Panamá
Traición francés y zarpazo estadounidense
Vea también: Panamá II, Panamá III, Panamá IV y Panamá V
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Hasta 1903 el istmo panameño perteneció a Colombia como departamento,
una de las divisiones administrativas en que estaba dividida esta nación en esa
época. Siempre fue motivo de preocupación la soberanía territorial por las
políticas expansionistas e imperialistas de las potencias europeas y los
Estados Unidos.
Desde la época colonial y casi desde la conquista se hablaba de la
creación de un canal interoceánico en Centroamérica y el istmo panameño era uno
de los puntos donde se consideraba más factible su apertura. Ya estaba la
invasión y ocupación del territorio colombiano de la Costa de Mosquitos, frente
a Nicaragua en el Mar Caribe donde los británicos se habían asentado con la
intención de extender su influencia en Centro América. Esta invasión pasó sin
ninguna clase de atención o reclamo del estado colombiano.
Tras la independencia y la constitución de la Gran Colombia, Panamá en
forma libre y espontanea se adhiere a la nueva nación entonces gobernada por el
Libertador Simón Bolívar. Disuelta esa nación en tres países Ecuador, Nueva
Granada y Venezuela, suceden intentos separatistas panameños que terminan en
1841.
El Tratado Mallarino-Bidlack de
1846
La Nueva Granada (hoy Colombia) sabía que no podía defender la
soberanía del istmo de la creciente amenaza imperialista británica, en 1846 el
Presidente Tomás Cipriano de Mosquera encomendó a su Ministro de Relaciones
Exteriores Manuel María Mallarino, para entrar en conversaciones con los
Estados Unidos con el fin de lograr esa protección. Mallarino se dirigió a
Benjamín Bidlack, encargado de negocios de los Estados Unidos en Bogotá con
quien intercambió ideas y puntos de vista. En últimas, la Nueva Granada le
solicitaba a los Estados Unidos que le garantizara la posesión, soberanía
y neutralidad del istmo de Panamá y le
ofrecía a cambio ventajas para el transporte a través del Istmo, de sus
mercancías, correo, y pasajeros en las mismas condiciones de los entonces
neogranadinos. Así se firmó el Tratado denominado de Paz, Amistad, Navegación y
Comercio, el 12 de diciembre de 1846; pero una de sus desventajas fue el
artículo 35, en donde los Estados Unidos se comprometían a garantizar la
neutralidad del istmo y el libre tránsito entre los océanos Pacífico y
Atlántico, dándose de este modo el camino al intervencionismo estadounidense en
la Nueva Granada pues le autorizaba el uso de tropas con este fin, todo a
cambio del reconocimiento de la soberanía colombiana en el istmo y su defensa.
Estados Unidos aunque una nación poderosa, aún no era la potencia
mundial en la que se erigiría. Desde 1823 había sido proclamada la Doctrina
Monroe, en la cual se establecía América para los Americanos, pero tras su
aplicación, su verdadera traducción es América para los estadounidenses y ya
corría a voces una nueva doctrina predicada desde la prensa por John O.
Sullivan, el Destino Manifiesto (Manifest Destiny) en el cual se justificaba la
anexión de territorios. Entre el imperialismo británico y el estadounidense,
Colombia consideró el estadounidense.
Por fortuna, unos pocos años más tarde, Gran Bretaña y los Estados
Unidos maniataron mutuamente sus ansias expansionistas para la construcción y
dominio de una vía interoceánica centroamericana mediante la firma del tratado
Clayton-Bulwer en el cual ninguna de las dos naciones podía dominar una vía
interoceánica, ni fortificarla. Esto permitió tanto a Colombia como Nicaragua,
los dos países más probables para la construcción de la vía, descansar de las
amenazantes potencias.
En 1850 el Presidente José Hilario López logró la construcción de un
ferrocarril mediante una concesión a una firma estadounidense, The Panama
Railroad convirtiendo el istmo en un punto de suma estrategia para el
transporte de todo tipo a través de su territorio entre el Atlántico y el
Caribe.
El oficial de la armada francesa, Lucien Wyse, quien había recorrido y
explorado Panamá en busca de una ruta para la construcción de un canal
interoceánico, llegó a Bogotá a principios de 1878. Wyse era sobrino nieto del
Emperador Napoleón Bonaparte y su nombre completo era Lucien Napoleón Bonaparte
Wyse, hijo natural de la Princesa Leticia Bonaparte, ya separada hacía 20 años
de su marido legitimo, Thomás Wyse, un escritor irlandés quien le dio el apellido.
El Canal francés
Wyse cayó bien entre los colombianos y estos a él. La cuestión de la
vía interoceánica era de sumo interés para el Estado colombiano, así en
cuestión de días logró un contrato con el gobierno del Presidente Aquileo Parra
para la construcción de un canal en el istmo. El Ministro del Interior y
Relaciones Exteriores, Gral Eustorgio Salgar firmó con Wyse el contrato de
concesión Salgar-Wyse. El convenio fue sancionado por el sucesor de Parra, el
recién elegido Presidente Julián Trujillo.
De regreso en París Wyse logra convencer a Ferdinand de Lesseps para
emprender tan magna obra. Tras todos los estudios de factibilidad y
rentabilidad. Wyse cedió la concesión a Lesseps en 10 millones de francos,
cinco en dinero y cinco en acciones de la nueva empresa, que se fundaría,
constructora del canal. Se crea la Compañía Universal para la Construcción del
Canal Interoceánico de Panamá con la emisión de acciones que compran los
franceses.
Sin embargo para los Estados Unidos no es fácil aceptar que una
potencia ajena a América haga una obra de tal magnitud. El entonces Presidente
Rutherford Hayes (1877-1881) recurriendo a la Doctrina Monroe, proclama en un
mensaje al Congreso de su país que cualquier canal en América debe estar bajo
dominio estadounidense, pero como tenía las manos atadas por el Tratado
Clayton-Bulwer, no dijo nada más. Así Lesseps comprende y debe aceptar la
protección estadounidense para el canal que abriría y Colombia obviamente nada
puede decir pues tiene el Tratado Mallarino-Bidlack que le otorga a la
creciente nación del norte, prerrogativas importantes pero le asegura a la
nación la soberanía sobre el departamento del istmo. Hayes trata de ampliar el
artículo 35 del Tratado, indicando que cualquier concesión hecha por el gobierno
de Colombia para abrir un canal en el istmo, debe llevar la aprobación del
gobierno de los Estados Unidos. El Presidente Rafael Núñez rechazó la exigencia
estadounidense. Estados Unidos comenzó entonces una especie de guerra
diplomática con Colombia, enviando a Bogotá representantes diplomáticos
groseros, altaneros y coléricos cuyo único fin era el de fastidiar al gobierno
de una nación desleal a sus intereses.
El proyecto avanza y la construcción comienza pero los franceses no
estaban preparados para el clima tropical del istmo y mucho menos para las
enfermedades tropicales como el cólera, la fiebre amarilla, malaria etc. Además
ya sobre el terreno, cada vez es más urgente cambiar los planes iníciales de
construir un canal a nivel por otro de esclusas, que mediante lagos naturales o
artificiales vaya subiendo o bajando el nivel de los buques en transito. Este
punto se convierte en gran obstáculo para Lesseps, quien no acepta la
construcción de esclusas. Para empeorar la situación, Lesseps revisa el plan y
programa. Menosprecia la montañosa y rocosa geografía istmeña y la compara con
la arenosa, plana y suave del Canal del Suez y reduce el presupuesto inicial de
214 millones de dólares a tan solo 120 millones de dólares. Una locura, pues
además de que el terreno de Panamá necesitará mayores esfuerzos en la
extracción de materiales, además de su remoción, reduce la expectativa en la
terminación de la obra a apenas 6 años contra los 10 que le tomó hacer el Canal
del Suez.
Phillipe Bunau Varilla
En 1884, la empresa del canal contrató a un ingeniero francés llamado
Phillipe Jean Bunau Varilla. A cabo de un año y por las dificultades para
mantener el personal saludable o al menos vivo, Bunao Varilla fue ascendido a
administrador general de la empresa en Panamá.
Cuando ya se completaban 8 años de labores (dos más de los
presupuestados) Lesseps por fin acepta hacer esclusas. Pero en 1889 la empresa
quebró. Había gastado más de 235 millones de dólares y perdido 21 mil
trabajadores a las enfermedades tropicales.
El escándalo fue mayúsculo en Francia, donde cientos de miles de
pequeños accionistas habían perdido los ahorros de la vida al invertir en la
empresa de Lesseps. En 1891 estalló otro escándalo por maniobras dolosas. Cayeron
empleados públicos y tres gabinetes ministeriales. Incluso se abre una
investigación en el parlamento francés y al todo poderoso Ferdinand de Lesseps
se le abre un proceso judicial.
En Colombia cayó muy mal el fracaso de la obra además de los problemas
políticos que acarrea la época, plena era de la Regeneración. En cambio en
Panamá entra el desespero. La ciudad se había convertido en un centro
cosmopolita donde llegaban extranjeros de todas las nacionalidades y abundaban
los hoteles, bares, cafés, restaurantes y claro, prostíbulos que recibían
grandes dividendos por el transito o permanencia de tanto contratista y obrero.
Los Estados Unidos estalló de júbilo. Se paraba la obra que,
indispensable y estratégica para sus intereses, se les había salido de las
manos (por tenerlas maniatadas). El Congreso se apresuró en aprobar la moción
siguiente: "Se resuelve por el Senado y la Comisión de Relaciones, que el gobierno de los Estados Unidos
vería con seria inquietud y desaprobaría toda conexión de un gobierno europeo
cualquiera, con la construcción o administración de un canal marítimo a través
del istmo del Darién o de la América Central; y consideraría tal conexión o
administración como contraria a los derechos legítimos y a los intereses de los
Estados Unidos y como una amenaza contra su prosperidad."
La Compañía Nueva del Canal de Panamá
En 1894 los franceses
conscientes de la inmensa perdida por parte de la Compañía Universal crearon
una nueva, pero con los acreedores de la antigua ya que con los antecedentes
nadie invertiría en ella o sea crearon una empresa de papel con todos los
pasivos de la Universal como activos de la Compañía Nueva y además la prorroga
a la concesión de abrir el canal por parte del gobierno colombiano, por 10 años
más. Sabían los franceses, ahora encabezados por el ingeniero Bunau Varilla
(quien como contratista era uno de los acreedores de la Universal) que la
Compañía Nueva del Canal de Panamá no podría nunca terminar la obra, optaron
por buscar un cliente. Pero la moción del gobierno estadounidense limitaba los
posibles clientes a uno solo: los Estados Unidos. Era el único que podría
comprar la empresa y efectivamente terminar el canal. Aunque este asunto (terminar
o no) a estas alturas no importaba. La urgencia radicaba en recuperar algo de
los dineros invertidos y perdidos. La empresa por lo tanto fijó en libros la
suma de 109 millones de dólares el valor de nueva compañía.
El Presidente
Núñez había sido reelegido por cuarta vez para el periodo 1892-1898 pero
falleció en 1894 dejando en la presidencia a Miguel Antonio Caro, el
Vicepresidente, hijo de José Eusebio Caro quien con Mariano Ospina Rodríguez fundaron
el Partido Conservador y considerado uno de los principales redactores de la
Constitución de 1886, así como el
primer ideólogo del pensamiento conservador colombiano.
Nelson Cromwell
En Nueva York, Philippe Bunau
Varilla contactó a un habilísimo abogado de la firma Sullivan y Cromwell,
William Nelson Cromwell, uno de los fundadores, y hombre encantador, con
excelentes relaciones comerciales y políticas (hacía aportes a las campañas
republicanas) y personalidad avasalladora pero inescrupuloso, quien también
tenía acciones del Ferrocarril de Panamá, parte ahora de los activos de la
empresa francesa.
Cromwell ideó una empresa
estadounidense, The International Canal Company con el fin de adquirir a
precios irrisorios, acciones de la Compañía Nueva del Canal, tomar el control y
ya dominada, especular con ella en la bolsa de Nueva York. Una vez con las
acciones en el bolsillo buscaría que el gobierno de los Estados Unidos
adquiriera la compañía nueva y construyera el canal obteniendo grandes
utilidades. Lo que nadie sabía era que el habilidoso Cromwell había juntado en
el negocio además de sus compinches y testaferros jurídicos, a los hermanos
franceses Philippe y Maurice Bunau Varilla, grandes especuladores de Wall
Street como el magnate John P. Morgan, además de personajes con excelentes relaciones
políticas de la talla de Douglas Robinson
y Charles Taft.
Todo estaba listo, pero el
Presidente de los Estados Unidos, Grover Cleveland, un demócrata anti imperialista, quien ya había ejercido la
primera magistratura entre 1885 y 1889, fue reelecto para el periodo 1893-1897.
Cleveland tenía otro concepto muy diferente sobre lo que debería ser una vía
interoceánica, además de neutral, en concordancia con las naciones del mundo y
no una imposición sobre el país donde se construyese y el resto de América. No
quiso escuchar ni tocar nada en referencia al tema. Así les toco esperar,
buscar una nueva oportunidad. Esta no demoró mucho.
En 1897 fue elegido Presidente
el republicano William McKinley, un hombre serio y pacifico que cometió el
error de permitir mediante intrigas y recomendaciones, incluir en su nomina el
nombre de un belicoso, imperialista nacionalista que lo llevaría a una guerra
internacional, Teodoro Roosevelt, cuñado de Douglas Robinson casado con Corrine
Roosevelt, uno de los accionistas de The International Canal Company de Nelson
Cromwell.
Sanclemente y Marroquín
El 4 de julio de 1898 fue
declarado ganador de las elecciones y Presidente de la República Manuel Antonio
Sanclemente con José Manuel Marroquín como Vicepresidente. Colombia así colocaba
a dos personajes totalmente incapaces de gobernar en la presidencia. El
primero, Manuel Antonio Sanclemente era un brillante abogado quien había
ocupado diversos cargos públicos, con mucha experiencia pero quien ya había
cumplido ochenta y cinco años de edad y con serios quebrantos de salud que le
imposibilitaban residir en la capital de la República y el segundo, José Manuel
Marroquín un pusilánime escritor y poeta, sin ninguna clase de experiencia ni
interés en política, incapaz de decir no o negarse a cosa alguna y cuyo interés
primordial radicaba en leer novelas y sacar anagramas. Aparentemente la idea de
Caro era convertirse en el poder detrás del poder, de allí su jugada de subir a
la presidencia a dos venerables ancianos, respetables y alejados de la política
militante, sin ser amenaza para nadie e incapacitados para gobernar, el uno por
salud y el otro por carácter.
La Guerra Hispano-americana
Roosevelt en su corta carrera
política había dado muestras absolutas de intolerancia y belicosidad peligrosa.
Había dicho "lo que este país necesita es una guerra!" Ahora desde su posición
como Subsecretario de la Armada empezó a dar muestras concretas. Empezó por
construir acorazados con el fin de acabar la hegemonía británica en los mares
(detestaba a Inglaterra), sugería que Estados Unidos debía anexarse Canadá,
luego quiso anexarse Hawaii y puso sus ojos en Cuba con el mismo fin. Entonces
preparó cuidadosa y personalmente la guerra hispano-americana. "Quiero ver la
Doctrina Monroe aplicada integralmente y creo en esa política con toda mi alma
y mi corazón." Así en 1898 tras crear graves y belicosas medidas (al parecer
sabotear y hundir el USS Maine en el puerto de la Habana para culpar a los
españoles) obligó a Presidente McKinley declarar la guerra a España. "No soy
sensible sobre el asesinato de cualquier numero de hombres, si existe razón
adecuada", dijo después a un embajador alemán.
La guerra con España duró
poco, apenas dos o tres meses y España perdió Cuba, Puerto Rico, Guam, las
Filipinas y las Islas Carolinas con Estados Unidos. Pero la guerra había
logrado demostrar dos puntos claros; los Estados Unidos era ahora una verdadera
potencia mundial; y la imperante
necesidad para la apertura de una vía interoceánica en Centroamérica. La gran
demora en el arribo de buques del Océano Pacifico a Cuba y su posterior envío a
las Filipinas demostraron su urgencia estratégica.
McKinley presionó al congreso
para expedir una ley al respecto y en efecto el proyecto se llevó acabo
sugiriendo la construcción de un canal por Nicaragua. Un golpe mortal para las pretensiones
de los Bunau Varilla y Cromwell con sus asociados. Pero al pasar del senado a
la cámara, esta recibió cambios que al parecer fueron planeados para torpedear
la iniciativa y crear un conflicto entre las dos cámaras. Pero el efecto fue
preciso, se logró detener su sanción en ley.
La Guerra de los Mil Días
Colombia, con tres millones de habitantes, aproximadamente, se
encontraba en una difícil situación económica, arruinada a causa de las
continuas emisiones de papel moneda para pagar los gastos ocasionados por las
guerras civiles. Fue entonces cuando se presentó, como consecuencia lógica, una
inflación que encareció las importaciones y estimuló la especulación, factores
que complicaron todavía más el mal estado del país. En estas circunstancias, el
grupo liberal llamado "autonomista", encabezado por el general Rafael
Uribe Uribe, promovió la guerra contra el gobierno de Manuel Antonio
Sanclemente, y en general contra los conservadores pero en especial contra la
Constitución de 1886, considerada "monárquica" y demasiado
centralista por los liberales radicales. Así el 18 de octubre de 1899 se inició
la Guerra de los Mil Días.
En 1900 se llevaron acabo las elecciones presidenciales en los Estados
Unidos y el Presidente Mckinley puso su nombre a consideración de sus
conciudadanos para la reelección. Al Senador de Nueva York Thomas Platt le
preocupaba que ese "loco" (madman) de Roosevelt pudiese pasar de la gobernación
de Nueva York a la Presidencia de los
Estados Unidos, pues no era sino un paso. Cuidando sus propias aspiraciones
para la candidatura de 1904, logró en medio de los amigos de Roosevelt, en
particular Cabot Lodge hacer que éste aceptara la nominación para la vice
presidencia de McKinley. La vice presidencia era una posición muy cómoda, bien
remunerada, traía privilegios y honores, pero no se hacía nada y era una forma
de pasar al ostracismo político. De esta manera, en una jugada política,
buscando alejarlo de las reales posibilidades de la candidatura republicana a
la presidencia, Roosevelt llegó a la vice presidencia de los Estados Unidos
durante el segundo periodo presidencial del Presidente McKinley. El abogado
Cromwell había hecho una donación de 600 mil dólares a la campaña de McKinley,
pues sus socios, Douglas Robinson y
Charles Taft tenían vínculos muy estrechos con el nuevo vicepresidente.
Para 1901 el Vicepresidente
Marroquín había usurpado, con el movimiento del 31 de Julio de 1900, la
presidencia, colocando al Presidente Sanclemente bajo custodia y detenido en
Villeta.
Carlos Martínez Silva
Cromwell envía un comisionado
a Bogotá para que este país nombrase un representante en Estados Unidos que les
ayudara, como funcionario colombiano, ante el gobierno estadounidense en sus
pretensiones para venderles la compañía y que ellos hicieran el canal. El
Ministro de Relaciones Exteriores era el doctor Carlos Martínez Silva y fue él,
el seleccionado para que en calidad de Canciller defendiera ante el gobierno de
los Estados Unidos la obra por Panamá. Así Martínez Silva llegó a Washington
como Canciller en comisión de resolver los problemas del canal.
Lo primero que encontró el
doctor Martínez fue que la Legación en Washington no tenía sino tres
funcionarios, él como Ministro y embajador, Arturo de Brigard, el cónsul en
Nueva York (y sobrino de Marroquín) y don Tomás Herrán el secretario de la
Legación. Ese sería su equipo para enfrentar a los Estados Unidos, el monstro
que todo lo sabía, todo lo quería y todo lo podía; Nicaragua haciendo lobby
desde hace años para hacer el canal por su territorio y gran favorita de los
estadounidenses; y los liberales rebeldes que ya estaban asentados en el país
del norte despotricando contra el gobierno.
Gran despliegue hacen los
diarios estadounidenses sobre el arribo del Ministro de Relaciones de Colombia.
En esa nación todo en referencia al canal interoceánico es de gran interés así
que su arribo a Washington es visto como la opción para una nueva ruta que el
gobierno colombiano ofrece con el fin de satisfacer sus necesidades
estratégicas. Si antes de esta fecha los periódicos destacaban información
sobre Colombia y en meses recientes sobre la guerra civil, ahora tendrán el ojo
puesto en el país.
Carlos Martínez Silva encuentra
un excelente aliado en Nelson Cromwell, hombre que si conoce a fondo el
ambiente y los personajes de la capital estadounidense. Cuenta con su apoyo y
se siente más confiado pues los Estados Unidos ya están tratando de acabar con
el Tratado Clayton-Bulwer con el fin de abrir su propio canal, bajo su
exclusivo dominio y fortificarlo a su antojo.
El 27 de marzo de 1901, el
mismo día en que el doctor Martínez Silva presenta sus credenciales al
Presidente McKinley, el Secretario de Estado, John Hay, le pide un memorándum
sobre lo que podría ser un convenio entre los Estados Unidos y Colombia para el
Canal de Panamá. Martínez Silva responde con un documento en el cual le asegura
al gobierno de los Estados Unidos que Colombia autorizará a la empresa francesa
traspasar la concesión a los Estados Unidos previo acuerdo entre los dos
gobiernos. El acuerdo entre los dos gobiernos debía basarse en que los Estados
Unidos garantizara a Colombia la soberanía de todo el istmo y la neutralidad
del canal. Aunque si fuera el caso, tanto Estados Unidos como Colombia podría
cerrar el paso a naciones hostiles, enemigas y en guerra con ellos. Colombia
recibiría un cinco por ciento de lo producido por el Canal y además un
empréstito sobre futuros réditos por la suma de veinte millones de dólares para
ser invertidos en papel moneda y ferrocarriles.
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