De la concordia que se trató entre el rey, y el rey de Francia por la restitución de los condados de Rosellón, y Cerdaña. IIII.
A la misma sazón que el conde de Salinas recogió su gente, para embarcarse, el rey de Francia se apoderó de Redón: y determinó de mover plática de nueva amistad con el rey de España: siendo persuadido por un religioso, que tenía grande crédito con él, y lo tuvo también con el rey Luis su padre, llamado fray Francisco de Paula: varón de tan santa vida y ejemplo, que en sus días mereció nombre de santo. Como este religioso se halló a la muerte del rey Luis le persuadió, que mandase hacer la restitución de los condados de Rosellón, y Cerdaña: entendiendo que a no hacerse, sería ocasión de perpetua contienda, y guerra entre tan poderosos príncipes, y gran perdición de la cristiandad. Por medio deste hombre santo, que así era llamado comúnmente por todas las gentes, y de fray Juan de Mauleón, que era muy acepto a madama Margarita hija del rey de romanos, que estaba en Francia, como mujer del rey Carlos, y tenía gran devoción a aquel santo varón, el rey al mismo tiempo que trataba de echar de Bretaña a los franceses, comenzó a mover pláticas de amistad, y concordia con la casa de Francia: visto cuánto importaban aquellos estados de Rosellón por el peligro que tenía el principado de Cataluña, quedando en sujeción de tan poderoso adversario. Fue tratado con diversas, y muy justas causas de mover el ánimo del rey Carlos a esta concordia: principalmente por el descargo del ánima del rey su padre, que estando ya para morir envió al obispo de Lonbes, y al señor de Dunois para que entregasen a Perpiñán: y los mandaron volver a Burdeos, siendo ya muerto: y también conocía el rey de Francia, que su estado no se podría conservar en sosiego dentro de su casa sin la paz con el rey de España: no estando asentadas las cosas de su reino. Tenía ejemplo muy reciente en los ingleses: los cuales si juntamente con la casa de Borgoña habían puesto a su padre en peligro de perder todo el reino, o poco menos, pareció bien justo el temor que se podía tener, si los reyes de España, e Inglaterra, y de romanos fuesen una misma cosa, como lo había de ser, siendo sus enemigos. Esto le fundaba más en razón: con entender el rey de Francia, que el rey de romanos, ni su casa nunca serían amigos verdaderos: y que siendo confederado con España redundaba singular beneficio a toda la cristiandad: y grande aumento de la religión. Procuróse a los principios, que los reyes le viesen: porque se conocía que muchos deseaban la discordia entre ellos: y el duque de Borbón y su mujer mostraban desear la paz. Pero los que seguían la parte de Margarita hija del rey de romanos, no querían oír, que estos príncipes se confederasen. Por esto envió el rey de Francia a fray Juan de Mauleón a España, para que prosiguiese en tratar de los medios: y llegó a la corte del rey al tiempo que la reina estaba en Moclín, y el rey entró con poderoso ejército en la vega de Granada: y había ocupado gran parte de las Alpujarras, haciendo la guerra contra los lugares fuertes cruelísimamente: como se requería para mayor castigo, y terror de los que tenían su esperanza en la gran aspereza de los montes: y esperaban allanar lo que quedaba de aquella sierra: y por la discordia que había dentro en la ciudad, estaban los moros en tan gran aprieto: que no podían defenderse muchos días. No deseaba menos el rey cobrar lo de Rosellón, que fenecer la guerra de los infieles: considerando, que si aquella conquista se remataba, resultaba mayor dificultad en persuadir a su adversario a la concordia: si le viese más libre, y desembarazado, y fuera de la antigua contienda de los moros: pues entre tanto que duraba, era menos temido, para que se pensase, que había de mover otra guerra: y así siendo para todo tan importante como lo de Rosellón, y estando en poder de franceses, por esta causa desde que el rey Carlos comenzó a reinar, se trató de asentar paz con él por medio de matrimonio de la infanta doña Isabel: y sobre ello fue enviado por el rey de Francia a España el obispo de Elna: mas como en aquello se puso alguna dilación, el matrimonio se efectuó con el príncipe de Portugal: y en esta sazón por medio destos religiosos, se tornó a mover la plática desta concordia: y se trataba que los reyes se viesen: y fue enviado embajador por el rey a Francia Juan de Albión el cual llegó a Amboise donde el rey de Francia estaba en el mes de marzo casi un año antes que la ciudad de Granada se rindiese. Explicó este embajador su creencia estando presentes el duque de Borbón, y el almirante de Francia, y el señor de Cordes gobernador de Borgoña: y el hijo de Luis de Luxemburgo condestable de Francia: que era gran privado del rey: y declaró la causa de su ida. En summa era responder a lo que fray Juan de Mauleón había movido con cartas del rey de Francia, y de su hermana mujer del de Borbón: para que se viesen en principio de abril en la frontera de Fuenterrabía: significando la voluntad que el rey tenía a las vistas: puesto que no creía, que en tan breve se pudiese acercar a la frontera: estando más ocupado que nunca en la guerra de los moros: en la cual convenía que se hallase presente. Pero dijo: que considerando cuánto beneficio se podía seguir de aquellas vistas, se desocupase el rey de Francia para acercarse a la frontera, siendo dello avisados, partirían el rey y la reina para Burgos: y de allí a Fuenterrabía. En la respuesta mostró el rey de Francia estar con queja, por haberle concluido antes de las vistas, el matrimonio de la infanta doña Isabel con el príncipe de Portugal: y respondió que se declarase primero, si el rey de España estaba confederado con el rey de romanos: o con el de Inglaterra: porque si eran aliados, como se decía, no había esperanza que se efectuase ninguna buena concordia: pues se entendía que aquellos príncipes tenían nuevas inteligencias en España, contra la casa de Francia. Fue mayor causa desta dilación que tomaba con achaque del matrimonio, haberle sucedido en aquella sazón prósperamente las cosas de Bretaña: pero Juan de Albión, que estaba en buena gracia del rey de Francia, tenía tales formas, y medios para haber dél audiencia secretamente sin estruendo, ni demostración de embajada, que como bien diestro en aquella corte, y en las negociaciones francesas, haciendo instancia en lo que tocaba a la restitución de aquellos estados, mostraba al rey Carlos cuánto más se gastaba en la confederación dellos, de lo que valían, ni podían rentar. Afirmaba, que si tardase de cumplir lo que el rey su padre había mandado, por ventura cuando quisiese cumplirlo, no sería en su mano, ni en la del rey su señor, como entonces lo estaba, que las cosas no llegaban tan adelante, que todo no se pudiese bien componer: lo que por ventura no habría lugar, estrechándose más los negocios: e insistía en que se hiciese, no se concertando las vistas, lo que se había de tratar, y hacer en ellas: porque sobreseyéndose de enviar socorro de España a la duquesa de Bretaña, como lo había ofrecido el rey su señor, no teniendo seguridad de la concordia, y dilatándose las vistas, conveníase determinase luego: porque pudiese con más justo color dejar de enviar el socorro a Bretaña: y él también desistiese de hacer guerra a la duquesa, hasta que se hubiesen visto: porque de otra manera, no era razón que el rey su señor olvidase el remedio de los daños, que aquella princesa recibía: y todo su estado. Pero como las cosas de Bretaña no estaban aún asentadas, cualquiere negocio se difería, hasta ver que aquello se hubiese acabado.
Que el rey de Francia se apoderó del ducado de Bretaña. V. Entre los otros medios que se platicaron entonces, para la concordia con Francia, era que se hiciese matrimonio entre el rey Carlos, y la infanta doña Juana hija segunda del rey: y fue el rey de Francia contento de señalar término en que se viesen: y con esta respuesta se volvió Juan de Albión de Nantes, para el rey: que tenía su real sobre Granada. Mas como no pasaron muchos días que falleció el príncipe de Portugal, volvió el mismo Juan de Albión por el mes de septiembre a Francia, insistiendo en ello el cardenal de España, que con gran porfía procuraba, que se confederasen estos príncipes: por la antigua alianza que hubo entre los reyes de España, y Francia, desde el tiempo del rey don Enrique el Mayor. Propuso entonces el rey Carlos, que pues estaba acordado que se viesen, convenía que fuesen a las vistas como reyes, que tenían buena paz: y deseaban acrecentar mayor amistad, y concordia entre sí, y sus sucesores: y para que esto se concertase mejor, parecía que se debía tomar antes asiento en lo de Rosellón: y todos ponían dilación en lo de las vistas: entendiendo, que sin concertarse primero en esto, sería aquello de muy poco efeto: y de la misma manera que el rey estaba puesto en rematar la guerra de los moros, así porfiaba el rey de Francia en acabar de apoderarse del ducado de Bretaña: porque cuando esto se trataba, no tenía aún a Rennes: y había deliberado de ponerle cerco. Sobre esto hubo diversas embajadas: y se tornó a poner en plática lo del matrimonio de la princesa doña Isabel, muerto el príncipe de Portugal su esposo, con el rey de Francia. Mas el duque de Borbón y su mujer, y los que eran de aquella opinión, procuraban que el rey de Francia casase con la duquesa de Bretaña: afirmando que con aquel casamiento tendría aquel estado sin ninguna infamia: y podría haber luego hijos, que era lo que mucho le cumplía: y ternía perpetua paz dentro de su reino. En esto ponía grande negociación la duquesa de Borbón: porque por este camino pensaba apoderarse del gobierno de Francia: siendo el príncipe de Orange casado con hermana de su marido: y como fuese el rey su hermano muy gobernado por mujeres, creía que en concluyéndose el matrimonio, se acabaría mucho de lo que ella podía desear. Por otra parte Andrés de la Val señor de Loheac y de Brossa, almirante de Francia, que era de diversa parcialidad, persuadió al rey que le pusiese en libertad el duque de Orleáns, que estaba preso: tanto con fin de dar competidor al de Borbón y a su mujer, como por otro respeto. Pero esto salió muy al revés de lo que pretendía elalmirante: porque siendo el duque de Orleáns suelto de la prisión, su mujer madama Juana de Francia, que era hermana del rey, trató de confederarle con su marido: y procurar de echar al almirante de la corte, y del consejo del rey. Por esta competencia que hubo entre los grandes de Francia, se iba más diferiendo lo de la concordia: y aun lo que tocaba a reducir el estado de Bretaña se embarazara, si por medio del príncipe de Orange no se concertara, que el rey, y la duquesa dejasen en poder de veinticuatro personas sus diferencias: para que se declarase a cuál dellos competía el señorío de la villa de Rennes: y mucha parte del estado de Bretaña. Determinóse que en este medio estuviese Rennes en tercería en poder del príncipe de Orange: y se pusiese en su guarda gente de guarnición de los duques de Borbón, y Orleáns, y diese el rey a la duquesa, en tanto que aquello se declaraba cada un año veinte mil francos: y se pudiese ir a Inglaterra, o venir a España si quisiese. Hubo en esto gran artificio: y por consejo de los que trataban el matrimonio con el rey Carlos, se procuró que se viese con la duquesa: teniendo por muy llano, que el matrimonio de madama Margarita hija del rey de romanos, se podía disolver: por no tener aún ella doce años cumplidos: y fue muy fácil de persuadirse, sin que les quedase ningún escrúpulo: por la enemistad que tenía el rey de Francia, a la casa de Austria: y por haber a Bretaña, que tanto le convenía. De manera que el rey Carlos se resolvió, en dejar a Margarita hija del rey de romanos, pocos días antes que ella cumpliese la edad legítima: y casarse con la duquesa de Bretaña, porque con esto aseguraba aquel estado: muy más presto de lo que pensaba. Antes que se concertase lo deste matrimonio, se determinó el rey deFrancia de responder a Juan de Albión: que se viese por justicia lo que pretendía el rey en lo de Rosellón: diciendo que no quería aquel estado contra razón: pues no tenía tanta falta de bienes, para que con mal derecho le retuviese, y fuese causa de venir en rompimiento de guerra, con quien él deseaba tanta paz. Esto era con intención de esperar lo que resultaría de las vistas, que había concertado con la duquesa de Bretaña: porque efetuando aquel matrimonio, pensaban los franceses encaminar por otra vía la negociación: y que con esto de Rosellón, el rey encaminase su negocio de tal suerte, que no solamente pudiese redimir los daños que esperaba recibir de la casa de Austria, pero también entendiese en entremeterse en las cosas de Italia, y emprender la conquista de Nápoles: como era solicitado por los Barones del reino que se habían venido para él. Tratando desto, se publicó, que el rey de España era requerido de más estrecha amistad, y alianza con el rey de romanos: y con el deInglaterra: con vínculo de matrimonios: y acordó el rey de Francia de enviar una muy solene embajada para que se tratase de concertarlos sobre el hecho de Rosellón: y fue enviado con la nuevadesta determinación Juan Francisco de Cardona su maestro de hostal: y envió a decir con él, que sus embajadores traían poder para concluir lo de Rosellón: y que entretanto se reconociese, y determinase lo del derecho que el rey de Francia pretendía que le competía en aquellos estados: y si tenía justa causa para retenerse a Perpiñán. Éste suele ser comúnmente el trato que franceses tienen en proseguir sus hechos: que anteponiendo descubiertamente el interese propio, no dejan de justificar deshazadamente su causa, por encaminar sus cosas con cualesquiere medios. Así fue que en el mismo tiempo que trataban esto, y en la misma sazón, que el matrimonio se hizo con la duquesa de Bretaña, los del consejo del rey de Francia enviaron al rey de romanos por justificar lo hecho:proponiendo que querían buena paz con él: y volverle a Margarita su hija, y con ella lo que tenían ocupado del ducado de Borgoña, y trabajaban por vías esquisitas de haber la paz, si ser pudiese, conaquel príncipe que dos días antes había recibido dellos las dos mayores afrentas, e injurias, que se podían hacer en un mismo hecho: dejándole la hija que tanto tiempo había que tenía en Francia por su reina, y tomándole la que él tenía por su mujer. Estaban entonces los franceses con gran temor, que se encendería muy terrible guerra por aquella causa de Bretaña con alemanes, e ingleses: y no fue pequeña causa de persuadirle el rey Carlos a la concordia con el rey de España, a trueque del condado de Rosellón: aunque el conde de Pallars, que estaba por su rebelión en Francia,perseverando en su obstinación, solicitaba al rey Carlos, y al señor de Montpensier, que le socorriesen con alguna gente y dineros: ofreciendo, que pondría en poder de franceses una de tres plazas del Ampurdán: que eran Gerona, Castellón, y Besalú: pero no se hizo caso ninguno dél, porque no era sazón de buscar causas de nuevo rompimiento: y solamente atendían los del consejo del rey de Francia a mandar reparar las fuerzas que tenían en Languedoc en frontera de Rosellón. Que los judíos fueron echados de los reinos de Castilla, y Aragón. VI.
Luego que el rey se hubo apoderado de la ciudad de Granada, y de aquel reino, y se puso fin aquella conquista tan gloriosamente, y trataba de asentar nueva concordia con el rey de Francia,aprovechándose de los modos y medios, que un muy prudente, y experimentado rey pudiera pensar, y proponer, proveía con grande atención en lo del gobierno de sus reinos: y señaladamente en lo que concernía al ensalzamiento de la fe: habiendo ya sojuzgado del todo a los infieles. Acabada la guerra de Portugal, que fue poco menos que civil, y siendo deshecho el señorío que los moros en España tenían, se moderó mucho el estruendo, y furor de las armas: y se introdujo desde entonces una segura y perpetua paz: y con ella se dio grande autoridad, y vigor a las leyes y a sus ministros: porque luego entendieron el rey y la reina como católicos príncipes, en que se reformasen las órdenes, y se administrasen las cosas sagradas, y el culto divino con summa religión: y hubiese una igualseguridad entre las gentes, teniendo cada uno muy cierta la posesión de sus bienes. Atendían con gran cuidado a que se reformasen con utilidad pública las leyes antiguas, y se estableciesen de nuevo las que entendían ser necesarias para la pacificación y buen gobierno de sus reinos. Hacían eleción depersonas muy aprobadas para los cargos y regimiento de los pueblos según entendían, que en esperiencia y bondad merecían ser preferidos. De manera que las cosas del gobierno, y de la justicia se ordenaron con una tanta rectitud, e igualdad: y se le puso freno a la soltura, y licencia que duraba desde los tiempos que comenzaron a reinar. Había alcanzado el rey renombre de muy poderoso, yvitoriosísimo príncipe, por haber sojuzgado en la guerra de los moros en diversas batallas, y combates, tantas y tan principales ciudades, y fuerzas, y vencido una gente, cuanto a la disposición, ysitio de la tierra, tan enriscada, y fortalecida, y en el número tan poblada, y en las fuerzas y fiereza tan cruel, con mayor peligro que daño de los suyos: y no solamente con gran estrago, pero con finalsujeción y perdición de los infieles. Ante todas cosas, como fueron informados que en sus reinos había muchos que apostataban de la fe católica, y que a esto daba gran ocasión la comunicación, yplática que había entre cristianos, y judíos, puesto que en las cortes que tuvo en la ciudad de Toledo algunos años antes, se había proveído, que los de aquella ley en todas las ciudades, y villas de sus reinos viviesen en lugares apartados, por la misma causa se dio orden de introducir, y autorizar al Santo Oficio de la Inquisición, contra la herejía, que se había ejercitado más había de doce años. Éste fue el más aprobado remedio que se pudo hallar para el aumento de nuestra santa fe católica, dando todo favor para que se fundase e introdujese en sus reinos el Santo Oficio de la Inquisición tan santa y canónicamente, que no fue solamente para que se estirpase todo género de error, y herejía en aquellos tiempos, pero lo que parece haberse movido por inspiración divina, para que se preservase en lo venidero toda España de la pestilencia de infinitos errores, y herejías, que por nuestros pecados van inficionando, y destruyendo la mayor y mejor parte de la cristiandad. Antes desto, se había ya proveído, que los judíos saliesen de todos los lugares de la Andalucía, donde era más manifiesto el daño: pero no bastando aquello, iba esta pestilencia cundiendo por toda España, y crecía más el atrevimiento. Por remediar, y socorrer tanto peligro, fue determinado en la ciudad de Granada por el mes de mayo del año de 1492, de mandar salir destos reinos todos los judíos: para que nunca volviesen a las tierras, y señoríos del rey: así a los naturales, como a los extranjeros: dándoles término hasta todo el mes de julio siguiente, con pena de muerte: si después fuesen hallados en ellos, y con confiscación de sus bienes. Pusieron también graves penas contra las personas que los recogiesen, ytuviesen escondidos: y para que mejor pudiesen disponer de sus bienes, el rey los recibió debajo de su amparo, y salvaguarda: asegurándolos, para que dentro de aquel término tuviesen facultad que pudiesen sacar de España por mar, o por tierra todos sus bienes, conque no sacasen oro, ni plata, ni moneda, ni otras cosas que estaban generalmente prohibidas: pero que lo pudiesen llevar en mercaderías que no eran vedadas, o en cambios. No puso menos terror que este edito, el que mandó publicar fray Tomás de Torquemada prior de Santacruz de Segovia, que era inquisidor general, por el mes de abril en la ciudad y arzobispado de Toledo, y en las provincias del reino de Castilla y León, y en toda la Andalucía: prohibiendo con graves censuras, que no los recibiesen ni comunicasen con ellos pasado el término que se les había señalado: y de otros nueve días: vedando que no se tuviese con ellos comercio, ni se les diese mantenimiento alguno. Mas en los reinos de Aragón, y Valencia, y en el principado de Cataluña, porque los bienes de las aljamas, y muchos de los judíos en particular, y sus personas estaban obligados al rey, y a monesterios, e iglesias, y a diversos pueblos, se mandó hacer secresto general de todos los bienes de los judíos: para que fuese hecha satisfación, y enmiendaa las partes, que pretendían les eran debidos censos, y otras deudas: los cuales en un breve término habían de mostrar su derecho. Proveyóse juntamente que los jueces no diesen lugar a dilaciones, sino que pareciendo lo que debían, y pagándolo hiciesen del resto, como de cosa propia: de manera que pudiesen salir dentro del término que se les había señalado. También se dio orden que se pagase del principal, otra tanta renta como ellos hacían al rey de cargos, y pechos: porque si en esto no se ponían orden, la bailía general quedaba tan diminuida, que no bastaba a pagar las mercedes y créditos que sobre ella había. Como esta gente con tener por infieles a todas las otras es la que más fácilmente sesujeta a cualquier nación, persistiendo en su error con gran pertinacia, comenzaron de salir de Castilla a los primeros la postrera semana de julio deste año: y con consentimiento del rey de Portugal, entraron en su reino: pasados, según algunos afirman, de ochenta mil: y éstos salieron por Benavente, Zamora, Ciudad Rodrigo, Valencia de Alcántara, y Badajoz: y entraron por Braganza, Miranda, y por el Villar de Narban, y Yelbes. Los de Castilla la Vieja, y Rioja, se entraron en el reino de Navarra: y los que moraban en las fronteras de Vizcaya, y cerca de las montañas se fueron a Laredo: y movieron de los reinos de Toledo, y Murcia, y de la Andalucía, y provincia de Santiago increíble número de gente para los puertos de Cádiz, y Santa María, y Cartagena: y con los del reino de Valencia y Cataluña, a donde acudió toda la mayor parte de los judíos destos reinos, salieron para los señoríos de los moros la vuelta de África, que está tan vecina: de los cuales se poblaron los reinos de Fez, y Tremecén. Muchos siguieron la vía de Grecia, Romania, y Asia a las tierras del turco, como quien se escapa de una grande persecución, buscando más cierta guarida: y otros pararon en Nápoles, y Venecia, y en otros estados de Italia: y en Alemania, y Francia: y gran número dellos fueron robados y muertos en el viaje: y otros infinitos perecieron en la mar, y de hambre, y pestilencia: y a otros volvió el temporal a los mismos puertos: y se convirtieron a nuestra fe. Afirma un autor, que escribió algunas cosas de aquellos tiempos, que no se nombra, que se halló en la conversión de algunos rabís, que se volvieron de África, que fue tan grande la muchedumbre de los judíos que salieron de los reinos y señoríos del rey, que pasaron de ciento y setenta mil: y otros exceden tanto en el número, que tienen por muy constante, que eran más de cuatrocientos mil. Fueron tantos los trabajos que estagente padeció en su expulsión y destierro, que en mucha parte representaba la que leemos, que en los tiempos antiguos de los emperadores Tito, y Adriano pasaron en sus destierros aquéllos, por cuyo ejemplo con gran ceguedad éstos permitían en su pertinacia: teniendo esta adversidad por la mayor, que por ellos y sus predecesores había pasado: por donde se puede entender, que están reservados para continua y perpetua sujeción: No solamente éstos recibieron muy grande daño, pero fueron causa que muchos le recibiesen: porque como llegasen a Nápoles nueve carabelas con gran número de judíos por el mes de agosto heridos de pestilencia, luego en el mes de septiembre siguiente se corrompió el aire, y murieron de aquella infición dentro en la ciudad más de veinte mil personas: y de allí se estendió por todo el reino: y duró aquella mortandad casi un año entero: y fue de las muy señaladas que aquel reino ha padecido. Fueron de parecer muchos que el rey hacía yerro en querer echar de sus tierras gente tan provechosa, y granjera: estando tan acrecentada en sus reinos así en el número, y crédito como en la industria de enriquecerse: y decían también, que más esperanza se podía tener de su conversión dejándolos estar, que echándolos: principalmente de los que se fueron a vivir entre infieles. Mas lo que se determinó con tanta deliberación y consejo, se debe tener por mejor: pues claramente se conoce el beneficio que de allí se ha seguido: quedando los reinos de España tan libres de la superstición de aquella dañada gente con que inficionaban inumerables ánimas: y cuando de su trato, y comercio no se recibiera tanto daño en la religión, era muy manifiesto el que se hacía en lo de las costumbres.
De las alianzas que se concertaron entre los reyes de España, y Francia, con la restitución de los condados de Rosellón y Cerdaña. VII.
Como el rey de Francia tenía en su fantasía la empresa del reino de Nápoles, por el derecho que hubo el rey Luis su padre del duque Carlos de Anjou conde de la Provenza, y Folcalquier: que se llamó rey de Jerusalén, y Sicilia como el duque Reyner su tío, como se ha referido en los Anales, parecíale que habiéndose apoderado de Bretaña, ninguna cosa la podría embarazar: mayormente asentando nueva paz con el rey de España, como él la pensaba hacer muy a su ventaja: y determinó dejar libremente los estados de Rosellón, y Cerdaña, en contradición de muchos de su consejo que le decían que no hacía en ello lo que le convenía: en querer restituir una tierra, que para en vecindad de tan poderosos adversario, era baluarte de todos sus reinos. Había tenido cargo de la gobernación de Perpiñán, y de aquellos condados por el rey de Francia, hasta poco antes deste tiempo, Boffillo de Iudice, de quien en los Anales se ha hecho mención: y fue removido del cargo, por medio de la señora Duloyna hermana del marqués de Mantua, mujer del conde Delfín: que tenía más parte en la gracia del rey de Francia de lo que la reina quisiera. Por su respeto se encomendó el gobierno de Rosellón al conde Delfín: y fue procurado por algunos de Perpiñán, que se arrepintieron dello: porque Boffillo era bien quisto: y el conde los trataba muy ásperamente. Desta mudanza, y maltratamiento se alteraron los de Perpiñán: y poco faltó, que no se entregasen ellos mismos: y poreste temor entraron cincuenta lanzas francesas en la villa, con un capitán asaz corto y soberbio: y aposentó la gente de armas en la villa, lo que no permitía Boffillo. En esta sazón estaban las cosas en harta quiebra: porque allende desta novedad, se echó nueva imposición para pagar quinientas lanzas: que por esta sospecha se acercaron hacia aquella frontera: aunque el tratado de la concordia siempre procedía adelante: por instancia de fray Juan de Mauleón: cuya determinación en lo que tocaba a la restitución, el rey Carlos la había remitido al señor de Montpensier, y a Luis de Amboise obispo de Albi: dándoles poder para que concertasen los medios, y artículos de la paz: y el rey de España lo cometió a su secretario Juan de Coloma, y a Juan de Albión. Éstos se acordaron después de haberlejuntado para este efeto diversas veces, en que se asentasen las alianzas, que antes se habían platicado: y que fuesen los reyes de España, y Francia amigos de amigos, y enemigos de enemigos: y rehusaba el rey de firmarlas, hasta que los condados se le restituyesen. Tratándose en los medios, pidió el rey de Francia nuevas seguridades: y quería que el rey y reina de España se obligasen primero en una cosa, que entre otras parecía tan vergonzosa, que no se debiera pidir: de no casar las infantas sushijas, sin su consentimiento: porque no estuviesen obligados de salir a la defensa de las casas de Nápoles, y Borgoña, casando sus hijas en ellas. Mas como hubiesen deliberado el rey y la reinaconcluir por cualquier medio, en aquella negociación, salieron de la Alhambra en principio del mes de junio, con propósito de pasar a Cataluña. Dejaron en el gobierno de aquel reino a don Íñigo López de Mendoza conde de Tendilla, alcaide de la Alhambra, capitán general, que por lo que había trabajado en la conquista dél, y por su mucho valor, y notables servicios que hizo en España, y fuera della, tenía bien merecido el poder dejar aquel cargo a sus sucesores, y en lo espiritual a fray Hernando de Talavera religioso de la orden de San Jerónimo, varón de muy grande ejemplo: que de obispo deÁvila, fue eligido primer arzobispo de aquella iglesia nuevamente instituida en metrópoli. Vinieron a tener la fiesta del Espíritu Santo a la ciudad de Córdoba: donde fueron recibidos con gran triunfo, yfiesta, como príncipes, que habían dado tan glorioso fin a una tan santa empresa, y a tan maravillosa conquista. Iban siempre solicitando por el camino con diversas embajadas, que la concordia se concluyese, y por ella la restitución: y apresuraron su camino para hallarse en Barcelona al tiempo que se hiciese la entrega: entendiendo que dependía de aquello la paz universal: y quedaban libres para entender en otras empresas. Las personas que estaban diputadas para ello se juntaron en Figueras, en los confines del Ampurdán, y Rosellón: y allí se hicieron ciertos capítulos de alianza, y confederación entre los reyes: y los de la parte del rey de Francia declaraban: que puesto que el rey Carlos estaba en buena, y pacífica posesión, y bastante título, para tener los condados de Rosellón, y Cerdaña, desde el tiempo del rey Luis su padre, todavía teniendo consideración a la nueva confederación, y alianza, era contento de restituirlos, después que el rey, y la reina de Españahubiesen jurado, y firmado aquel asiento: y dando las seguridades que se requerían, así de su parte, como de ciudades principales de sus reinos. Ponían en ello una condición, que más pareció manera de cumplimiento, y justificación para con los grandes de su reino, que condenaban lo de aquella restitución, y no la podían atribuir a ningún género de valor, o virtud en un príncipe tan poderoso, ygrande: que siempre que sus sucesores quisiesen hacer reconocer el derecho que pretendían tener en aquellos estados fuesen obligados los reyes de España, y sus herederos a nombrar jueces árbitros que fuesen sin sospecha, para averiguar, y determinar aquella diferencia: y prometiesen, que estarían por lo juzgado, y restituirían la posesión de Rosellón, si fuese declarado pertenecer al señorío de Francia. Querían que en caso que así no se cumpliese, pudiese el rey de Francia, o sus sucesores cobrar aquel señorío: y que no se les pusiese en ello estorbo: y que renunciasen en el derecho depropiedad, y posesión que en él pudiesen tener. El principal fundamento, para mayor seguridad de aquellas alianzas, y en lo que más se insistía por parte del rey de Francia, era que no casasen el rey, y reina de España sus hijas sin su consentimiento: o si casasen habían de jurar que no ayudarían a ninguno de los príncipes sus yernos, para que hiciesen guerra contra el rey de Francia. Ante todas cosas se habían de dar primero las seguridades: y para entender en la restitución de los condados, fue enviado Montpensier a Rosellón, y Juan de Albión vino al Burgo de Osma: donde los reyes estaban en fin del mes de julio: para consultar con ellos sobre aquellas demandas: y aunque se procuró con grande artificio de moderarlas, y limitarlas, a la postre nunca parecieron tan graves, y deshonestas que no se entendiese, que importaba más cobrar la posesión de su antiguo patrimonio, que tanto tiempo había que estaba enajenado, y fue causa de tantas guerras, y daños, sin otro título, ni derecho, sino el del empeño. Volvió con toda diligencia Juan de Albión a Rosellón con orden, que la capitulación se firmase: y llevaba ciertas respuestas, que eran iguales, y justas, y muy conformes a razón: y fuele mandado, que si no las quisiesen admitir, y deliberasen de consultar sobre ello con el rey de Francia, porque la dilación era muy dañosa, pasasen los artículos de la concordia: excepto que en lo de los matrimonios se declaró por parte del rey, que no se harían determinadamente con los reyes de Inglaterra, y romanos, ni con sus hijos: pero los franceses querían más seguridades, que éstas:entendiendo que el rey tenía sus inteligencias con los príncipes más enemigos de la casa de Francia. |