De la parte, que el rey de Francia tuvo en Italia: para proseguir la empresa del reino.
XXI.
Tenía ya en este tiempo el rey Carlos muy declarada su empresa del reino: y era muy requerido, y solicitado para ello, de Luis Sforza duque de Bari, que era el que procuraba la destruición de aquella casa de Aragón: por la instancia que el duque de Calabria hacía, que su yerno Juan Galeazzo duque de Milán tomase el regimiento de su estado: y no fuese despojado tan malvadamente del duque de Bari su tío: que se alzaba con él. Por esta causa el rey de Francia: señaladamente con el rey de romanos, que también buscaba ocasión, para romper la paz que poco antes se había concertado entre ellos: y por todas vías entendía el rey, en poner impedimento, para que el rey Carlos desistiese de aquella empresa. Pero ninguna cosa pudo bastar con aquellos barones, que tanto mostraban desear su ida, para retraerlos de la instancia que hacían, que el rey don Fernando fuese echado del reino: y como éstos sintieron, que el rey de Francia apresurase la expedición: y su pasada a Italia. Teniéndose pues aquel príncipe por seguro, y libre de otros cuidados, que le pudiesen dar enojo en su reino, con haber asentado paces con los reyes, que eran antes sus enemigos, procuraba ganar las voluntades de los príncipes, y potentados de Italia: y estaba en esto tan adelante, que tenía la conquista por cierta. Allende de tener mucha parte en los barones del reino, no solamente en los que estaban ya declarados, pero en todos los que eran de su opinión, trataba de tener a su sueldo quinientos gentiles hombres romanos de los principales Coloneses, y de la casa Sabela: por ser los Ursinos, que era en bando contrario, de la parte del rey don Fernando: y también porque con su medio, pensaba tener al Papa tan sujeto, que no se osaría declarar contra él. Los que primero seseñalaron en ayudar al rey de Francia en esta empresa, que él decía ser contra el turco, fueron Luis Sforza, que ofreció de servirle con quinientos hombres de armas, y con trece galeras, y cuatro carracas armadas a su costa: por tanto tiempo, cuanto durase la guerra: en lo cual se ayudaba de la señoría de Génova, que era entonces sujeta al estado de Milán: y el duque de Saboya, y los marqueses de Monferrato, y Saluces, y Hércules de Este duque de Ferrara: que allende que fue grandemente aficionado al nombre, y nación francesa, era suegro de Luis Sforza principal fautor, y promovedor desta expedición. Venecianos según su costumbre, mostraban ser neutrales: y daban a entender que hacían en esto mucho por el rey de Francia: puesto que en lo público decían, que ellos querían guardara en todo la confederación que tuvieron con el rey Luis su padre. Solos florentinos, y Pedro de Médicis, que tenía a su mano el gobierno de aquella ciudad, parecían ser públicamente contrarios al rey de Francia: como quiera que Lorenzo, y Juan de Médicis, que eran hermanos, y tenían mucha parte en el pueblo, como no podían sufrir el gobierno de Pedro de Médicis, por sacarle de su república, con la presencia, y autoridad del rey de Francia, le ofrecieron grande servicio de dineros, para ayuda de aquella empresa.
Que el rey envió a Roma a don Diego López de Haro: para que prestase la obediencia al Papa: y mandó requerirle, que desistiese de dar favor a los movimientos de Italia. XXII.
Por el mismo tiempo entendiendo el Papa, que el rey de Nápoles, recelando, que no le perturbasen en su casa, le había de procurar todo el desasosiego, y daño que pudiese, como aún no tenía tales fuerzas, ni poder, ni dinero, que bastase a resistir en cualquier necesidad, que se le ofreciese, se confederó con la señoría de Venecia, y con el duque de Milán, y con Luis Sforza su tío: e hicieron entre sí unión para defensa de sus estados. Tras esto luego entendió el Papa en justificarse con el rey, y reina de España, por haber hecho esta liga: excusándose, que esto no era cosa nueva:pues por semejantes ocasiones se habían hecho otras tales ligas: no solamente por los Sumos Pontífices antiguos, como fueron los Gregorios, Alejandros, e Inocencios, pero por los modernos Eugenio IV, y Calixto su tío: y por Pío, Paulo, Sixto e Inocencio su predecesor: y que todos estos Sumos Pontífices en la variedad de los tiempos que concurrieron, se confederaron con diversos príncipes en muy estrecha amistad: y que en esta confederación se había exceptado la amistad, que él tenía con el rey, y la reina de España. Publicóse esta liga en Roma, y en otros lugares de la Iglesia el día de San Marcos: y por esta novedad muchos tenían creído, que el Papa de secreto, daba favor a la ida del rey de Francia, por estar indignado con el rey don Fernando: y deseaba nuevas cosas:pensando, que siendo directo señor del reino, podría desta manera sacar recompensa para sus hijos. Hubo mayor recelo desto, porque se dio audiencia en público consistorio a Everardo de Aubeni embajador del rey de Francia: y se le permitió que declarase la pretensión, que el rey Carlos tenía al reino de Jerusalén: y Sicilia: de que ya había tomado nuevo título. Afirma Bernardino Corio, autor de la historia de las cosas de Milán, que el Papa se declaró de tal manera, que hizo publicar, que siempre que el ejército francés estuviese tan cerca, que le pudiese amparar de las armas, y opresión de la casa de Aragón, se confederaría con el rey de Francia: y con él juntamente seguiría una misma fortuna. Pero también el mismo autor escribe, que con diversas promesas, y amenazas el rey de Francia procuraba le diese el Papa la investidura del reino: prometiendo, que le daría la obediencia: que por esta causa había sobreseído de darle: y decía, que la prestaría, no como el rey don Fernando, que después de la muerte del papa Pío, había menoscabado a la sede apostólica, del censo de cuarenta milducados: que en cada un año se le solían pagar: y se había convertido en una hacanea: y que él los quería pagar: y ofrecía grandes estados a sus hijos: y que se alargó un embajador francés a decir al Papa, que debía pensar, que siendo el rey de Francia confederado con el rey de romanos, podría ser parte, para privarle de la dignidad del sumo pontificado, no solamente por las armas, pero con razón, y derecho: convocándose concilio universal: y que justamente podrían declarar, que había sido eligido por simonía: y que allende de ser profano en su vida, y costumbres, era infamado de haber sido causa de algunas muertes: y que se le podía oponer que era hereje. Lo que dice Corio es esto: y lo que yo puedo afirmar es, que el rey envió a visitar desde Barcelona al Papa, poco después de su coronación: para que en su nombre le diese la obediencia, a don Diego López de Haro: con orden que procurase de asentar con él tan estrecha amistad, como se creía, que entre ellos dos la habría: por los beneficios, que de la casa real había recibido: porque se entendió entonces, que el Papa traía secretas inteligencias con el rey Carlos: y vino por esta causa a Francia micer Jerónimo López hermano de don Juan López obispo de Perosa: que era su datario: y gran privado: y procuróse de exhortar, y requerir al Papa, que no fuese autor de nuevas guerras, y males. En esta sazón el rey de Nápoles, que conocía bien por larga experiencia la ambición de Alejandro, y tenía preferente, que el papa Calixto su tío procuró de le despojar del reino, y sabía, que no tenía su sobrino menos prendas, para querer poner la mano en las cosas del reino, y heredar en él a sus hijos, comenzó luego a tener gran recelo, no fuese aquel pontífice la desolación de su casa, como lo fue. Con este temor procuró, que el rey por medio de don Diego López, que era caballero de mucho valor, y de los muy señalados, que hubo en España en su tiempo, advirtiese al Papa, que tenía las cosas de su estado por tan propias, como lo era el reino de Aragón, para en todo lo que tocaba a aquella casa, y reino: porque se moderase más: y no seemprendiesen nuevas cosas: y porque supo el rey, que había algunos movimientos en Italia, señaladamente en Roma, y que nuevamente se había firmado liga por el Papa con la señoría deVenecia, y con el estado de Milán, y con otros aliados, entendiendo, que semejantes ligas, cuando no son generales, suelen sembrar discordias, y ser causa, y principio de guerra, de la cual se descubrían ya grandes señales, porque después de la liga fueron pagados diversos capitanes de gente de armas, y se habían comenzado a mover ciertas escuadras de venecianos, y del estado de Milán, y se ponían en orden de cada día grandes aparejos de guerra: y algunos cardenales no vivían así concordes, como lorequería la autoridad de aquella dignidad, señaladamente, que el cardenal de San Pedro, a quien seguía buena parte del Colegio, y otros cardenales se partieron del consistorio, con poca reverencia del Papa, y sin su licencia, y se publicó que se había hecho, porque se proponía de ser promovidos cardenales, más del número conveniente: y se tuvo inteligencia de la plática, que el Papa traía con el rey de Francia, en que se trataba del detrimento de su estado, y del rey, y reino de Nápoles: considerando los grandes inconvenientes que se esperaban seguir, si esto no se remediase, mandó a don Diego López de Haro, que dijese al Papa que con la prudencia que se requería, y con la gravedad conveniente a sudignidad, atendiese a apaciguar todos los movimientos de guerra: y procediese con debida madureza: y prefiriese lo que cumplía a la paz universal: y no se envolviese en cosas que causasen escándalos. El color destas alteraciones era, pretender el Papa, que Virginio Ursino le debía restituir las tierras, que poco antes había comprado de Francisco Cibo: y don Diego trataba, que con buenos medios se procediese en aquello: pues sin poner a Italia en armas, se podía conseguir: y conservarla reverencia, y obediencia, que se debía a la sede apostólica, y al universal pastor della. Ofrecía de parte del rey de España su intercesión, y obra para esto: certificando, que allende del común beneficio del sosiego, y paz de la Iglesia, aquel negocio tocaba a su particular interese: por respeto del rey de Nápoles, y del duque de Calabria su hijo: a quien no podía faltar: por el cercano deudo: y procuraba don Diego, que el Papa los recibiese en su gracia. Entendiendo don Diego López de Haro en esto con mucha porfía, vino a saber que Luis Sforza, por medio del cardenal Ascanio su hermano, a quien el Papa después de su creación, dio el oficio de vicecanceller, trataba que el Papa diese la investidura del reino al rey de Francia: y sobre ello le habló don Diego López: y le dijo cuán malas pláticas eran éstas: para elprincipio de su pontificado: pues era aquella negociación de tal calidad, que había de turbar la paz del estado eclesiástico. Mas el Papa no lo pudo así encubrir, que no concediese, que le había sidopropuesto por Luis Sforza en nombre del rey Carlos: con muchas promesas, y ofrecimientos, que se daría orden como se vengaría del rey don Fernando: que desde su creación se había declarado suenemigo: pero afirmaba, que él nunca lo había querido aceptar: porque conocía el perjuicio, que en ello recibiría el rey de España: por el derecho que pretendía tener al reino: y sinificaba, que si no fuera por aquello, lo hubiera ya admitido. Decía más el Papa, por excusarse, que conociendo Luis Sforza, que por aquel recelo dejaba de dar la investidura al rey de Francia, le había prometido, que se acabaría con el rey de España, que viniese en ello: y lo pidiese: por lo mucho que le convenía cobrar lo de Rosellón: y que él dio su palabra que en aquel caso la concedería. Eran estas pláticas antes de la restitución de aquellos estados: y aun esto no fue pequeña causa de diferirla: porque mediante ella, pensó el rey de Francia de haber el reino de Nápoles, con el derecho que el rey tenía. Procuró don Diego desviar al Papa de aquella opinión: y que no diese esperanza de conceder tal cosa: siendo en tanto perjuicio de la sede apostólica: y en escándalo de toda la cristiandad: y dijo que aquella respuesta, que decía haber dado, pensando ayudar al rey, porque cobrase su estado, debía tener más fuerza en otro interese, que no en el del rey de España: donde debía procurar de heredar a sus hijos: y no sacar los de su naturaleza. Pero estaba el Papa tan indignado contra el rey don Fernando, que claramente daba a entender, que deseaba, que la investidura se diese, o al rey de España, o al rey de Francia. Era esto en tal coyuntura, que el duque de Calabria estaba con gente de armas en campo: y a la otra parte del reino se allegaba gente de guerra, cerca de las tierras de la Iglesia: y pensó don Diego López de Haro de aprovecharse de aquella ocasión: para concertar al Papa con el rey de Nápoles:creyendo que la necesidad obraría más, que la voluntad: y el rey don Fernando trataba de confederarse con el Papa, con plática de casar una hija con hijo del Papa: porque esto era lo que él pretendía más, que lo que esperaba de Francia: entendiendo, que lo que esperaba de Francia: entendiendo, que no le sería buen vecino el rey Carlos. También tenía el Papa su torcedor contra el francés: para que le reconociese por verdadero pontífice: y le diese la obediencia sin la investidura: porque publicaba, que la dispensación, que el rey Carlos tenía, con la cual casó con la duquesa de Bretaña, era de ningún efeto: y que se pidía de nuevo: pero que no se daría. Esta dispensación se hubo por penitenciaria por industria de los embajadores de Francia cautelosamente: para en el cuarto grado de consanguinidad del rey, y de la duquesa: no nombrando las dignidades: y esto se hubo por un hombre de común condición: porque no se entendiese que el rey de Francia dejaba la hija del reyde romanos: y el Papa bendijo aquella dispensación secretamente: para lo de la conciencia: y decía que en público no quería concederla por el escándalo. Entonces el rey, por tener más prendado al Papa procuró, que don Juan de Borja duque de Gandía su hijo viniese a España: y residiese en su corte: y así vino a Barcelona, por el mismo tiempo que se entregó Rosellón: con cuatro galeras: quellamaban sotiles: que las dos eran de Vilamarín, y las otras dos de Francés de Pau: y en aquella ciudad se celebraron sus bodas con doña María Enríquez, hija de don Enrique tío del rey: que había sido primero desposada con su hermano don Pedro Luis de Borja: que fue el primer duque de Gandía, de los de la casa de Borja. Después que el Papa tuvo sus cosas, a su parecer, bien fundadas, propuso de crear más número de cardenales, de lo que el Colegio quisiera: porque a los que tienen aquella dignidad, siempre se les hace grave, que se comunique con muchos: y pretendía, que con la mayor parte dellos podía hacer lo que quisiese, como lo hizo. Con este temor Juliano de la Robera cardenal de San Pedro sobrino del papa Sixto, que después fue Sumo Pontífice, y se llamó Julio II, hombre inquieto, y sin medio, se juntó con el cardenal de Nápoles, con quien no solía ser muy amigo, y con el cardenal de Portugal: e intentaron de apremiar al Papa tanto en esto, que no parecía con ellos más que un otro cardenal: y saliéronse del consistorio como dicho es. De allí se siguió, que como el Papa entendiese, que de poder absoluto podía crear cardenales sin ellos, parecióle que se justificaba harto, si procedía a la creación, con voluntad de los que se hallaban presentes en consistorio: y con la mayor parte fueron creados. Entre los promovidos a aquella dignidad fue el uno César Borja hijo del Papa: aunque mostró que por aquella vez sobreseyera de le nombrar cardenal: si los ausentes condecendieran en la creación de otros, que fueron eligidos: que eran Alejandrino, y Lunar. Porque por letras tenía mucha necesidad de Alejandrino, y por servicios, y promesa mucha obligación a Lunar. Mas como aquellos cardenales no vinieron en ello, hizo el Papa lo que le convino: y lo que de derecho decía que podía: pero lo que tocaba a Broja, era lo que más fácil se hacía: porque ésta es la desvergüenza de la lisonja: y los suyos afirmaban que no contravenía en aquello al derecho. Tenía el pueblo a César Borja por hijo del Papa: y en esta creación que hizo afirmó, que no lo era: diciendo que por no tenerle por tal, muerto el duque don Pedro Luis su hijo, dio el ducado de Gandía a don Juan de Borja, siendo menor. Cometióse la causa a tres cardenales: y también se introdujo en la Rota: donde se probó por dicho de muchos testigos romanos, que César era hijo de Dominico de Ariñano, y de la Vanoza: que eran marido y mujer: en cuya casa había nacido: declarando, que cuando murió Ariñano, en su testamento le dejó por heredero: y a los que decían al Papa, que por qué causa, no siendo éste su hijo, le quería sin otros méritos, poner en tan gran dignidad, satisfacía con responder, que por ser hermano del duque de Gandía, e hijo de la Vanoza. Su legitimidad se declaró por sentencia difinitiva en Rota, y en consistorio casi por todos, sin discrepar ninguno: puesto que algunos lo remitieron a la conciencia del Papa, aunque no podía ser cierto lo contrario. En esta creación, que fue en las cuatrotémporas de septiembre deste año, con ser la de tantos en contradición de muchos, fue nombrado cardenal don Bernardino de Carvajal obispo de Cartagena, que antes lo había sido de Badajoz: en mucha gracia de todos: por ser generoso, y letrado, y de muy buenas partes, y por la memoria del cardenal de Santángel su tío, que fue muy notable perlado. |