Colombia, 25 de Mayo de 2013
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Don Jose Maria Arango Carvajal y Cordoba Don Jose Maria Arango Carvajal y Cordoba

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HISTORIA DEL REY DON FERNANDO EL CATÓLICO:

DE LAS EMPRESAS Y LIGAS DE ITALIA.

Por Jerónimo de Zurita

LIBRO PRIMERO

Hasta en esto se tuvo siempre tanto respeto a la antigüedad, en lo que toca a los ejemplos de la vida, que las cosas pasadas fuera de nuestra memoria, son las que acatamos, y ensalzamos sobre las de nuestros tiempos: y no sólo las encarecemos, pero las recibimos con admiración: y lo que pasa entre nosotros, es lo que se tiene en poco: y se menosprecia. Así es que con lo que más autorizaron la historia los mayores maestros della, fue con atribuirle, que era la mensajera de la antigüedad: pues el tiempo es el mejor juez de todas las cosas: y lo que se obra con el ejemplo, aquello se tiene por justo, y honesto. Con esto vemos cuántos son los que con envidia, y odio aborrecen las cosas presentes: y con deseo de alguna mudanza, también se huelgan de sus propios peligros: de donde se sigue, que aunque sean los casos, y sucesos que vemos en nuestros días muy nuevos, y extraños, los consideramos, como si fuese una muy común, y ordinaria representación. Apenas echamos de ver las adversidades, y caídas que padece todo un Imperio, y otros reinos muy grandes, y pasamos mucha fatiga por saber lo que está ya envuelto en tinieblas de confusión: de que no nos dejaron los pasados memoria ninguna. Si con esta afición, y con la libertad que solemos en las cosas muy olvidadas, se tratase de las que pasan a vista de ojos en nuestra presencia, que son muy dignas de saberse, los que con tanto cuidado se disponen a esparcir la memoria de las guerras, y paces para un largo siglo, dejarían de sí la estimación y buen nombre que ha de tener el que con sobrada confianza presume ordenar tal obra, cual se requiere para perpetua alabanza de lo que merece ser debujo del reinar. Mirando yo esto, y que las cosas que pasaron en el reinado del rey don Fernando el Católico, desde que comenzó a sacar las armas de España, con el poderío, y fuerza de sus reinos, para la empresa de la defensa, y conquista del que el rey don Alfonso su tío dejó fundado en Italia en tanta majestad, y grandeza, que tan olvidadas quedaron de nuestros autores, fueron tan señaladas, y causaron tantas mudanzas dentro, y fuera della, no hallo entre todas las pasadas, y presentes, que pertenezcan a la gloria de lo sucedido en el augmento del reino de Aragón, otras que merezcan más escribirse. Ésta es la suerte de los príncipes, que a ninguno dellos se deja sin darle su competidor: y aunque sean las virtudes, y partes en otros reyes tan iguales con las deste príncipe, como a cada uno bien visto fuere, su prudencia se manifiesta sobre todos: y entendemos de lo que reconoce el consentimiento, y juicio universal de las gentes, que si los príncipes a quien Dios puso en las manos tan grandes reinos, y tan distantes, quisieren tener cuenta con los beneficios que resultan de la paz, y pues son habidos como tutores del estado público, procuran la seguridad, y prosperidad de sus súbditos, deben acordarse, que no se puede esto buenamente alcanzar, sino con una continua conquista, y contienda, que se ha de sustentar perpetuamente por la gloria, y próspero estado, y crecimiento de su señorío. Pues considerando cuánta fuerza tiene en el reino la mudanza de los tiempos, cuán inciertos son los sucesos, y cuán mudables, y torcidas las voluntades de los hombres, si todas las guerras, y grandes empresas del rey don Fernando hubieron de ser parte para confirmar la paz general, que se introdujo en España por su mano y medio, cuyo fundador, y autor él fue, y le costó tanto el componer las cosas en que consistía el beneficio público de los reinos de España, el cual no se debe desear menos por los príncipes que tienen fin a reinar poderosamente, que por los que llevan el principal gobierno de las que se llaman repúblicas, que tomaron el nombre de la utilidad común, entenderemos que por la buena dicha deste imperio del occidente sucedió, que fuese tan excelente y valeroso rey, que pudiese dejar un verdadero retrato de la forma de gobernar, que es necesaria en los reinos que llegan a esta subida de grandeza: para que quedase como un cierto ejemplo de cómo se han de conservar, y sustentar los reyes, que piensan haber alcanzado perpetua paz, y tranquilidad para su sucesión: pues no había menos necesidad desto, que de aquél que este mismo príncipe, y sus antecesores dejaron en el conquistar. 

Del socorro que envió el rey al duque de Bretaña: por qué el rey Carlos VIII de Francia emprendió de apoderarse de aquel estado. I.

No era aún acabada la empresa de la conquista de los moros, y apenas se hallaban las cosas en estado, que se asegurasen las gentes, que se había de dar fin a una guerra tan perpetua y cruel,como era la del reino de Granada permaneciendo la cabeza dél en aquella majestad, y grandeza que podía representar una ciudad, que había casi trescientos años que estuvo opuesta a toda la fuerza dereyes tan grandes y poderosos, como lo fueron los de Castilla, y les resistió tan valerosamente, por tener el socorro de las provincias de África pobladas de gente muy guerrera tan vecino, y casi a la vista, y amenazando el soldán de Babilonia tan de lejos de enviar grandes socorros, y convertir las armas de los reinos del oriente por la defensa de un reino, que con tanto valor había resistido al poderío de tan grandes príncipes, porque se sustentase en los últimos reinos de Europa, el que por tantos siglos poseían en ellos los infieles, y estando en la mayor furia de la guerra, antes que sepusiese el cerco sobre Baza, se ofreció que el rey don Fernando, que tan justamente mereció el renombre de Católico, y le dejó a sus sucesores, deliberó de enviar socorro de gente fuera destos reinos a Bretaña, contra el rey de Francia: que emprendió de apoderarse de aquel señorío. Entre otras causas que a ello le movieron fue, por la confederación, que tenía con los reyes de romanos, e Inglaterra contra el rey de Francia, su común enemigo: y parecióle buena ocasión, que con ayuda de aquellos príncipes pasase la guerra a Bretaña, como el rey de Francia la amenazaba por nuestrasfronteras: y por medio della fuese forzado, a restituirle los condados de Rosellón y Cerdaña, que estaban ajenados tanto tiempo había, y usurpados con mucha afrenta y mengua de su corona. Juntábase con esto ser muy justa querella amparar al duque de Bretaña: pues su hija que le había de suceder en el estado, era su sobrina: y no se debía permitir, que con tiranía fuese el duque despojado de su patrimonio: y también la facilidad que había, para que todos los príncipes aliados enviasen socorro: por estar la costa de Bretaña tan vecina de sus señoríos. Porque conviene que al principio desta obra se entienda lo que sucedió en esta empresa, que precedió a la restitución de los condados de Rosellón, y Cerdaña, y se comenzó principalmente para cobrar aquellos estados, y della resultó nueva paz entre los reyes de España, y Francia a cabo de treinta años, que por aquella causa había continua guerra, o contienda entre ellos, y sus súbditos, aunque luego volvieron a su enemistad antigua, por la defensa de los reyes de Nápoles, y por el derecho de la sucesión de aquel reino, y de allí resultaron las guerras de Italia en gran turbación, y detrimento de toda la cristiandad, referirse han en este lugar algunas causas, que fueron ocasión y principio de las guerras, y grandes mudanzas, que se siguieron en los estados del reino, y en Lombardía. Desde que murió el rey Luis onceno deste nombre de los reyes de Francia, y sucedió en el reino Carlos su hijo muy mozo, hubo gran competencia sobre la gobernación, y regimiento de su persona: y pretendió apoderarse della Luis duque de Orleáns: por el gran deudo que tenía con él, y por ser casado con su hermana. Pero fue preferida en la gracia del rey, y en su privanza, otra hermana que casó con el duque de Borbón: y ésta tomó a su mano todo el gobierno: y desto se siguió mucha división en todo su reino. Por esta competencia el duque de Orleáns se comenzó a favorecer del rey de romanos: y del duque de Bretaña: a cuyas tierras se acogió después con intención, según algunos pensaron, de dejar a sumujer, y casar con la hija mayor del duque de Bretaña: que no tenía hijos varones: ni los esperaba tener. De aquí resultó la guerra entre el rey de Francia, y los bretones: y hubieron una batalla junto a San Albín: en la cual quedaron los bretones vencidos: y fueron presos el duque de Orleáns, y Juan de Chalón príncipe de Orange. Esto fue por el mes de agosto del año de 1488: y tras esta vitoria se comenzó a poner en plática una nueva concordia. Hallóse también en aquella sazón en Bretaña Alain señor de Albret padre de Juan de Albret, que era casado con la reina doña Catalina de Navarra: y declaróse en la guerra contra el rey de Francia con más justificada querella: pretendiendo, que por medio del duque de Orleáns, y del señor de Dunois, se había concertado matrimonio suyo con la hija mayor del duque, de voluntad de su padre: y por esta causa desde el principio, le fue a valer en la guerra contra sus enemigos: con gente de pie y de caballo, y vino a España estando el rey en Valencia: y procuró con mucha instancia, que enviase socorro al duque. Entonces se le dieron algunas compañías de gente: y se embarcó con ellas en San Sebastián: a donde se juntó una gruesa armada: y fue por capitán della y de aquella gente un caballero catalán, maestresala del rey llamado mosén Miguel Joan Gralla: y fue preso en la jornada de S. Albín. Entendiendo el duque que el de Albret iba en su socorro, con la gente que el rey le enviaba, mostró que recibía dello grande favor: y cobró mucho ánimo, y quiso que el matrimonio de su hija se hiciese: y desposaron al de Albret con ella delante de la señora de la Val, y del mariscal, y vicecanciller de Bretaña: aunque se tuvo secreto: mas por la necesidad en que el duque se vio después de aquella batalla, y porque la armada de Francia se hallaba en la costa, se determinó de venir en el asiento de la concordia con el rey Carlos: y entre otras cosas que hicieron jurar al duque, fue, que no casaría sus hijas durante el tiempo de diez años, sin la voluntad y consentimiento del rey de Francia, so pena de un millón de escudos: obligando por esta causa la villa y condado de Nantes: aunque pretendía el señor de Albret, que antes que esto se jurase, se habían hecho sus desposorios y casamiento: con la cerimonia que allá se acostumbra. Vivió el duque Francisco no un año entero después de aquella concordia, y dejó dos hijas: la mayor se llamó Ana: que sucedió en el estado, e Isabel que vivió poco después de la muerte del padre: y nombró por tutor de sus hijas, al señor de Rius mariscal de Bretaña: y por gobernador del estado: y a la señora de la Val por aya, y gobernadora de sus personas. De allí resultaron luego grandes disensiones y movimientos: porque el señor de Dunois con ayuda del canciller de Bretaña, y de otros aliados suyos se apoderó de la persona de la duquesa, y de su hermana, contra la voluntad del mariscal, que seguía al señor de Albret: y pocos días después el príncipe de Orange, que era tío de la duquesa, fue a tener cargo della con gran voluntad, y buena gracia suya: porque ninguna cosa deseaba ella menos que aquel casamiento del de Albret: y juntóle por ambas parcialidades gran número de gente de guerra: favoreciéndose el mariscal, y el de Albret del rey de Inglaterra, y el príncipe de Orange del rey de romanos, con título de amparar aquel estado del rey de Francia, que con esta ocasión intentaba entrar en él con todo su poder. En este medio el mariscal se apoderó de la villa de Nantes, que es la principal fuerza de aquel estado y ocupó los lugares de la ribera de Villane: y salió en campo: porque los franceses no pasasen a tomar las villas de Guerranda, y Redón. También pasaron entonces ingleses en favor de la duquesa: y se juntaron con el mariscal: e hicieron retener a los franceses: y les ganaron muchas plazas: y fue desbaratada la armada del rey de Francia, estando en Mer, por la del mariscal, que se valió mucho en aquella guerra de los señores de Albret, y de Comienges, y del senescal de Carcasona. Estando las cosas en tanta turbación y rompimiento, el príncipe de Orange que tenía a la duquesa en el lugar de Rennes, requirió a los reyes de España, y romanos, que le enviasen ayuda de gente: ofreciendo a cada uno por sí, que no permitiría que la duquesa casase sin consejo y consentimiento suyo por favorecerse dellos, no sólo contra la parcialidad del de Albret, pero contra el poder del rey de Francia. Ofreciéndole esta ocasión al rey entendió, que era camino para refrenar a su adversario, y aun para le hacer llegar a lo que era razón en la restitución de los condados de Rosellón y Cerdaña: y que todos los confederados debían trabajar, que no se apoderase de Bretaña: y puso todo su cuidado, y pensamiento en pasar la guerra al reino de su enemigo. Para esto deliberó de mandar juntar una buena armada: y enviar en ella mil hombres de armas y jinetes, con fin que con este socorro se procurase la concordia entre aquellas partes, que estaban diferentes en el servicio de la duquesa: y de común acuerdo defendiesen aquel estado de los franceses. Escogió por capitán general desta armada a don Pedro Gómez Sarmiento conde de Salinas: y fueron con él Pedro Carrillo de Albornoz, señor de Priego, y Torralba, Pedro Díaz Quijadaseñor de Villagarcía, y Lope Hurtado, y otros capitanes. Desembarcó el conde con su gente en la baja Bretaña, al principio del año 1490: y con parte della se fue a Rennes: donde principalmente comenzó a entender en concertar las partes, que estaban en rompimiento: y en haber un lugar cercado, y seguro de alojamiento: donde se pudiesen los suyos hacer fuertes, sin mezcla de otra nación. También procuró que no aceptase la duquesa cierta concordia, que el rey de romanos había asentado sin consentimiento del rey de España con el rey de Francia, por medio de Antonio de Fonseca embajador del rey, que estaba en Alemania. Púsose el conde de Salinas en Redón, lugar principal de aquella costa: por estar en defensa, y medianamente fuerte: y por la avinenteza de poder ser socorrido por mar: y repartió algunas compañías en otros castillos: que estaban por la duquesa. Entretanto lo de la concordia entre los mismos bretones se puso en buenos términos: porque la duquesa se determinó aceptarla por medio del conde de Salinas, y de Francisco de Rojas, que estaba por embajador del rey en Bretaña: y con intervención de los capitanes del rey de Inglaterra.

Que la duquesa de Bretaña, y el príncipe de Orange comenzaron a recelarse de la gente española, que fue en su socorro: y no quisieron entregar la villa de Nantes para su seguridad.
II.

Sucedió en este medio, que el mariscal, y la señora de la Val, que eran de una opinión, pedían a la duquesa, que les entregase a su hermana, para casarla con un hijo del señor de Albret: y decía laduquesa que era contenta: pero quería que se hiciese el casamiento e su hermana y el suyo juntamente: con acuerdo y voluntad del rey de España, y de los reyes de romanos, e Inglaterra, que habían tomado a su cargo la proteción de su persona, y estado. Para concertar esto, y verse el mariscal con el príncipe de Orange, que estaba en Redón con el conde de Salinas, quería el mariscal, que elconde se pusiese en Nantes, que estaba por él, en rehenes, en poder de un pariente suyo: pero como aquello no le fuese admitido, fue la señora de la Val a Redón: y quedaron el señor de Albret, y elmariscal a seis leguas de aquella villa. Concedíales la duquesa muy grandes partidos: y entre los otros les dejaba a Nantes, y todo lo que habían ocupado de su estado, por traerlos a buena unión: yreducirlos a su servicio: mas quedaron desavenidos, porque ellos pedían que la duquesa dejase en los oficios algunos que los tenían en vida del duque su padre: que había seguido la parte del mariscal: y la duquesa no vino en ello por haberlos dados a otros criados de su padre: que la servían. Entonces se pasaron el señor de Albret, y el mariscal a Rius a dos leguas de Redón: con toda la gente quepudieron traer, y con hasta quinientos ingleses: y la señora de la Val se fue a ellos: y Francisco de Rojas anduvo de los unos a los otros, para concertarlos: y fue acordado que se dejase aquelladiferencia a la determinación de los reyes de España, y de Inglaterra. Estando las cosas en estos términos, y haciendo el conde de Salinas, y los capitanes de la gente española, cuanta honra y cortesía podían a los bretones, procurando que no recibiesen daño, y teniendo asegurada la una parte de la otra, que no se haría ninguna novedad, las gentes del mariscal tomaron el castillo de Vanas, que estaba a cargo de Pedro Carillo: y prendieron al alcaide: y la gente que en él había. Como quiera que se entendió que la toma de aquel castillo, había sido tratada, y acordada por orden del señor de Albret, y del mariscal, y que todas las muestras, que se habían hecho, de querer concertarse con la duquesa, era por disimular el trato que tenían de haber aquel castillo, el conde porque por aquella causa no se dejase la plática de la paz, y se excusase el rompimiento, les envió al capitán Ortiz, rogándoles que no les impidiesen el camino de la concordia, que estaba en tan buenos términos: y que restituyesen el castillo. Pero quería el mariscal que Pedro Carillo reconociese que le tenía por él: que era no quererentregarle: y juntó en Vanas su gente para pasar a la baja Bretaña, a ocupar las rentas de la duquesa. Por esta novedad el príncipe de Orange, y los del consejo de la duquesa, que estaba en Redón,procurando esta concordia, después de la toma de aquel castillo, se fueron a Rennes: donde la duquesa estaba: y también Francisco de Rojas con ellos: y entendían en juntar toda la gente que podían con determinación que la duquesa discurriese por el estado: para que juntase sus naturales: y el príncipe con las más gentes que pudiese haber se fuese a poner en Iaucelin, que está cerca de Vanas: y el conde con la gente española se juntase con él, para dar orden que la tierra obedeciese a la duquesa. Disimulaban cuanto podían el conde, y Francisco de Rojas trabajando por entretenerlos a todos, y concordarlos: puesto que ni los de la duquesa ni la parte contraria mostraban entero contentamiento de nuestra gente: antes todos estaban quejosos, y sospechosos: porque queriendo los nuestros estar de por medio, para el bien común de todos, no se tenían los unos ni los otros por aprovechados, ni ayudados como quisieran del conde: ni él se podía fiar de ninguna de las partes. Luego se comenzó a tener recelo, que la duquesa trataba de confederarse con el rey de Francia: porque no le ocupasen sus rentas, que era lo que madama de Borbón procuraba: porque viniesen a poder del rey de Francia. Estando en Redón el conde y los capitanes Pedro Díaz Quijada, Rodrigo de Torres, Diego López de Medrano, Lope Hurtado, y Ortiz con la mayor parte de su gente, y Pedro Carillo, y Luis Mudarra con algunos hombres de armas en Rennes, arribaron a la marina de Bretaña setecientos alemanes, que el rey de romanos enviaba en socorro de la duquesa: y el mariscal se puso en orden para impedirles la entrada: y por orden del conde partieron Pedro Carrillo, y Mudarra con su gente a Iaucelin, para dar favor a los alemanes: y Francisco de Rojas se fue a Redón para procurar con el mariscal, que se continuase la plática de la concordia. Sucedió estando las cosas en tanta confusión, que llegó a Bretaña Luis Margarit, que fue enviado por el rey: con principal fin de tratar con el señor de Albret, que le entregase a Nantes en tercería: por ser muy fuerte: y estar sobre la mar: y poderse defender, y socorrer muy fácilmente. El fin del rey era traer con aquel torcedor al rey deFrancia a la restitución de los condados de Rosellón, y Cerdaña: o que casase la duquesa con el príncipe don Juan: o a lo menos se entretuviese la plática de la concordia, por desviar la del rey deFrancia: y buscaba medios como la duquesa se pusiese en poder del conde de Salinas, y Nantes en tenencia de Margarit: porque el de Albret no tomase otro siniestro: a quien el rey de Francia ofrecíahacerle Gran condestable, y darle cuatrocientas lanzas pensionadas: porque le entregase a Nantes: en lo cual consistía toda la mayor fuerza, e importancia de Bretaña. Mas no le hizo esto con tal modocomo convenía: antes en lugar de reducirlos a la concordia, resultó mayor enemistad entre las partes: y la duquesa se agravió tanto, que escribió al príncipe de Orange, que debía mirar por sí, y guardarse de nuestra gente: porque el nuevo embajador favorecería las cosas del mariscal: el cual, y el señor de Albret, tenían treguas: y traían pláticas de concertarse con el rey de Francia. Como se divulgó esto, luego el rey de Francia envió a ofrecer al príncipe de Orange setecientas lanzas pagadas, para que ayudasen a la duquesa: y no solamente se siguieron algunas novedades desta postrera embajada de Margarit, pero aun entre la gente española, comenzó a haber mucha discordia: principalmente entre Margarit, que se hacía de una parte, y el conde de Salinas, y Francisco de Rojas: que querían dar favor a las cosas de la duquesa. En esto el mariscal con su gente movió para se encontrar con el príncipe deOrange, y Pedro Carillo, y Margarit le requirieron que no se moviese: y así lo procuraron en nombre del conde de Salinas: que con grande industria excusaba el rompimiento: y que la persona de la duquesa no viniese a poder del rey de Francia: y se entretenía hasta concordar al de Albret, y al mariscal, y al príncipe de Orange. No hacía la duquesa más de lo que el príncipe de Orange quería: ycuanto a ponerse en poder del rey de España, decía que no se pornía en mano de ninguno, si no fuese de su marido: y no bastó medio, ni trato con los que la tenían a cargo: que estaban puestos por mano del príncipe, y en lo de Nantes había tan buen recaudo, que era excusado que la pudiesen haber los nuestros. De manera que solamente restaba, para que Bretaña no viniese a poder del rey de Francia, tratar de la concordia: porque estaban los nuestros en grande peligro, entre tan diversas naciones: como eran gascones, ingleses, bretones, alemanes, y franceses: y los que tenían cargo de la duquesa comenzaron a tener sus inteligencias con el rey de Francia.


Que el señor de Albret entregó el castillo de Nantes al rey de Francia: por donde se encaminó la perdición del estado deBretaña, y mandó el rey salir dél su gente.
III.


Cada día se fueron más desengañando los nuestros que los que tenían a cargo la persona de la duquesa procuraban más lo que les convenía, que lo que importaba, para asegurar aquel estado.Sucedió que Pedro Carrillo partió para Redón: por tratar con el conde de Salinas: que le diese alguna gente: y llevó consigo hasta cien lanzas, con que pasó a Pleremel cerca de Iaucelin: donde el príncipe de Orange estaba: y en el camino se juntó con Mudarra: que había quedado con la gente de ambas sus capitanías: y tras ellos salió luego el conde con los capitanes, y gente que pudo: dejando recaudo en Redón: con propósito de no dar lugar, que el príncipe, y el mariscal rompiesen: que se acercaban para dar la batalla. Estaban el príncipe, y el mariscal una legua el uno del otro: y el príncipe tenía consigo los alemanes, y la gente de la duquesa: y el mariscal la suya, y hasta seiscientos ingleses: que tenía a su sueldo: y antes que el conde de Salinas llegase, tuvieron una escaramuza: en la cual murieron algunos de entrambas partes. Luego que el conde llegó los puso en tregua: tratando algunos medios de concordia: y no quería venir en ella, porque el príncipe decía que la duquesa le enviaba para coger sus fogajes, y rentas: y el mariscal lo quería impidir: y de allí partió el príncipe para pasar adelante con su gente: y el mariscal se puso en campo con la suya: para pelear con él: y el conde los siguió con los suyos: que eran hasta seiscientos de caballo. Poco faltó que entendiendo losnuestros en despartirlos, no vinieron a las manos con el mariscal: y por esta causa estuvo nuestra gente en gran peligro, de recibir aquel día algún notable daño: en aquel rencuentro: y por el grandevalor del conde de Salinas, y de los capitanes españoles que con él se hallaron, se excusó la batalla: estando casi juntos los escuadrones. Hizo entonces el príncipe muy grande instancia con el conde, para que se declarase, si había de ayudar a la duquesa como el rey de España lo había ofrecido siempre: porque no recibiese engañosa esperanza en tal tiempo: y Francisco de Rojas, que fueenviado para esto, le respondió en nombre del conde, que el rey su señor le había mandado servir, y ayudar a la duquesa, para que ella y su tierra se conservase: si ella, y los que la deseaban servir, noayudasen a perderlo, como estaba en la mano. Porque la de Borbón buscaba todos los medios de rompimiento: del cual resultaba la perdición de la duquesa, y de aquel estado: pues cualquiera deaquellas partes, que quedase vencida, o fuese inferior, había de valerse de franceses: porque todos traían sus inteligencias en Francia: y el rey Carlos tenía sus gentes juntas cerca de Bretaña, para este fin. Por esta causa trabajaba el conde cuanto podía, excusar el rompimiento: y les requería de paz o de tregua: y finalmente la paz se hizo entre la duquesa, y el príncipe como su lugarteniente, y el mariscal, y los de su parte: por medio de los embajadores de España, e Inglaterra: de manera que todas susdiferencias se pusieron en manos de los reyes de España, romanos, e Inglaterra. Al tiempo que esta paz se concluyó, se siguió grande alteración y discordia entre nuestra gente de armas, y el conde sugeneral: dejándole solo en el campo con su bandera, las compañías de Rodrigo de Torres, y de Salcedo: y la mayor parte de la de Mudarra: por acuerdo de los capitanes que seguían a Pedro Carrillo: que pretendía quedar con el cargo de general. Esto fue en tal coyuntura que los franceses se acercaban a Nantes, con su artillería: por trato que tuvieron con Odet Daydia senescal de Carcasona: que ofreció de entregar el castillo, y villa de Nantes en manos del rey de Francia: y siendo avisado dello el mariscal, mandó prender al senescal: y otros suyos: y entraron dentro para su defensatrescientos españoles de caballo. Mas sucedió así: que la concordia del príncipe de Orange, y del mariscal, que tanto se procuró para conservación del estado de Bretaña, fue causa de su perdición:porque della resultó, que los dos desviaron, por cuantas vías pudieron, que no entrasen en Bretaña españoles e ingleses con poder: y su fin fue concertarse en complacer al rey de Francia en lo del matrimonio con la duquesa. Atendía el francés con gran estudio a se apoderar de aquel estado: y entonces era muy fácil, porque el rey de España estaba ocupado en la guerra de Granada: y el rey deromanos había de acudir a lo de Hungría por la muerte del rey Matías: y así pensaba ocupar la villa de Nantes: para lo cual mandó juntar una muy gruesa armada. Quedó el señor de Albret con tantasospecha del mariscal, por las inteligencias que traía con Francia, que estuvo determinado que Margarit se apoderase de Nantes con los españoles que allí había, y con la gentes que tenía: y se alzase con aquella villa: porque con la muerte de la hermana de la duquesa, que falleció en este tiempo, acabó de perder la esperanza de todo lo de Bretaña. En esta misma sazón, por haberse declarado el rey de Francia, de acudir todo su poder sobre Nantes, y apoderarse de lo que más pudiese de Bretaña, el rey acordó de enviar con su armada cierto número de caballeros, y espingarderos de los de Galicia: por la falta que tenía el conde de gente de pie: y fue con ellos Cristóbal Mosquera: pero por tener el tiempo contrario solamente arribaron a Bretaña cerca de trescientos gallegos. Mas como el príncipe de Orange, y el mariscal moviesen plática de haber alguna tregua con el francés, y para esto fue a Francia quedando en Nantes en rehenes por el mariscal, el señor de Cordes, y el de Tramulla, fue inducida la duquesa, por medio déstos, que aceptase la paz, que se había hecho entre el rey de Francia, y el de romanos: y que se tomase un término dentro del cual los ingleses saliesen de Bretaña: que era lo que principalmente se procuraba: y que entretanto se conociese sobre el derecho que el rey de Francia pretendía tener en aquel estado. Estaba muy entendido que el príncipe de Orange encaminaba a los negocios, a que el matrimonio de Francia se efectuase: porque en ello le iba grande interese de un estado, que había heredado en Francia del señor de Chateaubriand en Borgoña: y la conformidad suya con el mariscal, fue causa, como dijimos, que el rey de Francia saliese con su intención: porque los dos traían sus pláticas de ganar la gente de guerra, que estaba en Rennes: de manera que si no a la duquesa, a lo menos a aquel estado, resultó de nuevo mayor daño: de donde se esperaba el remedio: y ellos no hicieron su negocio como pensaron: y volvieron a tratar con el rey de romanos, que casase con la duquesa: y visto el peligro que su estado tenía se declaró, que quería casar con el rey de romanos. Desde entonces el señor de Albret se concertó con el rey de Francia: y se le ofreció de entregarle el castillo de Nantes: por la injuria que la duquesa le había hecho, en no consentir en lo de su matrimonio. Continuando el rey de Francia la empresa de Bretaña, había ayuntado el de Tramulla, que era su capitán general, la gente que estaba de guarnición en aquella frontera: y allegándose a Nantes, el de Albret se apoderó del castillo: y entraron con él trescientos hombres de armas franceses, y quinientos peones: y los del pueblo no solamente no se pusieron en resistencia, pero dieron lugar que se apoderasen de las fuerzas de la villa. Luego el rey de Francia, que estaba en Anges, se pasó a Nantes por mar: adonde fue recibido como señor natural: estando en aquella sazón Luis Mudarra con su gente, y algunos alemanes, e ingleses en Redón: que está a media legua de Nantes. Visto lo que sucedió de aquella fuerza, y cuán poderoso estaba el rey de Francia, y que era necesaria mayor provisión, no solamente enviando gente a Bretaña, mas aún rompiendo con Francia por nuestras fronteras, lo que entonces no se podía hacer, porque si se alzara la mano de la guerra de Granada, había peligro de perderse todo lo conquistado, o lo que era más cierto, conociendo el rey, que por aquel camino, no se podía inducir al rey de Francia a restituir lo de Rosellón, pues tanta contradición había de parte de los mismos que habían de ser socorridos, y mostraban tanta afición al rey de Francia, de quien publicaban mayor temor, viniendo en este tiempo embajada al rey con nueva plática de concordia por parte del rey de Francia, dio esperanza a sus embajadores, que se sacaría la gente de guerra que estaba en Bretaña: y así fue este socorro de tan grande efeto, que ninguna cosa movió más al rey Carlos para allanarse tanto en lo de la restitución de los condados de Rosellón y Cerdaña: considerando que príncipe que con tanta declaración se había determinado de entremeterse en las cosas de Bretaña, con título de parentesco, en las del reino de Nápoles, que era de su propia casa, se había de mostrar parte principal: cuya empresa tenía ya el rey de Francia muy fundada en su fantasía. Desta manera acordó el rey desistir de ayudar a la duquesa: y mandó que el conde de Salinas se viniese con su gente: excusándose con el rey de Inglaterra, que los suyos no se podían sufrir de la manera que estaban: y que el verano siguiente volverían a servir a la duquesa: y enviaría con ellos otras mil lanzas. Juntamente con esto se proveyó que don Juan de Ribera capitán general de las fronteras se acercase con las compañías de las guardas a la frontera de Navarra: porque como había mucho tiempo, que no residía guarnición en aquellas fronteras, no sehiciese algún movimiento por ellas.


De la concordia que se trató entre el rey, y el rey de Francia por la restitución de los condados de Rosellón, y Cerdaña.
IIII.

A la misma sazón que el conde de Salinas recogió su gente, para embarcarse, el rey de Francia se apoderó de Redón: y determinó de mover plática de nueva amistad con el rey de España: siendo persuadido por un religioso, que tenía grande crédito con él, y lo tuvo también con el rey Luis su padre, llamado fray Francisco de Paula: varón de tan santa vida y ejemplo, que en sus días mereció nombre de santo. Como este religioso se halló a la muerte del rey Luis le persuadió, que mandase hacer la restitución de los condados de Rosellón, y Cerdaña: entendiendo que a no hacerse, sería ocasión de perpetua contienda, y guerra entre tan poderosos príncipes, y gran perdición de la cristiandad. Por medio deste hombre santo, que así era llamado comúnmente por todas las gentes, y de fray Juan de Mauleón, que era muy acepto a madama Margarita hija del rey de romanos, que estaba en Francia, como mujer del rey Carlos, y tenía gran devoción a aquel santo varón, el rey al mismo tiempo que trataba de echar de Bretaña a los franceses, comenzó a mover pláticas de amistad, y concordia con la casa de Francia: visto cuánto importaban aquellos estados de Rosellón por el peligro que tenía el principado de Cataluña, quedando en sujeción de tan poderoso adversario. Fue tratado con diversas, y muy justas causas de mover el ánimo del rey Carlos a esta concordia: principalmente por el descargo del ánima del rey su padre, que estando ya para morir envió al obispo de Lonbes, y al señor de Dunois para que entregasen a Perpiñán: y los mandaron volver a Burdeos, siendo ya muerto: y también conocía el rey de Francia, que su estado no se podría conservar en sosiego dentro de su casa sin la paz con el rey de España: no estando asentadas las cosas de su reino. Tenía ejemplo muy reciente en los ingleses: los cuales si juntamente con la casa de Borgoña habían puesto a su padre en peligro de perder todo el reino, o poco menos, pareció bien justo el temor que se podía tener, si los reyes de España, e Inglaterra, y de romanos fuesen una misma cosa, como lo había de ser, siendo sus enemigos. Esto le fundaba más en razón: con entender el rey de Francia, que el rey de romanos, ni su casa nunca serían amigos verdaderos: y que siendo confederado con España redundaba singular beneficio a toda la cristiandad: y grande aumento de la religión. Procuróse a los principios, que los reyes le viesen: porque se conocía que muchos deseaban la discordia entre ellos: y el duque de Borbón y su mujer mostraban desear la paz. Pero los que seguían la parte de Margarita hija del rey de romanos, no querían oír, que estos príncipes se confederasen. Por esto envió el rey de Francia a fray Juan de Mauleón a España, para que prosiguiese en tratar de los medios: y llegó a la corte del rey al tiempo que la reina estaba en Moclín, y el rey entró con poderoso ejército en la vega de Granada: y había ocupado gran parte de las Alpujarras, haciendo la guerra contra los lugares fuertes cruelísimamente: como se requería para mayor castigo, y terror de los que tenían su esperanza en la gran aspereza de los montes: y esperaban allanar lo que quedaba de aquella sierra: y por ladiscordia que había dentro en la ciudad, estaban los moros en tan gran aprieto: que no podían defenderse muchos días. No deseaba menos el rey cobrar lo de Rosellón, que fenecer la guerra de losinfieles: considerando, que si aquella conquista se remataba, resultaba mayor dificultad en persuadir a su adversario a la concordia: si le viese más libre, y desembarazado, y fuera de la antigua contienda de los moros: pues entre tanto que duraba, era menos temido, para que se pensase, que había de mover otra guerra: y así siendo para todo tan importante como lo de Rosellón, y estando en poder de franceses, por esta causa desde que el rey Carlos comenzó a reinar, se trató de asentar paz con él por medio de matrimonio de la infanta doña Isabel: y sobre ello fue enviado por el rey de Francia a España el obispo de Elna: mas como en aquello se puso alguna dilación, el matrimonio se efectuó con el príncipe de Portugal: y en esta sazón por medio destos religiosos, se tornó a mover la plática desta concordia: y se trataba que los reyes se viesen: y fue enviado embajador por el rey a Francia Juan de Albión el cual llegó a Amboise donde el rey de Francia estaba en el mes de marzo casi un año antes que la ciudad de Granada se rindiese. Explicó este embajador su creencia estando presentes el duque de Borbón, y el almirante de Francia, y el señor de Cordes gobernador de Borgoña: y el hijo de Luis de Luxemburgo condestable de Francia: que era gran privado del rey: y declaró la causa de su ida. En summa era responder a lo que fray Juan de Mauleón había movido con cartas del rey de Francia, y de su hermana mujer del de Borbón: para que se viesen en principio de abril en la frontera de Fuenterrabía: significando la voluntad que el rey tenía a las vistas: puesto que no creía, que en tan breve se pudiese acercar a la frontera: estando más ocupado que nunca en la guerra de los moros: en la cual convenía que se hallase presente. Pero dijo: que considerando cuánto beneficio se podía seguir de aquellas vistas, se desocupase el rey de Francia para acercarse a la frontera, siendo dello avisados, partirían el rey y la reina para Burgos: y de allí a Fuenterrabía. En la respuesta mostró el rey deFrancia estar con queja, por haberle concluido antes de las vistas, el matrimonio de la infanta doña Isabel con el príncipe de Portugal: y respondió que se declarase primero, si el rey de España estabaconfederado con el rey de romanos: o con el de Inglaterra: porque si eran aliados, como se decía, no había esperanza que se efectuase ninguna buena concordia: pues se entendía que aquellos príncipestenían nuevas inteligencias en España, contra la casa de Francia. Fue mayor causa desta dilación que tomaba con achaque del matrimonio, haberle sucedido en aquella sazón prósperamente las cosas de Bretaña: pero Juan de Albión, que estaba en buena gracia del rey de Francia, tenía tales formas, y medios para haber dél audiencia secretamente sin estruendo, ni demostración de embajada, que como bien diestro en aquella corte, y en las negociaciones francesas, haciendo instancia en lo que tocaba a la restitución de aquellos estados, mostraba al rey Carlos cuánto más se gastaba en la confederación dellos, de lo que valían, ni podían rentar. Afirmaba, que si tardase de cumplir lo que el rey su padrehabía mandado, por ventura cuando quisiese cumplirlo, no sería en su mano, ni en la del rey su señor, como entonces lo estaba, que las cosas no llegaban tan adelante, que todo no se pudiese biencomponer: lo que por ventura no habría lugar, estrechándose más los negocios: e insistía en que se hiciese, no se concertando las vistas, lo que se había de tratar, y hacer en ellas: porquesobreseyéndose de enviar socorro de España a la duquesa de Bretaña, como lo había ofrecido el rey su señor, no teniendo seguridad de la concordia, y dilatándose las vistas, conveníase determinase luego: porque pudiese con más justo color dejar de enviar el socorro a Bretaña: y él también desistiese de hacer guerra a la duquesa, hasta que se hubiesen visto: porque de otra manera, no era razón que el rey su señor olvidase el remedio de los daños, que aquella princesa recibía: y todo su estado. Pero como las cosas de Bretaña no estaban aún asentadas, cualquiere negocio se difería, hasta ver que aquello se hubiese acabado.



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