Operación Jaque
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Fue un
operativo militar de inteligencia de las Fuerzas Militares de Colombia que
permitió la liberación de 15 secuestrados en poder de las Farc.
Los
responsables de la que será recordada como la hazaña militar más grande de la
historia reciente del país fueron miembros de un destacamento de fuerzas
especiales y de Inteligencia del Ejército que actuaron con la paciencia y la
destreza de un jugador de ajedrez para sacar adelante una misión bautizada con
el nombre de Jaque.
Se comenzó a
gestar hace 13 meses, con la fuga del subintendente de la Policía John Frank
Pinchao de la zona en que se encontraba cautivo en el departamento del
Guaviare. Pinchao entregó sólida información tras ocho años secuestro, además
de la experiencia de la Fuerza Pública en la zona, se empezó a recaudar
información minuciosa sobre el influjo de las Farc y la manera como los
guerrilleros se movilizaban con sus secuestrados.
El primero
de junio el general Mario Montoya, Comandante del Ejército, un domingo, recibió
a tres de sus hombres de inteligencia quienes llevaban un mes planeando el
rescate de Íngrid Betancourt, los tres estadounidenses y un grupo de militares
y policías que estaban plenamente ubicados en las selvas del Guaviare. Montoya en
la sala de inteligencia del Comando General, expuso el plan a su jefe, el
general Freddy Padilla de León, Comandante de las Fuerzas Militares. Del
asombro y la desconfianza, tras las explicaciones de los oficiales, se pasó a
la expectativa. El general Padilla lo aprobó y luego se lo presentó al ministro
Juan Manuel Santos. Con el visto bueno del Presidente, el grupo ya seleccionado
de militares empezó una concentración.
Se decidió
que la operación necesitaría un grupo de 13 personas: cuatro tripulantes del
helicóptero, cinco supuestos delegados de la misión humanitaria, un médico, un
enfermero y un falso equipo periodístico integrado por camarógrafo y
periodista. "Inicialmente no contemplamos mujeres en el grupo, pero
revisamos los videos de las liberaciones unilaterales de enero y febrero y
siempre hubo una. Eso les daría confianza. El alto mando determinó que la
mayoría de hombres tenían que ser de inteligencia militar y que no irían armas
dentro del helicóptero, porque la guerrilla podía hacer requisa y todo se iría
a pique. Íbamos armados de valor y fe", dice el hombre, que aún se
emociona con el relato.
"Por lo
general, las misiones humanitarias tienen europeos y en esta en especial
queríamos dejar la sensación a las Farc de que entendíamos su postura frente al
conflicto, por eso dos de los hombres llevaron camisetas del Che Guevara. El
médico, que en realidad era un médico militar y la enfermera (una de las más
destacadas agentes de inteligencia) también recibieron una instrucción especial
de cómo comportarse".
Dos del
grupo eran comandos altamente entrenados para el combate y con especialidad
también en inteligencia militar.
"Aquí
no valía el arma que lleváramos o la destreza para disparar sino el feeling que
tuviéramos para convencer a los guerrilleros, sobre todo a "César", de que
éramos en realidad de una misión humanitaria. También diseñamos unos logos para
los chalecos que llevaban los de la misión y los supuestos periodistas".
"Entramos en
un acuartelamiento de primer grado. Lo primero que hicimos fue una promesa de
honor de mantener bajo reserva toda la operación y la bautizamos Jaque. Al
mismo tiempo arrancamos las clases de teatro." Cada uno, como en una obra,
recibió su papel.
Con el
correr de los días, las Fuerzas Militares concluyeron que las Farc desplegaban
su accionar en la zona rural del municipio de Tomachipán, un pequeño pueblo
enclavado en las selvas del Guaviare, distante 160 kilómetros de San José del
Guaviare. Además verificaron que para sus desplazamientos utilizaban
principalmente los ríos Guaviare, Apaporis e Inírida, y que sus redes de
contactos se desplegaban hasta las poblaciones de Miraflores, La Paz y El
Retorno. Un reconocimiento de terreno que le permitió replantear sus
estrategias.
Las
continuas operaciones militares permitieron a las Fuerzas Militares poner en
ejecución su operación de inteligencia. Ya conocían los pasos esenciales de los
frentes 1° y 7° del Bloque Oriental de las Farc, y sabía además que esta
máquina de guerra de 25 destacamentos u ocho columnas móviles estaba comandada
por alias "Gerardo" y Antonio Aguilar Ramírez, alias "César", un curtido
guerrillero encargado de movilizar a los subversivos. Este último era el
objetivo de la infiltración militar.
Para eso
contaron con el apoyo de un guerrillero que inicialmente había desertado pero
que, luego, con el respaldo del Ejército, regresó a sus viejas filas para
trabajar como infiltrado.
Se aprovechó del miedo a "salir a
la radio", que persigue a los frentes de las Farc desde los bombardeos que
acabaron con "Acacio" y "Raúl Reyes", fue fundamental. En la zona del Meta
donde supuestamente está el "Mono Jojoy" hubo una intensa actividad militar,
precisamente para evitar que el jefe de "César" pudiera comunicarse con su jefe
y estropear el plan.
En el Guaviare uno de los
infiltrados hacía una travesía para llegar hasta el campamento de "César" y
entregarle el supuesto mensaje de "Alfonso Cano"", máximo jefe de las Farc.
Allí, cerca de la reserva natural
de Tomachipán, oriente del corregimiento de La Paz, el jefe guerrillero
esperaba al emisario del secretariado, el mismo correo humano que semanas atrás
le había entregado a "César" la supuesta razón del "Mono Jojoy" según la cual
"habían logrado hacer un extraordinario contacto con una organización
humanitaria de uno de los países europeos amigos".
El correo humano, que en verdad
era un militar que se infiltró con otro compañero, llegó la tercera semana de
junio con el supuesto visto bueno de "Cano". Para simular que en verdad había
conversado con los líderes guerrilleros, tardaba en llegar al campamento de "César"
la cantidad de días que por lo general se toman los verdaderos emisarios de las
Farc en entregar mensajes.
El mensaje fue que el le parecía un gran gesto de los países amigos hacer esa
gestión para llevar a los secuestrados hasta su campamento y que eso abriría
una puerta para el intercambio humanitario y la libertad de "Sonia" y "Simón". Y
que se debía hacer, con todas las garantías y medidas de seguridad".
Se le hizo
creer a "César" que la misión internacional llegaría en helicópteros rusos MI
17 pintados de rojo y blanco y similares a los enviados por el presidente
venezolano Hugo Chávez para apoyar el trafico de secuestrados con fines políticos de la senadora Piedad Córdoba en enero y febrero
pasado. Mientras tanto, el Ejército alistó en la base de Tolemaida, en Melgar
(Tolima), dos naves que cumplirían las características descritas. El
Ejército aprovechó los anuncios sobre una supuesta visita de emisarios de
Francia y Suiza que buscaría contacto con "Cano" para conseguir que los
helicópteros volaran sin problemas en zonas de influencia guerrillera. El
supuesto "Cano" le pidió a "César" que acompañara a los secuestrados para
garantizar la seguridad del grupo. A las 5:00 a.m. del miércoles, los
guerrilleros les dijeron a los secuestrados que recogieran sus pertenencias
porque serían trasladados a otro lugar, pero no les aclararon cómo ni a dónde.
Al promediar la mañana, un guerrillero conocido con el alias de "Asprilla" les
dijo a los secuestrados que estaba a punto de llegar un helicóptero en el que
viajarían a otro lugar para encontrarse con un comandante de las Farc, al
parecer "Alfonso Cano".
"César" ya tenía el mensaje,
ahora tenía que ejecutar la supuesta orden de "Cano". Para ese momento ya había
empezado el movimiento de uno de los grupos de secuestrados, en el que estaban
los estadounidenses Marc Gonsalves, Thomas Howes y Keith Stansell.
Posteriormente arrancó el desplazamiento de los demás.
Las fuerzas especiales del
Ejército llegaron al sitio acordado a bordo de un helicóptero MI 17 de
fabricación rusa, previamente pintado de blanco, sin ninguna clase de
insignias, en el cual se haría el traslado. Los militares llegaron disfrazados
de personal de una ONG inexistente, totalmente desarmados y lograron la
confianza de los subversivos, quienes permitieron a los secuestrados abordar la
nave. Con ellos abordaron la nave, alias "César" y alias "Enrique Gafas", su
segundo.
La ex candidata presidencial
Ingrid Betancourt relató así el arribo de los militares: "llegaron los
helicópteros y salieron personajes surrealistas. Señores con logos que los
certificaban ser delegados de no se qué cosa. Miraba y pensaba: ¿Y estos qué
comitiva internacional... será que nos van a poner de payasos en otro circo?".
El
comandante de las Fuerzas Militares, general Freddy Padilla de León aportó
otros detalles: el embarque de los secuestrados y de los dos jefes guerrilleros
tardó 22 minutos y 13 segundos. Era tal la confianza de los guerrilleros en los
ocupantes del helicóptero que uno a uno los cautivos fueron amarrados o
esposados antes de que abordaran el aparato. Esa era la forma de crear
confianza al grupo de secuestradores. La misma ex candidata Ingrid Betancourt
resaltó en su recuento de la liberación que miró más de cerca a los hombres del
helicóptero y tenían camisetas del Che Guevara y pensé: eso es de las
Farc, no es de salud, no es nada".
En otras
palabras, los secuestrados y los guerrilleros esperaban una brigada
internacional de salud o misión semejante. Eso sí, el presidente de la
República Álvaro Uribe Vélez advirtió que en ningún caso se utilizaron
insignias internacionales de organismos humanitarios. "Ni de la Comisión
Internacional de la Cruz Roja ni de otro organismo internacional de asistencia
humanitaria", agregó el comandante del Ejército, general Mario Montoya. Y luego
añadió enfático: "Toda la operación se hizo con el conocimiento de las Farc".
En otras palabras, gracias a la infiltración del Ejército. "Aún tenemos gente
en el monte", puntualizó el oficial de las Fuerzas Militares.
Y no era un
solo helicóptero, eran dos. Pero el segundo no tuvo que intervenir porque la
operación, una vez logró tomar vuelo el primer aparato, tuvo un rápido
desenlace. A través de claves previamente acordadas, el piloto y copiloto de la
aeronave tenían comunicación con personal del Ejército en tierra. Si algo
llegaba a fallar debía intervenir el segundo helicóptero. No obstante, cuando
la aeronave alcanzaba los 2.500 pies de altura vino otra labor de extremo
tacto: desarmar al jefe guerrillero que viajaba como responsable del traslado
de los cautivos. Y no podía hacerse de manera violenta sino a través de la persuasión,
para evitar un fatal desenlace.
Entonces el
oficial de las Fuerzas Armadas que fungía como jefe de la misión, logró
convencer a alias César que, dada la respetabilidad de la misión y de las
personalidades en ella involucradas, no era viable que se accediera armado a la
zona de desembarque de los cautivos. Finalmente el jefe guerrillero aceptó el
desarme y cuando depuso su fusil, los demás integrantes de la fuerza pública
entraron en acción y rápidamente redujeron a los dos guerrilleros. Ese en ese momento
en que los cautivos y particularmente Ingrid Betancourt, le oyen decir a los
ocupantes de la aeronave: "Somos del Ejército Nacional y ustedes están libres".
La incruenta
acción militar desarrollada en las selvas del sur del país no deja duda de que si
la muerte de "Raúl Reyes", la ejecución a mano por uno de sus hombres de "Iván
Ríos", el deceso de "Tirofijo" -ocurridas en marzo pasado-, y la deserción de
más de 3.000 de sus combatientes en menos de un año, mostraban que el proceso
de deterioro interno de las Farc era inocultable, este nuevo episodio será
recordado como el día en que quedó sellado para siempre el futuro político y
militar del grupo rebelde más viejo del mundo.
Los que Quedaron
Son 25 los
rehenes políticos que aún permanecen secuestrados por las guerrillas de las
FARC. Esto no incluye los más de setecientos secuestrados con fines de
extorsión económica. Entre los captivos políticos se encuentran:
El coronel
Luis Mendieta, cuya estremecedora carta, divulgada en enero pasado, dejó frío a
todo el que conoció su contenido.
El mayor de
la Policía Enrique Murillo Sánchez, quien llegó a Mitú en 1997 y un año después
fue testigo y víctima de una toma sangrienta realizada por unos 1.200
hombres las Farc, los cuales, el primero de noviembre, sitiaron la capital de
Vaupés durante tres días.
Elkin
Hernández Rivas, un teniente de la Policía que fue secuestrado junto con el
mayor Édgar Yesid Duarte, de la misma institución, el 14 de octubre de 1998 en
la vía de Paujil a Florencia (Caquetá).
Luis Alfonso
Beltrán, un sargento del Ejército que fue plagiado en la toma de El
Billar (Caquetá), el 3 de marzo de 1998.
¿Qué pasará
con los 22 integrantes de la Fuerza Pública y tres civiles (Alan Jara,
Óscar Tulio Lizcano y Sigifredo López) que aún permanecen en cautiverio? ¿Cuál
será su destino?
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