Colombia, 18 de Junio de 2013
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Operación

Operación Jaque

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Fue un operativo militar de inteligencia de las Fuerzas Militares de Colombia que permitió  la liberación de 15 secuestrados en poder de las Farc.

Los responsables de la que será recordada como la hazaña militar más grande de la historia reciente del país fueron miembros de un destacamento de fuerzas especiales y de Inteligencia del Ejército que actuaron con la paciencia y la destreza de un jugador de ajedrez para sacar adelante una misión bautizada con el nombre de Jaque.

Se comenzó a gestar hace 13 meses, con la fuga del subintendente de la Policía John Frank Pinchao de la zona en que se encontraba cautivo en el departamento del Guaviare. Pinchao entregó sólida información tras ocho años secuestro, además de la experiencia de la Fuerza Pública en la zona, se empezó a recaudar información minuciosa sobre el influjo de las Farc y la manera como los guerrilleros se movilizaban con sus secuestrados.

El primero de junio el general Mario Montoya, Comandante del Ejército, un domingo, recibió a tres de sus hombres de inteligencia quienes llevaban un mes planeando el rescate de Íngrid Betancourt, los tres estadounidenses y un grupo de militares y policías que estaban plenamente ubicados en las selvas del Guaviare. Montoya en la sala de inteligencia del Comando General, expuso el plan a su jefe, el general Freddy Padilla de León, Comandante de las Fuerzas Militares. Del asombro y la desconfianza, tras las explicaciones de los oficiales, se pasó a la expectativa. El general Padilla lo aprobó y luego se lo presentó al ministro Juan Manuel Santos. Con el visto bueno del Presidente, el grupo ya seleccionado de militares empezó una concentración.

Se decidió que la operación necesitaría un grupo de 13 personas: cuatro tripulantes del helicóptero, cinco supuestos delegados de la misión humanitaria, un médico, un enfermero y un falso equipo periodístico integrado por camarógrafo y periodista. "Inicialmente no contemplamos mujeres en el grupo, pero revisamos los videos de las liberaciones unilaterales de enero y febrero y siempre hubo una. Eso les daría confianza. El alto mando determinó que la mayoría de hombres tenían que ser de inteligencia militar y que no irían armas dentro del helicóptero, porque la guerrilla podía hacer requisa y todo se iría a pique. Íbamos armados de valor y fe", dice el hombre, que aún se emociona con el relato.

"Por lo general, las misiones humanitarias tienen europeos y en esta en especial queríamos dejar la sensación a las Farc de que entendíamos su postura frente al conflicto, por eso dos de los hombres llevaron camisetas del Che Guevara. El médico, que en realidad era un médico militar y la enfermera (una de las más destacadas agentes de inteligencia) también recibieron una instrucción especial de cómo comportarse".

Dos del grupo eran comandos altamente entrenados para el combate y con especialidad también en inteligencia militar.

"Aquí no valía el arma que lleváramos o la destreza para disparar sino el feeling que tuviéramos para convencer a los guerrilleros, sobre todo a "César", de que éramos en realidad de una misión humanitaria. También diseñamos unos logos para los chalecos que llevaban los de la misión y los supuestos periodistas".

"Entramos en un acuartelamiento de primer grado. Lo primero que hicimos fue una promesa de honor de mantener bajo reserva toda la operación y la bautizamos Jaque. Al mismo tiempo arrancamos las clases de teatro." Cada uno, como en una obra, recibió su papel.

Con el correr de los días, las Fuerzas Militares concluyeron que las Farc desplegaban su accionar en la zona rural del municipio de Tomachipán, un pequeño pueblo enclavado en las selvas del Guaviare, distante 160 kilómetros de San José del Guaviare. Además verificaron que para sus desplazamientos utilizaban principalmente los ríos Guaviare, Apaporis e Inírida, y que sus redes de contactos se desplegaban hasta las poblaciones de Miraflores, La Paz y El Retorno. Un reconocimiento de terreno que le permitió replantear sus estrategias.

Las continuas operaciones militares permitieron a las Fuerzas Militares poner en ejecución su operación de inteligencia. Ya conocían los pasos esenciales de los frentes 1° y 7° del Bloque Oriental de las Farc, y sabía además que esta máquina de guerra de 25 destacamentos u ocho columnas móviles estaba comandada por alias "Gerardo" y Antonio Aguilar Ramírez, alias "César", un curtido guerrillero encargado de movilizar a los subversivos. Este último era el objetivo de la infiltración militar.

Para eso contaron con el apoyo de un guerrillero que inicialmente había desertado pero que, luego, con el respaldo del Ejército, regresó a sus viejas filas para trabajar como infiltrado.

Se aprovechó del miedo a "salir a la radio", que persigue a los frentes de las Farc desde los bombardeos que acabaron con "Acacio" y "Raúl Reyes", fue fundamental. En la zona del Meta donde supuestamente está el "Mono Jojoy" hubo una intensa actividad militar, precisamente para evitar que el jefe de "César" pudiera comunicarse con su jefe y estropear el plan.

En el Guaviare uno de los infiltrados hacía una travesía para llegar hasta el campamento de "César" y entregarle el supuesto mensaje de "Alfonso Cano"", máximo jefe de las Farc.

Allí, cerca de la reserva natural de Tomachipán, oriente del corregimiento de La Paz, el jefe guerrillero esperaba al emisario del secretariado, el mismo correo humano que semanas atrás le había entregado a "César" la supuesta razón del "Mono Jojoy" según la cual "habían logrado hacer un extraordinario contacto con una organización humanitaria de uno de los países europeos amigos".

El correo humano, que en verdad era un militar que se infiltró con otro compañero, llegó la tercera semana de junio con el supuesto visto bueno de "Cano". Para simular que en verdad había conversado con los líderes guerrilleros, tardaba en llegar al campamento de "César" la cantidad de días que por lo general se toman los verdaderos emisarios de las Farc en entregar mensajes.

El mensaje fue que el le parecía un gran gesto de los países amigos hacer esa gestión para llevar a los secuestrados hasta su campamento y que eso abriría una puerta para el intercambio humanitario y la libertad de "Sonia" y "Simón". Y que se debía hacer, con todas las garantías y medidas de seguridad".

Se le hizo creer a "César" que la misión internacional llegaría en helicópteros rusos MI 17 pintados de rojo y blanco y similares a los enviados por el presidente venezolano Hugo Chávez para apoyar el trafico de secuestrados con fines políticos de la senadora Piedad Córdoba en enero y febrero pasado. Mientras tanto, el Ejército alistó en la base de Tolemaida, en Melgar (Tolima),  dos naves que cumplirían las características descritas. El Ejército aprovechó los anuncios sobre una supuesta visita de emisarios de Francia y Suiza que buscaría contacto con "Cano" para conseguir que los helicópteros volaran sin problemas en zonas de influencia guerrillera. El supuesto "Cano" le pidió a "César" que acompañara a los secuestrados para garantizar la seguridad del grupo. A las 5:00 a.m. del miércoles, los guerrilleros les dijeron a los secuestrados que recogieran sus pertenencias porque serían trasladados a otro lugar, pero no les aclararon cómo ni a dónde. Al promediar la mañana, un guerrillero conocido con el alias de "Asprilla" les dijo a los secuestrados que estaba a punto de llegar un helicóptero en el que viajarían a otro lugar para encontrarse con un comandante de las Farc, al parecer "Alfonso Cano".

"César" ya tenía el mensaje, ahora tenía que ejecutar la supuesta orden de "Cano". Para ese momento ya había empezado el movimiento de uno de los grupos de secuestrados, en el que estaban los estadounidenses Marc Gonsalves, Thomas Howes y Keith Stansell. Posteriormente arrancó el desplazamiento de los demás.

Las fuerzas especiales del Ejército llegaron al sitio acordado a bordo de un helicóptero MI 17 de fabricación rusa, previamente pintado de blanco, sin ninguna clase de insignias, en el cual se haría el traslado. Los militares llegaron disfrazados de personal de una ONG inexistente, totalmente desarmados y lograron la confianza de los subversivos, quienes permitieron a los secuestrados abordar la nave. Con ellos abordaron la nave, alias "César" y alias "Enrique Gafas", su segundo.

La ex candidata presidencial Ingrid Betancourt relató así el arribo de los militares: "llegaron los helicópteros y salieron personajes surrealistas. Señores con logos que los certificaban ser delegados de no se qué cosa. Miraba y pensaba: ¿Y estos qué comitiva internacional... será que nos van a poner de payasos en otro circo?".

El comandante de las Fuerzas Militares, general Freddy Padilla de León aportó otros detalles: el embarque de los secuestrados y de los dos jefes guerrilleros tardó 22 minutos y 13 segundos. Era tal la confianza de los guerrilleros en los ocupantes del helicóptero que uno a uno los cautivos fueron amarrados o esposados antes de que abordaran el aparato. Esa era la forma de crear confianza al grupo de secuestradores. La misma ex candidata Ingrid Betancourt resaltó en su recuento de la liberación que miró más de cerca a los hombres del helicóptero y tenían camisetas del Che Guevara  y pensé: eso es de las Farc, no es de salud, no es nada".     

En otras palabras, los secuestrados y los guerrilleros esperaban una brigada internacional de salud o misión semejante. Eso sí, el presidente de la República Álvaro Uribe Vélez advirtió que en ningún caso se utilizaron insignias internacionales de organismos  humanitarios. "Ni de la Comisión Internacional de la Cruz Roja ni de otro organismo internacional de asistencia humanitaria", agregó el comandante del Ejército, general Mario Montoya. Y luego añadió enfático: "Toda la operación se hizo con el conocimiento de las Farc". En otras palabras, gracias a la infiltración del Ejército. "Aún tenemos gente en el monte", puntualizó el oficial de las Fuerzas Militares. 

Y no era un solo helicóptero, eran dos. Pero el segundo no tuvo que intervenir porque la operación, una vez logró tomar vuelo el primer aparato, tuvo un rápido desenlace. A través de claves previamente acordadas, el piloto y copiloto de la aeronave tenían comunicación con personal del Ejército en tierra. Si algo llegaba a fallar debía intervenir el segundo helicóptero. No obstante, cuando la aeronave alcanzaba los 2.500 pies de altura vino otra labor de extremo tacto: desarmar al jefe guerrillero que viajaba como responsable del traslado de los cautivos. Y no podía hacerse de manera violenta sino a través de la persuasión, para evitar un fatal desenlace.

Entonces el oficial de las Fuerzas Armadas que fungía como jefe de la misión, logró convencer a alias César que, dada la respetabilidad de la misión y de las personalidades en ella involucradas, no era viable que se accediera armado a la zona de desembarque de los cautivos. Finalmente el jefe guerrillero aceptó el desarme y cuando depuso su fusil, los demás integrantes de la fuerza pública entraron en acción y rápidamente redujeron a los dos guerrilleros. Ese en ese momento en que los cautivos y particularmente Ingrid Betancourt, le oyen decir a los ocupantes de la aeronave: "Somos del Ejército Nacional y ustedes están libres".

La incruenta acción militar desarrollada en las selvas del sur del país no deja duda de que si la muerte de "Raúl Reyes", la ejecución a mano por uno de sus hombres de "Iván Ríos", el deceso de "Tirofijo" -ocurridas en marzo pasado-, y la deserción de más de 3.000 de sus combatientes en menos de un año, mostraban que el proceso de deterioro interno de las Farc era inocultable, este nuevo episodio será recordado como el día en que quedó sellado para siempre el futuro político y militar del grupo rebelde más viejo del mundo.

Los que Quedaron

Son 25 los rehenes políticos que aún permanecen secuestrados por las guerrillas de las FARC. Esto no incluye los más de setecientos secuestrados con fines de extorsión económica. Entre los captivos políticos se encuentran:

El coronel Luis Mendieta, cuya estremecedora carta, divulgada en enero pasado, dejó frío a todo el que conoció su contenido.

El mayor de la Policía Enrique Murillo Sánchez, quien llegó a Mitú en 1997 y un año después fue testigo y víctima de una toma  sangrienta realizada por unos 1.200 hombres las Farc, los cuales, el primero de noviembre, sitiaron la capital de Vaupés  durante tres días. 

Elkin Hernández Rivas, un teniente de la Policía que fue secuestrado junto con el mayor Édgar Yesid Duarte, de la misma institución, el 14 de octubre de 1998 en la vía de Paujil a Florencia (Caquetá).

Luis Alfonso Beltrán, un sargento  del Ejército que fue plagiado en la toma de El Billar (Caquetá), el 3 de marzo de 1998.

¿Qué pasará con  los 22 integrantes de la Fuerza Pública y tres civiles (Alan Jara, Óscar Tulio Lizcano y Sigifredo López) que aún permanecen en cautiverio? ¿Cuál será su destino?

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