El Asesinato de Álvaro Gómez Hurtado
Álvaro Gómez Hurtado, hijo del ex Presidente Laureano Gómez Castro, fue asesinado el 2 de noviembre de 1995 cuando salía de la Universidad Sergio Arboleda, institución fundada por el donde dictaba catedra.
Llegó a la vida pública cuando apenas contaba los 21 años y nunca, a pesar de sus propósitos sinceros, pudo dejarla. Seguía escribiendo en El Siglo, dirigiendo su noticiero, promoviendo nuevos planes políticos y acuñando frases que hacían carrera: "Las repúblicas independientes", "El talante conservador", "El PRI colombiano ", "La salvación nacional". . . A los 28 años ya era embajador en Suiza y miembro de la Cámara de Representantes. A nadie le cabía en la cabeza que algún día dejara de llegar a ser presidente de Colombia.
Álvaro se había convertido en el azote del gobierno Samper a raíz del descubrimiento de la narco financiación de la campaña presidencial que lo había llevado a la presidencia. En demoledores editoriales en el Nuevo Siglo, periódico de su propiedad, sostenía que el problema radicaba en el régimen y no en el presidente. La profundidad y capacidad de comprensión lo había llevado a entender en que el problema no estaba en el gobierno de turno sino en el sistema y sus miembros. La sociedad colombiana llevaba casi una década conviviendo muy de cerca con el narcotráfico y la corrupción de éste, había impregnado todas las esferas.
Preguntado sobre un futuro juicio en el congreso al Presidente Samper, "¿Quién lo va a juzgar?" había respondido Gómez en alusión a la complicidad de las bancadas liberales, quienes había recibido los dineros aportados por la mafia a la campaña "Samper Presidente", al fin y al cabo esos ingresos se habían utilizado para "lubricar" las maquinarias electorales del partido.
Dos días antes de ser acribillado, había dicho una entrevista televisiva "el presidente no se va a caer, pero tampoco se puede quedar".
Gómez Hurtado había sido tres veces candidato presidencial, dos a nombre de su partido, el Conservador y una en forma suprapartidista con una alianza creado por él denominado Movimiento de Salvación Nacional. En la primera oportunidad fue en 1974 contra el candidato liberal Alfonso López Michelson, la segunda contra el también candidato liberal, Virgilio Barco Vargas en 1986 y en la tercera oportunidad contra el también liberal César Gaviria Trujillo en 1992.
En 1988 había sido secuestrado por las guerrillas del M-19
Álvaro Gómez contaba con los más preciados dones de que pudieran disponer los colombianos de su tiempo. Dueño de una gran cultura literaria, con el consiguiente dominio de cuatro idiomas y de una gran familiaridad con las lenguas muertas, le permitieron pasearse por los más diversos temas de la vida contemporánea con un gran dominio del pasado y grandes expectativas de futuro. Un rasgo casi desconocido de su personalidad era su actitud para el cultivo de las bellas artes, gracias a su sensibilidad excepcional. Tanto en la pintura como en la escultura y en la música. Era uno de los pocos colombianos que sumaba un tan gran número de conocimientos, a la altura de un maestro en la crítica de la música y de la escultura, a más de haber sido un afortunado ejecutor en la práctica del dibujo.
Se cumplieron doce años del asesinato de Álvaro Gómez Hurtado. Ninguna palabra, ningún acto judicial, ningún elemento que pudiera hacer pensar que se va a investigar a fondo, se produjo. Durante este año se removió el impune crimen de Luis Carlos Galán, hasta llegar a una conclusión. También se encontraron elementos adicionales sobre el Palacio de Justicia, que han causado honda controversia. El caso del doctor Gómez sigue, en cambio, en la total impunidad, como escindido de las demás investigaciones y como si nadie se atreviera a dilucidarlo.
El caso ha tenido todo tipo de vueltas y revueltas sin nunca saberse la verdad completa. En el momento mismo en que se produjo el asesinato fueron previstas algunas pruebas que pronto se cayeron. Nunca se supo si aquellas fueron más bien una maniobra de distracción o eran reales. También fueron capturados unos personajes de Montería, pronto dejados en libertad. Más tarde se detuvieron otras personas que tampoco resultaron procesadas eficazmente. Se habló de exoficiales, que pronto salieron en libertad. Tan solo se produjo el cierre de la llamada Brigada XX, pero el acto administrativo no sirvió para resolver el magnicidio.
En medio de lo anterior se tramaron todo tipo de consejas extravagantes. Como para excusar el crimen se llegó a construir el improperio de que el doctor Gómez participaba de un golpe de Estado, lo que desde luego hería su carácter de demócrata. Otros "loquitos" adujeron que así era, sin nunca comprobar semejante dicterio. También se encontraron otros papeles que hablaban de esa eventualidad, pero en los que nada tenía que ver Álvaro Gómez.
Se llegó a decir que la maniobra de su asesinato consistía en una distracción para camuflar el impacto del denominado Proceso 8.000. Se afirmó, por igual, que se trataba de apartar a la única persona que venía denunciando al Régimen y que de prosperar en su embate político, habría logrado configurar otras realidades. Y así cada quien ha dicho lo que le ha venido en gana sin que jamás el protagonista principal -la justicia- hubiera dado dictamen alguno.
Durante el año 2007 una de las personas clave del Proceso 8.000, Fernando Botero Zea, sostuvo que tenía los indicios suficientes para decir que el crimen de Álvaro Gómez Hurtado había sido de Estado. Y alcanzó a indicar que del hecho conocía el entonces presidente de la República, Ernesto Samper Pizano. Por ser prófugo de la justicia, a causa de sus crímenes, de antemano pidió rebaja de penas para profundizar en el asunto, sin éxito y pese a que se anunció una delegación de la Fiscalía para indagarlo en México.
Pocos días antes, el narcotraficante alias 'Rasguño', como paso previo a su extradición a Estados Unidos, había dicho por igual que el asesinato del doctor Gómez se había fraguado en gentes del Valle del Cauca y que un reconocido político de la zona dijo que habían convencido a narcotraficantes del área para llevarlo a cabo.
De esto no hace sino unos meses, pero en ambos casos la justicia ha permanecido silente.
Conocido que el ministro del Interior y de Justicia, Carlos Holguín Sardi, tiene estirpe "alvarista", y que hizo su carrera bajo esa cauda, y que también el fiscal general de la Nación, Mario Iguarán, tiene origen conservador, existe allí una gigantesca oportunidad para que entre ambos conformen un comité que impida que el magnicidio naufrague en la impunidad. Si en buena hora se han adelantado eficazmente los casos de Galán y el Palacio de Justicia, en la misma proporción la justicia debe proceder en referencia al doctor Gómez.