los manifestantes y milicianos. "Esto que hemos hecho se llama socialismo y que esa revolución socialista la defendemos con estos fusiles." Y fustiga al Tío Sam diciendo, "eso es lo que no pueden perdonarnos, que estemos ahí en sus narices ¡y que hayamos hecho una Revolución socialista en las propias narices de Estados Unidos!" 

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